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nº 35 Abril 2011

navidad
ARTÍCULOS

david hernandezEs que yo soy así...
DAVID HERNÁNDEZ,
director de You, Coach!

david@newsyoucoach.com


Es que yo soy así, y no tengo voluntad. Y ahí se sentencia y termina el debate. Ocurre cuando nos cuestionamos a nivel de identidad: Yo soy X, Yo no soy X. El mensaje que está detrás es fácil de entender: No voy a poder cambiar. Un ejemplo, supongamos que menciono esta frase: Soy español. Es fácil  entender que moriré siendo español, ya que es parte consustancial de mi persona, es mi identidad. Incluso podré adquirir otra nacionalidad, pero siempre seguiré siendo además de nacional de este país, español.

Cuando me identifico con algo, lo hago parte de mí, es decir, lo hago partícipe de mi identidad y entonces es cuando se dificulta el cambio, ya que para modificar ese atributo debería hacer el mayor de los cambios: el de mi identidad, el ¿quién soy? Pareciera que tratar de cambiar mi identidad sería algo complicado a priori y en cierta forma “contra natura”.

Esta forma de hablar nos sirve de excusa perfecta para seguir en el mismo punto de partida: Como soy así y no tengo voluntad para estudiar no estudio, como no tengo voluntad para mantener la casa ordenada no lo hago… y así un largo etcétera…. Nos confiamos a dos tipos de milagros: que una fuerza de fuera nos de la motivación o la voluntad que nos falta o  que en una próxima reencarnación nazcamos con el don de la voluntad. Así de simple y extremo.

Frente al planteamiento “identitario”: Soy una persona sin voluntad, existe la opción (increíblemente más útil) de pensar que en realidad, lo que ocurre es que no me motivo de forma útil para hacer tal o cual cosa.  La pregunta   a formular entonces no sería ¿por qué no tienes voluntad para estudiar?, sino por ejemplo ¿de qué forma te desmotivas para no hacer ejercicio, estudiar, etc..?, ¿de qué forma podrías motivarte? Desde la perspectiva de la PNL podríamos encontrar la solución a esta desmotivación en el conjuntos de imágenes, sonidos y sensaciones que anticipamos en nuestro cerebro a la hora de ir al gimnasio, dejar de fumar, aprender inglés, etc.. Me imagino cansado, sufriendo, sin lograr lo que consigo… ¡Caray!, mejor me quedo como estoy. ¿Cómo podrías hacer para motivarte? La respuesta parece sencilla: cambiando el repertorio de imágenes, sensaciones, y sonidos que se cruzan por mi mente al plantear hacer tal o cual acción. Y si me visualizo dentro de unos meses con un físico mejor, una salud de hierro o comunicándome con personas en inglés, ¿no me motivaría más? Si me centro en los resultados y los beneficios más que en los obstáculos el poder motivacional será mayor. ¿Estoy condenado a ser una persona sin voluntad toda la vida? ¿Puedo hacer algo por cambiar el “destino” al que yo mismo me he condenado?

Otra vuelta de tuerca más: Si conecto esta acción (aprender inglés, ir al gimnasio, dejar de fumar, etc..) con mis valores e inquietudes (con el ejercicio físico estaré atendiendo mi valor SALUD a igual que con dejar de fumar, Aprendiendo inglés me estaré abriendo a VIAJAR, y CONOCER gente de otras culturas) estaré incrementado mi fuerza motivacional.

¡Pero claro!: todo esto exige movilizarnos, asumir la responsabilidad de nuestras vidas, y un gran esfuerzo, al menos el inicial para romper la inercia. Siempre será una tentación zanjar abruptamente el debate conformándonos con este “nivel” de vida y pronunciar nuestro discurso favorito: Es que yo soy así.

 

nandaLa importancia de perseverar
Mª Fernanda Ocón Galmés,  Psicóloga y Coach certificada por Iesec Human.
Mafe_ga@hotmail.com

Hace tiempo volví a reencontrarme con algo que dijo Donald Kendall, fundador de Pepsi Cola, “El único lugar donde el éxito viene antes que el trabajo es en el diccionario”. Esta frase, para algunos puede ser un eslogan, pero recuerda que para conseguir aquello que te propones y planteas (éxito) realmente hay que esforzarse (trabajo).

