¡Presente!
DAVID HERNÁNDEZ,
director de You, Coach!
david@newsyoucoach.com
El título del presente artículo puede llevar la mente del lector a un momento de la infancia muy concreto: cuando la profesora pasaba lista y gritábamos esta palabra para señalar que estábamos en clase. Creo que con esa expresión no éramos del todo sinceros. Quien estaba presente era nuestro cuerpo. Nuestra mente solía ausentarse y pensar en los juegos en el parque, en lo que haríamos cuando acabara la clase. Nuestro cuerpo estaba presente, nuestra mente no.
Así hemos actuado también de mayores y creo que este patrón de comportamiento es una de nuestras posibles fuentes de sufrimiento. No estamos en lo que estamos. Un maestro reveló a su pupilo la clave para la felicidad: “Cuando como, como, cuando ando, ando y cuando duermo, duermo. Haz cada cosa como si fuera única porque es única”.
¿Cuántas veces estamos realmente en lo que estamos? Se me ocurre citar tan sólo como muestra el estar escuchando a alguien mientras pienso en la bronca que tuve con mi compañero de trabajo, o el estar en el trabajo desempeñando mi actividad mientras las preocupaciones familiares me mantienen ausente, o ir al cine y acordarme de algo que tengo que hacer urgentemente para mañana.
Vivimos en la costumbre de ausentarnos del aquí y del ahora. ¿Puede recordar el lector la última ocasión que recuerde en la que se haya entregado a una actividad en “cuerpo y alma”, es decir, con todos sus sentidos’. Es lo que Mihaly Czinsemihaly llama experiencia “flujo”. Entregarse por completo a una actividad y asociarse totalmente al presente. El estar a medias en las cosas, constituye el caldo de cultivo ideal para la insatisfacción.
Reconozco estar especialmente estas últimas semanas sensibilizado con esta materia. Ha caído en mis manos el libro Concéntrate, de Harriet Grifey y confieso que esta actividad me tiene absorto “en cuerpo y alma”. He identificado en mí ciertas situaciones en las que no vivo el presente. Me obsesiono con que el tranvía llegue ¡ya! a su destino, o en el tiempo que falta para que este maldito avión llegue a Barcelona desde Tenerife. La impaciencia es la mejor manifestación de vivir sin asociarse con el tiempo.
Me comprometo a volver en un tiempo con este tema, es algo que me ronda todos los días la cabeza. Desarrollar la capacidad de asociarse con el tiempo y vivirlo sin prisas y plenamente concentrado en el presente parece una, sin duda, una vía para lograr un mayor bienestar y una mayor calidad de vida. Prometo también compartir mis avances con el resto de lectores, todo sea por estar en lo que realmente quiero estar.
¿Cuándo es el momento?
Mª Fernanda Ocón Galmés, Psicóloga y Coach certificada por Iesec Human.
Mafe_ga@hotmail.com
Si estamos atentos a las conversaciones que mantenemos, nos daremos cuenta de la frecuencia con que las personas, a la hora de hablar de sus objetivos, y me refiero a aquellos cuyo grado de consecución dependan principalmente de uno mismo, emplean expresiones del siguiente tipo: “Cuando llegue el momento haré….”, “Ahora no es el momento pero….”, “Ya llegará mi momento y entonces….”, etc.
Podemos considerarlas frases tipo, una forma de hablar que no entraña nada más pero ¿De verdad lo son? Yo creo que no. La mayoría de estas expresiones sirven de justificación (ante otros y ante nosotros mismos) para decir por qué no se ha actuado o hecho algo determinado, y se echa la culpa a un elemento externo llamado momento, que sirve mucho para aliviar el peso de la responsabilidad propia.
Desde esta postura es el Sr. Momento, el que va a determinar la posibilidad de alcanzar aquello que uno se plantea pero ¿Qué pasará si el Sr. Momento no aparece? Pues que el objetivo pasaría a ser un pendiente-inalcanzable y lo que es peor, en muchos de los casos, una fuente de frustración.
