José Morgado Nisa
morgadonisa@gmail.com
www.sembrandocoaching.blogspot.com
¿QUÉ FUE ANTES EN COACHING: EL HUEVO O LA GALLINA?
El constructivismo sostiene que las personas "creamos" la realidad, cada uno la suya. Echeverría, dice que "creamos realidades a través del lenguaje". Korzybski nos dice que "el mapa no es el territorio". Martínez (2006) afirma que "el que aprende, construye su realidad en función de sus experiencias previas, estructura mental y las creencias que utiliza para interpretar objetos y eventos". O sea que, si hay un territorio y hay un mapa, los constructivistas parecen proponer tomar como "lo real" ¡al mapa! Y a cada "mapa particular" lo llaman "la realidad".
Avanzando en esta dicotomía entre realidad existente y realidad construida (lo objetivo/los subjetivo, el territorio/el mapa), lo que parece que es el meollo de la cuestión es "la interpretación" que se hace de la realidad y no "su captación tal cual es". Además, todos sabemos que muchas veces en nuestra propia historia hemos cambiado nuestro parecer sobre la "misma realidad", como afirma Echeverría: "todos vivimos en mundos interpretativos".
El constructivismo ve a las personas como "intérpretes de mapas", lo cual plantea problemas cuando hablamos de realidad "concreta o verdadera”. ¿Cómo se llega a ese descubrimiento? ¿Se equivalen VERDAD y REALIDAD? Vayamos por partes.
Desde el constructivismo se ha aportado la idea de que el coaching tiene que facilitar en los clientes la construcción del conocimiento, tanto del mundo exterior como del interior. De aquí viene que se reconozca que el pensamiento, el lenguaje y la acción son los elementos fundamentales de los procesos de coaching, ya que el coaching es un diálogo, un proceso en el que el coach y el coachee tratan el problema y la solución a través del lenguaje.
Cualquier coche estará posiblemente de acuerdo con el concepto de que "siempre existen maneras alternativas de entender el mundo y que el cliente está limitado por sus experiencias anteriores a la hora de incorporar nuevas y más útiles interpretaciones de sí mismo, del problema y de la realidad". El coaching es, en todo caso, un proceso de búsqueda de una nueva y más poderosa visión de la realidad, sin suponer que "el conocimiento previo" sea un obstáculo, sino apoyándose en el para avanzar, ya que las personas no son un mero producto "del ambiente" y tampoco el simple resultado de sus disposiciones internas.
La "construcción" que las personas realizamos cada día en todos los contextos de nuestra vida, va a depender, sobre todo, de dos aspectos: de la representación inicial que tengamos de la nueva información y de la actividad externa o interna que desarrollemos al respecto.
Todo aprendizaje constructivo, va a suponer una construcción que se realiza a través de un proceso mental que conllevara la adquisición de un conocimiento nuevo. En este proceso no es sólo el nuevo conocimiento que se ha adquirido, sino sobre todo, la posibilidad de construirlo y adquirir una nueva competencia que permita generalizar, es decir, aplicar lo ya conocido a las nuevas situaciones.
Un tipo de estrategia adecuada para llevar a la práctica de este modelo es "el método de los proyectos" (plan personal/profesional de objetivos en coaching), ya que permite interactuar en situaciones concretas y significativas, uniendo el "saber", el "saber hacer" y el "saber ser", es decir, lo conceptual, lo procedimental y lo actitudinal.
En este modelo, el rol del coach es de facilitador, moderador, un "participante más del proceso". Su tarea es vincular positivamente al coachee con el proceso de "desarrollo personal". Este proceso va a estar determinado por una interrelación sistémica entre el conocimiento que posee el coachee, su contexto social y los problemas u objetivos que deben de ser resueltos o alcanzados.
Es muy importante destacar que el aprendizaje constructivista resalta el papel esencialmente activo de quien aprende (en este caso, igualmente válido el concepto tanto para el coach como para el coachee, aunque nos centramos en este último). Este papel activo está apoyado en los siguientes aspectos:
1.- La importancia de los conocimientos previos, de las creencias y de las motivaciones del que aprende.
2.- El establecimiento de relaciones entre los conocimientos para la construcción de mapas conceptuales (construcción de redes de significados).
3.- La capacidad de construir significados a base de reestructurar los conocimientos, de acuerdo con las concepciones básicas previas del coachee.
4.- Las personas aprenden dirigiendo sus capacidades a ciertos contenidos y construyendo ellos mismos el significado de esos contenidos que han de procesar.
El coaching potencia la capacidad de las personas para aprender y actuar con eficacia. En palabras de Zeus y Skiffington: "El coaching es aprendizaje".
Los procesos de coaching son una experiencia personal: así como las maneras de percibir, sentir, pensar y actuar difieren de una persona a otra. Como cada persona tiene su propio "método aprendizaje", su propio "canal", el coach debe de tener esto muy en cuenta y "conectar" con los accesos preferenciales del coachee.
Volviendo al principio de este artículo sobre si ¿qué fue antes: el huevo o la gallina? podemos contestar que, en realidad, da igual siempre que en los procesos de coaching nos centremos en RESULTADOS. Qué más da si lo llamamos mapa-territorio-realidad-verdad o mundos interpretativos. Al fin y al cabo los coachs profesionales estamos para guiar a las personas en el establecimiento, refuerzo y alineamiento a través de nuestro propio ejemplo, valores y creencias capacitadoras (o sea, nuestros mapas-territorios-realidades-verdades-mundos interpretativos). Al final el coachee internalizará el proceso de coaching realizado, de modo que la presencia física del coach ya no resultará necesaria. Entonces emergerá otra pregunta: ¿Qué fue antes: el coach o el coachee?