Muchas personas consideran que aquellas otras que han tenido éxito en su vida ha sido por: un “golpe de suerte” (y no me refiero a que a alguien le toque la lotería o gane un concurso) sino al hecho de que fortuitamente se han dado las circunstancias propicias para conseguir algo; o bien porque ya disponían de unas “bases previas” que facilitaban y garantizaban ese éxito.

Los “golpes de suerte” pueden existir ¿Por qué no? Pero para verlos y distinguirlos hay que estar muy atentos a lo que pasa. Cuando una persona está enfocada en aquello que quiere conseguir es más consciente de lo que está sucediendo a su alrededor y percibe tanto lo que puede representar una  posibilidad como lo que puede ser o suponer un obstáculo. Si caer en la cuenta es un requisito importante, la forma de responder ante los hechos o informaciones es determinante.
 
Es bastante habitual, que las personas al encontrarse ante aquello que pueden considerarse un obstáculo  tiendan a optar por la vía más fácil, abandonar. En contraposición, hay otros que ante la adversidad intentan aprender de la misma, reajustar sus planteamientos y recursos y perseverar. Este proceso de enfoque, acción, respuesta, reajuste…. precisa de flexibilidad (de acción y pensamiento) implicación y esfuerzo por nuestra parte. Un claro ejemplo de este tipo de comportamiento sería el que Thomas Edison desarrollo a lo largo de su vida, si bien es reconocido por sus descubrimientos, algunos de ellos tuvieron sus puntos de partida en experimentos que otros habían dejado a medio camino.

Siguiendo con el otro planteamiento inicial al que aludía, de que contar con unas “bases previas” facilita o garantiza el éxito, me gustaría plantear una pregunta ¿Cuántos casos conocemos que aún teniendo aparentemente los elementos o condiciones necesarios (que podríamos llamar favorables) no han conseguido tener éxito? Yo particularmente recuerdo bastantes, y no sólo no lo han conseguido, sino que además en bastantes de los casos han desperdiciado y perdido esas condiciones iniciales.

Bajo esta reflexión, entiendo que las expectativas de éxito no deben ir asociadas a golpes de suerte o aspectos favorables de base,  no son requisitos absolutos o válidos para garantizar la posibilidad de éxito de una persona. La posibilidad radica principalmente en nosotros mismos, en el grado de compromiso y esfuerzo. La forma de responder ante los errores, la manera de manejar la frustración, la capacidad de flexibilidad y nuestra disposición a desaprender y aprender, respecto a aquello que está sucediendo, son aspectos claves.

Es importante responsabilizarnos y tener presente que las cosas ocurren porque hacemos algo, en un sentido u otro.


 

Moisés BermudezEl síndrome de Burnout
LETICIA NÚÑEZ, Coordinadora de You Coach!
Diplomada en Relaciones Laborales y Máster en Dirección Estratégica de Recursos Humanos

leticia@newsyoucoach.com

Ya no puedo más, ¡estoy quemado/a! Seguro que alguna vez habrás escuchado esa expresión, o lo que es peor, habrá salido de ti mismo. Es la manera coloquial de expresar un padecimiento o sensación de estrés prolongado con motivo de factores emocionales e interpersonales que se presentan en el trabajo y cuyas consecuencias para la salud pueden llegar a ser graves si se lleva al extremo. Esto es el Síndrome de Burnout”.

Todos estamos expuestos a sufrirlo. No se reduce a un pequeño grupo u persona con una personalidad determinada. Cierto es que los docentes y enfermeros se llevan la palma, y la explicación puede encontrarse en el hecho de que son profesiones con mayor interacción social, con amplios horarios de trabajo y que anteponen muchas veces su vida profesional a la personal dada las repercusiones que su trabajo puede tener en terceros. En general, todas las personas con una profesión donde el nivel de exigencia es alto, tienen gran posibilidad de desgaste.