Realmente ¿A qué nos referimos cuando hablamos de momento? Entiendo que a la situación idónea (criterio subjetivo) para hacer algo, ya sea en forma, tipo, tiempo, etc. ¿Qué es lo que hace que efectivamente el momento sea ese? Nuestro pacto con el propio objetivo.
De los objetivos y sus características, para que sean verdaderamente útiles, se ha hablado mucho, y no es mi intención hablar de ello en este artículo. No obstante hay algo que me parece esencial conocer y que, desde mi punto de vista, incide directamente a la hora de determinar el momento oportuno para actuar y es el “para qué”. ¿Para qué me propongo este objetivo?
Cuando somos capaces de dar respuesta a esta pregunta, podemos determinar cuál es nuestro grado de compromiso y motivación respecto al objetivo. Si son elevados pondremos todos nuestros recursos en marcha para superar obstáculos, avanzar y conseguir el objetivo formulado, en caso contrario, cuando no podemos dar una respuesta o nuestra implicación y motivación son de bajo nivel, nuestros recursos se quedan estancados, las dificultades o miedos se acrecientan y no solemos encontrar el momento para ponernos con algo.
Y tú ¿Para qué quieres conseguir tus objetivos?
"En busca de la perfección"
LETICIA NÚÑEZ, Coordinadora de You Coach!
Diplomada en Relaciones Laborales y Máster en Dirección Estratégica de Recursos Humanos
leticia@newsyoucoach.com
En uno de los largos desayunos del trabajo, y digo “largo” porque los viernes siempre se nos complica la cosa…salió un tema: la perfección.
¿Qué es la perfección?, ¿cómo se puede llegar a ser perfecto?, ¿existe realmente la perfección?.
En su forma patológica se entiende como la creencia de que cualquier cosa por debajo de un ideal de perfección es inaceptable. Se pueden describir, al menos, dos tipos:
- Los perfeccionistas normales obtienen un sentimiento muy real de placer de los resultados de un esfuerzo costoso.
- Los perfeccionistas neuróticos son incapaces de sentir satisfacción porque a sus ojos nunca consiguen hacer las cosas lo suficientemente bien como para alcanzar ese sentimiento.
¿Te identificas con alguno? Fuera aparte de esta clasificación, las personas debemos entresacar siempre las cosas positivas y negativas de cada acción, ya que esto nos ayudará a crecer.
La perfección no extrema nos puede conllevar con mayor seguridad al éxito, a sentirnos bien con nosotros mismos, incluso a tener mayor sosiego. Pero desde el otro lado de la mesa, para una persona que es exageradamente perfeccionista, dejar algo pendiente puede suponer un estrés considerable. Pongamos un ejemplo:
Pablo, un trabajador que se caracteriza por ser muy organizado, responsable y exigente, se apunta su planning sobre las actividades a desarrollar en el día y por motivos externos a él, no puede llevar a cabo una de esas actividades y debe dejarlo para otro momento…esta situación que para otra persona no sería tan significativa, para Pablo supone una incomodidad y estrés añadido que de otra manera no se produciría. Entran aquí en juego las denominadas “necesidades aparentes”, aquellas en las que somos nosotros mismos los que nos creamos unas reglas para cumplir con esas necesidades: tengo que hacer en el día de hoy todos los puntos que he marcado en el planning, debo ser un compañero ejemplar…
En el caso de Pablo es él mismo el que crea esa regla de cumplir día a día con el planning establecido, ya que en su trabajo nadie le obliga a realizarlo ni le marca fechas concretas de finalización de actividades.
Ante esto es importante preguntarnos, ¿cómo actuar?, ¿qué conseguimos con esa exigencia?, ¿qué pasaría si Pablo dejase para mañana lo que tenía planeado para hoy? Pues posiblemente nada. Solo hay que buscar un término medio, un gris…Es por eso que aquellos perfeccionistas que solo entienden de blancos y negros están más expuestos a sufrir ansiedad y baja autoestima. Es un factor de riesgo para el desorden obsesivo-compulsivo y la depresión.
Y es que “todo en exceso es malo”. Vale que el ser perfeccionista es mejor que ser todo lo contrario pero de manera exacerbada nos puede condicionar la vida.
Si ahondamos un poco más en el asunto, nos daremos cuenta de que en esto de la perfección alguna parte de responsabilidad tiene la sociedad o incluso los medios de comunicación. Normalmente son actitudes de uno mismo pero a veces se ven impulsadas por éstos. O es que nadie ha escuchado nunca aquello del “cuerpo perfecto”, que sin saber quién, cómo ni por qué ha marcado las pautas…¿os suena 90-60-90?
O qué madre no ha deseado para su hija un “marido perfecto”: alto, rubio, con ojos azules, con una carrera, 4 idiomas y si es millonario ya casi le querría más a él que a ti…
Parece que no, pero la perfección es un término que nos persigue cual policía al delincuente. El mérito está en darle la importancia justa y cuestionarse si realmente existe esa perfección o como tal es lo que se desea pero a sabiendas de que es pura quimera.
Decía Benedetti que “la perfección es una pulida colección de errores”, así que intentemos caer en ellos lo menos posible… ¡Lo que da de sí un desayuno!
Una oportunidad histórica para el coaching.
LUCAS RICOY, Socio de Prospectiva y Análisis S.L. Coach Directivo, Ejecutivo y Empresarial.
lricoy@marcelomacias.com
El ya más que extendido comentario según el cual el ideograma que de la palabra “crisis” en chino significa “oportunidad”, me ha servido como estímulo para decidirme a comentar en este artículo algunos de los aspectos de la actual crisis que sitúan al coaching como elemento estratégico fundamental para la competividad de las empresas.
El primero de ellos es que, para muchos analistas, no estamos exclusivamente ante una crisis de carácter financiero, sino también de carácter económico, caracterizada por la saturación de muchos sectores productivos tradicionales (algunos de ellos calificados ya hace tiempo por Alvin Toffler como de “segunda ola”). Ejemplo de ello lo tenemos en la automoción, con poderosísimas empresas (como General Motors) -en su momento- al borde de la quiebra y con un ya crónico excedente de stocks sólo comercializable gracias a las periódicas intervenciones de las administraciones, bajo la fórmula de incentivos a la compra. Excedentes que el caso de la construcción, por cierto, sólo podrán ser absorbidos bajo el doble efecto provocado por una drástica reducción de la construcción residencial y la propia dinámica del mercado (es decir, por las viviendas que realmente se necesiten en función de nuestro objetivo potencial demográfico).
Al hilo de lo anteriormente comentado, es suficientemente ilustrativo lo que me relataba hace unas semanas un viejo amigo, que lleva años trabajando en procesos de reestructuración y cambio organizacional en el sector del automóvil. “Lucas, hace años la riqueza era tener miles de vehículos dispuestos a ser comercializados en las dársenas de expediciones, y así lo entendían directivos y trabajadores; hoy en día la riqueza es ver esas dársenas vacías, aunque en este caso haya demasiada gente que no quiera aceptarlo”.
Es evidente que estamos ante eso que algunos gurús han venido en denominar “cambio de paradigma”, eso sí, con diferentes velocidades de cristalización, en función de sectores y países. La interminable escalada del grouchiano “más madera, que es la guerra” (es decir, más y más producción, independientemente de la capacidad de absorción del mercado) ha sido sustituida por sistemas productivos donde el ajuste sincrónico entre demanda y producción es ya una incontestable realidad.
El segundo de ellos, es que la “vieja economía” está siendo sustituida por otra nueva (de nuevo citamos aquí a Alvin Toffler y su ya visionarias obras “La tercera ola” y “La revolución de la riqueza”) en la que el factor conocimiento ha reemplazado a los clásicos tierra, trabajo y capital como elemento crítico en la creación de riqueza.