Y es que a mi entender, esta es la sociedad del desgaste, y no porque el burnout haya aparecido ahora, ni mucho menos, pero si ha aumentado el porcentaje de afectados en los últimos años y los síntomas físicos y emocionales cada vez son más: depresión, insomnio, pérdida de empatía, deterioro en las relaciones interpersonales, ineficacia, desmotivación, agotamiento…un largo etcétera. Y es que, ¿a quién no le ha pasado alguna vez eso de levantarse por la mañana y sentirse ya cansado?, o de camino al trabajo darle vueltas a la cabeza y pensar que detestas ese trabajo que haces, el lugar donde ejerces tu profesión, las personas con las que debes relacionarte…

Entra aquí el “juego” del clima laboral, al que supuestamente todo el mundo sabe jugar pero nadie pone empeño para ganar, es decir, que todos sabemos que en el trabajo es mejor llevarse bien con los compañeros, compartir tareas, poder solicitar o prestar ayuda, evitar conflictos…bonito pero irreal. Se conocen esas reglas del juego pero pocos las aplican para conseguir un resultado óptimo:

(Mayor satisfacción = Aumento de productividad)

La respuesta a ese comportamiento puede ser el desgaste que comentaba anteriormente. Es difícil poner empeño y más ahora con la crisis que casi cualquier trabajo vale y solo interesa asegurarse un puesto y un sueldo a final de mes para “ir tirando”. Lo demás queda en segundo plano.

Lo importante es quedarse con la idea de que el Burnout no es el acabóse, se puede tratar y superar, aunque como siempre “más vale prevenir que curar”.

 

sabrina marreroDar sin recibir nada a cambio.
SABRINA MARRERO, Diplomada en Relaciones Laborales y estudiante de Psicología.

marrero.gonzalez@gmail.com

 

En España alrededor de cuatro millones de personas colaboran de forma voluntaria con organizaciones sin ánimo de lucro que desarrollan, entre otras, actividades culturales, deportivas o con fines de integración de personas en situación de exclusión social o en riesgo de estarlo. Los voluntarios y voluntarias dedican parte de su tiempo libre sin recibir una remuneración ni ningún otro tipo de compensación económica a cambio. Entonces, ¿qué es lo que les motiva a hacerlo?

Como no hay un interés económico, las razones para desempeñar un trabajo voluntario obedecen a cuestiones de índole más personal. Hay personas a quienes les mueven sus convicciones religiosas o morales, para otras es una manera de aumentar sus relaciones personales en círculos con intereses y valores similares a los suyos y hay quienes lo perciben como una forma de acceder al mercado de trabajo o no desvincularse del todo después de la jubilación. Incluso, para aquellas personas que primero fueron beneficiarias de este trabajo, se trata de devolver el apoyo que recibieron en su día. Pero si hay un motivo en el que todos coinciden es en el deseo de hacer algo útil para los demás, para la humanidad.
Es en esta última razón donde la persona experimenta el mayor de los beneficios que puede aportar el trabajo voluntario: el crecimiento personal. Este desarrollo de la persona se fundamenta en dos ejes:

Por una parte, se produce un despertar hacia una toma de conciencia de la realidad que nos rodea y del papel que cada uno puede jugar en ella. Se deja de percibir el mundo como algo que dirigen otros, ajeno a nuestros actos y nuestras decisiones, para ponerle cara y nombre a las situaciones de injusticia y sentirlos como propios. Esto se expande al resto de facetas de la vida, ya que obliga a salir del rol de víctima para mantener una actitud luchadora. El cambio es tal que muchos lo describen como una transformación total en la forma de pensar y sentir: el abandono del conformismo por una postura crítica y de responsabilidad frente al mundo.

Tan importante como lo anterior es que al desarrollar acciones de voluntariado se aprende a dar sin recibir nada a cambio. Dejar de instrumentalizar nuestras relaciones con los demás permite llegar a conocer mejor a las otras personas y a sí mismo.

Por un lado, al identificarnos con el que sufre desarrollamos el deseo de ayudarlo, eliminando dicho sufrimiento y sus causas. Esta emoción, la compasión, suaviza nuestra individualidad y nos hace conscientes de la interdependencia que existe entre todos los seres humanos, ya que no podemos sentirla como personas aisladas sino que nace de la relación con el otro.

En el plano individual, el voluntariado nos dota de una identidad, al ofrecernos una dirección, una meta y un rol dentro de un grupo social. Si el trabajo remunerado que desempeña la persona no es capaz de ofrecer estos factores de manera satisfactoria, el rol de voluntario se convierte en central en la autoimagen de la persona. Además, es un refuerzo de la autoestima y del concepto de autoeficacia, ya que ofrece la posibilidad de poner en práctica y ampliar las distintas habilidades, capacidades y potencialidades de cada uno.