En este sentido es altamente clarificador el hecho de que la mayoría de las tareas “hombre-máquina” hayan desaparecido para dar lugar a tareas “máquina-máquina”, gobernadas desde un ordenador por un técnico altamente cualificado. Este fenómeno es ya una realidad en sectores -y sólo por poner un ejemplo- como el siderometalúrgico. El modelo del trabajador de “cuello azul” como mera extensión del bien de equipo, ha sido sustituido por otro basado en especialistas de “cuello blanco” que dirigen la cadena de producción desde la lejanía física de una sala de control.
Sintomático asimismo de este cambio cualitativo es el hecho de que la gestión hospitalaria y la diagnosis clínica estén siendo llevadas ya por equipos médicos multidisciplinares, ante la creciente imposibilidad de que un solo facultativo pueda hacer diagnósticos de garantía; todo ello como consecuencia del exponencial crecimiento del conocimiento experto en muchos campos de la medicina.
En fin, podríamos seguir poniendo un sinfín de ejemplos, que quizás extenderían innecesariamente la extensión de este artículo (y aburrirían en exceso a sus potenciales lectores).
En cualquier caso, y ante este panorama, ¿qué alcance y significado tiene el que consideremos al coaching como “elemento estratégico fundamental para la competitividad de las empresas”?
Para empezar, tengamos en cuenta los cambios que ya están teniendo lugar en los sistemas de evaluación de muchas organizaciones: en dichos casos se está pasando del modelo tradicional de Dirección por Objetivos a otro de carácter mixto, marcado por una eficiente combinación de objetivos cualitativos y cuantitativos. Tal replanteamiento ha venido dado por la constatación de que muchos objetivos basados en incrementos cuantitativos de las ventas y/o de la producción, simplemente ya no pueden ser alcanzados. En este fenómeno ha operado la miopía de muchos directivos y gerentes, que han venido aplicando esquemas de crecimiento lineales, como si aquí nada hubiera cambiado y siguiéramos instalados en los felices sesenta (y setenta, e incluso ochenta…).
Frente a tal esquema, se está abriendo paso la creencia de que hay que empezar a considerar el cómo se hacen las cosas, y en qué medida el trabajador (o más necesariamente -en ocasiones- el equipo de trabajo) es capaz de crear “valor” para el cliente, entendiendo por “valor” la satisfacción de los criterios de decisión de compra, como por ejemplo la obsolescencia y fiabilidad del producto, o la extensión de los servicios complementarios, entre otros.
Además de todo ello, la creación de rentabilidad para la empresa ya no pasa necesariamente (y recalco el término necesariamente) por el incremento indefinido del volumen de ventas, sino por la intervención en otra serie de factores, entre los que podemos destacar:
- La disminución en los costes de producción, administración y comercialización.
- La optimización de los niveles de calidad, para ajustarlos a las exigencias de los consumidores, o incluso elevándolos por encima de su actual nivel de expectativas.
- El descubrimiento y aprovechamiento de las oportunidades del mercado, potenciando procesos de innovación que se plasmen en nuevos productos y servicios.
- El desarrollo de estrategias de fidelización de los clientes, a través no ya de la satisfacción de sus necesidades, sino de la excelencia en la prestación del servicio.
Sobre lo anteriormente dicho, merece ser comentada una conversación mantenida recientemente con una exalumna, ahora en la gestión diaria de una empresa –en su momento- fabricante de puertas. Ante la asoladora crisis iniciada a finales del 2008, la solución (de un alto coste emocional y de estabilidad laboral para tantos y tantos) pasó, evidentemente, por devanarse los sesos, para concluir en un proceso de expansión de mercado (abriendo delegación en Brasil, entre otros países) y de diversificación (entrando en el negocio de la biomasa, además de en el del mantenimiento y la restauración de puertas). De toda la conversación, me quedo con una frase reveladora: “en América nos quieren, porque aprecian la calidad del producto europeo, asociada a un precio razonable”. En fin, la calidad como desafío, una vez más.
Para concluir, extraigamos algunos “tags” de los anteriores párrafos y encontraremos el hilo conductor que nos lleva de nuevo al inicio de este artículo: objetivos cualitativos-cómo se hacen las cosas-crear valor-disminución de costes-optimización de niveles de calidad-descubrimiento y aprovechamiento de oportunidades de mercado-excelencia en la prestación de los servicios…Sólo un proceso de catalización del talento -¿adivinan a cuál nos referimos?- está es disposición de movilizar los recursos necesarios para hacer de estas “etiquetas descriptoras” una realidad al servicio de las estrategias competitivas.
¿Y cuáles son esos recursos? Lo dejaremos para otro artículo, pero anticiparé algunos de los –según mi punto de vista- más importantes: resiliencia, creatividad, empoderamiento.
Eclecticisimo, sí gracias.
FRANCISCA HERNÁNDEZ GONZÁLEZ.
Psicóloga, Coach y formadora
paca.hernandez@gmail.com
Tengo la impresión de que “TODO SUCEDE POR UNA RAZON”… Por una confluencia de circunstancias personales y profesionales, en los últimos años diferentes asuntos y temas que estaban difusos en mi mente están siendo ordenados y van tomando forma. Este RESETEADO MENTAL hace que todo lo aprendido y experimentado tenga su sentido. Combinar, mezclar y contrastar de forma natural y fluida conocimientos y experiencias está siendo una de las actividades más enriquecedoras y fructíferas…
En relación al tema del Coaching , que es lo que nos une en ésta revista, considero que la combinación y dialéctica entre sus diferentes escuelas y modalidades es muy positiva y enriquecedora para todos. En cada uno de nosotros, como Coaches, hay una verdad que parte de diferentes realidades observadas. Aplicamos diferentes herramientas, utilizamos variados caminos, en unos casos muy PNL y en otros básicamente conductuales o comportamentales.
Este acercamiento multidisciplinar va incluso más allá de escuelas y modalidades de coaching y se está dando entre nuevas y menos nuevas herramientas de Desarrollo Organizacional y consultoría… ¿y por qué no? Este mestizaje y síntesis de hallazgos, ideas y valoraciones nos está permitiendo ampliar nuestro campo de visión y conseguir que NUESTRO MAPA SE ACERQUE MAS AL TERRITORIO REAL.
Por si sirve mi experiencia personal como ejemplo de mestizaje, una de las prácticas de COACHING DE EQUIPOS con INTERNATIONAL COACHING SCHOOL (“APLICACIÓN DEL METODO IDCOR en un DEPARTAMENTO de EMPRESA PUBLICA”), consistió en la aplicación de un Modelo de Gestión del cambio en un departamento piloto, combinando algunas herramientas de Modelos de calidad con otras específicas del Coaching empresarial. Dado que los directivos y mandos intermedios de la empresa pública están acostumbrados a manejarse en un lenguaje más específico y concreto que el Coaching, el mix resultó muy positivo, tanto para facilitar la puesta en marcha del proyecto como por los resultados evaluados tras la fase de seguimiento.
Considero que, en el desarrollo del BUSSINES COACHING o Coaching empresarial/ejecutivo y, en general, en el proceso de búsqueda de la excelencia empresarial, es necesario apoyarse en soluciones creativas basadas en la combinación, en el contraste y en la dialéctica sana…Por eso y por mi experiencia personal, ECLECTICISMO, SI GRACIAS.
Yo sé lo que piensas de mí
SARA USERO.