Así, el voluntariado no sólo genera un bien a la sociedad, contribuyendo a eliminar situaciones de injusticia y apoyando a los que son víctimas de ellas, sino que marca una diferencia en las personas que lo desarrollan. El altruismo que nace de la compasión es una fuente de felicidad, un potente antídoto contra los sentimientos de depresión, miedo e ira.

 

sabrina marreroEl mundo pide a gritos un cambio.
JAVIER MARTÍN HERNÁNDEZ.
Estudiante de Administración y Dirección de Empresas

javier87martin@hotmail.com

Nos encontramos en una época histórica sin precedentes en la historia de la humanidad. Los avances tecnológicos y por consecuencia sociales que están teniendo lugar en la época actual avanzan a un ritmo exponencial, a diferencia de las etapas anteriores.

Esto está provocando una convulsión en distintas áreas sociales y que exige de un cambio de mentalidad global para que la humanidad no se vea desbordada por la rapidez de los acontecimientos y de los cambios a los que las generaciones actuales y futuras se tendrán que acostumbrar.

Por empezar desde lo más cercano, podemos comprobar que cada vez existe una brecha más grande entre la generación de los que hoy son nuestros padres y nuestra generación, los hijos. Muchos de los conocimientos, creencias e ideologías que ahora nosotros compartimos como un estandarte de nuestra época, hace solamente treinta o cuarenta años eran inconcebibles.


La educación también está exigiendo y casi pidiendo a gritos un cambio radical en la forma de preparar a las futuras generaciones. Podemos decir que la humanidad cuenta con un sistema educativo obsoleto, que estaba preparado para la cultura de producción en masa y que, es cierto, en su época, cumplió los objetivos que las ofertas de trabajo exigían. Sin embargo, nos encontramos en una era donde la tecnología y la creatividad son esenciales para conseguir un puesto de trabajo. Las personas que hoy en día conseguirán destacar en el mundo laboral, ya no son aquellas que tenga una licenciatura bajo el brazo, sino que tenga unos índices de creatividad, empatía, y saber trabajar en equipo superior a la media, donde el saber manejar las emociones en una sociedad cada vez más globalizada será un punto determinante que marcará la diferencia entre el éxito y el fracaso en el mundo social y laboral.

Por otro lado, las sociedades hasta ahora más reprimidas están lanzando un grito al mundo en las últimas semanas. Vivimos en un mundo cada vez más globalizado, donde las fronteras cada vez son menos delimitantes y donde cada vez es más complicado gracias a Internet, manipular a la población. Salvando los radicalismos extremos, las ideologías y creencias, que aunque tengan distintos nombres en según cada parte del mundo, son cada vez más similares y los pueblos persiguen un único objetivo, conseguir vivir en paz y ser felices. Resulta paradójico que en este contexto cada vez más globalizado, en ciertos estratos europeos, todavía convivan partidos políticos egoístas e hipócritas que dan un paso atrás en esta evolución en busca de una independencia.


La idea de un gobierno global, es un reto difícil pero cada vez menos utópico. Las sublevaciones de numerosos países árabes que han impedido con demasiada sangre, que la tiranía de sus dictadores manejen el destino de sus vidas, y la inevitable sensación de los países de occidente de sentirse en el deber de acudir en su ayuda, a pesar de que sean estos mismos estados los que se hayan aliado con algunos de estos dictadores, proporcionándoles armamento y apoyo años atrás, debe hacernos reflexionar.

En un mundo donde la información viaja tan rápidamente de un punto del mundo a otro, es el pueblo quien está ganando el poder que antes se le había arrebatado, y donde cada persona de manera individual puede conseguir influir de manera activa en solucionar y exponer sus ideas para construir entre todos un nuevo mundo que debe ser revisado desde los aspectos más básicos hasta los más influyentes si queremos ser nosotros los que manejemos la evolución, en lugar de ser, la evolución la que atropelle nuestras vidas.

 

gente

 

Frase del mes:


"En tu lucha contra el resto del mundo, te aconsejo que te pongas del lado del resto del mundo."

Franz Kafka

 

 

 

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