Psicóloga, orientadora social y alumna de la Certificación Profesional de Coaching de International Coaching School
sarapsico.ub@gmail.com
“Yo sé lo que piensas de mí y ya sé lo que me vas a decir”. Así empezó una conversación con una persona a la que conocí 5 minutos antes de que me dijera esta frase. Podía haber sido la misma frase que me hubiera dicho alguien cercano a mí, pero en este caso no era así, era una chica inmigrante que buscaba trabajo. Su mirada, su postura, su voz, sus gestos reflejaban un dolor y una desilusión demasiado arraigada ya en su vida. Resultaba difícil contrarrestar sus frases con la seguridad con la que decía cada palabra, estaba convencida de lo que decía y de que su verdad era la única realidad. Se había creado su propia barrera sin ningún esfuerzo al asumir los comentarios de la gente que le había rodeado y aceptarlos como válidos en su mapa mental, aunque había sido algo que ella misma había elaborado con mucho tiempo, dedicándole días y días. Había observado, vivido y sufrido discriminaciones desde que llegó. Su actitud (la forma de actuar de una persona, el comportamiento que emplea un individuo para hacer las cosas) se había forjado de la expresión de los demás, del ambiente que le rodeaba y de sus creencias (idea que uno mismo considera como verdadera, sobre él mismo, los demás y del mundo en general) que habían hecho que su imagen propia ya no fuera su propia imagen sino que había asumido la de los demás, la que ella pensaba que los demás tenían de ella. Ella había elegido de alguna manera dejarse influenciar.
El concepto del meta-estereotipo del que se habla en Psicología Social resume la vivencia de esta persona, “la creencia que tienen las personas sobre cómo les ven los demás”, en otras palabras, lo que yo pienso que tú piensas de mí. ¿Cuántas veces habremos asumido lo que el otro nos va a decir sobre un tema sin haber llegado siquiera a comentarlo? ¿Por qué tendemos a pensar que conocemos tanto al otro que ya sabemos cómo actuará sobre x y sobre y? En la vida en pareja, con los hijos, con los padres, en el trabajo…Si ya es duro vivirlo con nuestra gente, con los que estamos a diario, aún más debe serlo en la sociedad, en un país que apenas conoces y donde percibes de antemano que la gente no te quiere aquí.
Volviendo a esta chica, su visión, su mapa de esta sociedad se estaba basando en creencias erróneas “los demás no me quieren aquí” me decía, Y ¿quién exactamente no te quiere aquí? ¿Quiénes son los demás para ti? ¿Piensas que todas las personas con las que te encuentras a diario no te quieren aquí? ¿Conoces a alguien que sí te quiera aquí? Con todas estas preguntas buscaba a través del metamodelo llegar a entender su mapa y que ella misma viera que sólo era su creencia con respecto a la percepción que tenía de la gente y que además esa creencia se podía cambiar.
A veces tenemos tendencia a dar por hecho cosas de los “demás” que no sabemos si realmente las piensan y esta actitud a su vez nos va dañando hasta creernos alguien que no somos, asumir un rol que no es el que buscamos por sentir que no podemos mostrarnos al natural ante los otros. No es tu compañero o la persona con la que te cruzas en la calle el que te cambia sino uno mismo al dejarse influenciar, al creer ideas erróneas, al asumir antes de tiempo…
Confianza en tu destino o en ti mismo
ELENA SANJOAQUÍN
Coach, experta en Recursos Humanos
seremcoach@gmail.com
Hace unas semanas quizá has tenido noticia de que, tu signo del horóscopo ya no es libra, sino por ejemplo, virgo, y también quizá has indagado las características del signo en cuestión para conocer las cualidades positivas y negativas del mismo. Donde caben 12 caben 13 signos del zodíaco.
Así que donde en una conversación en el trabajo o tomando un café con amigos no conseguías decidirte y argumentabas “qué se le va a hacer soy libra”, ahora y ante una situación similar la frase adecuada sería “es que, ese camino no será perfecto y el otro tampoco, es lo que tiene haber nacido bajo el signo de virgo, todo tiene que ser perfecto”.
Así que buscando información he encontrado noticias que comentan que, al parecer, se ha generado por este motivo un revuelo importante en los medios sociales. Según se indicaba por un responsable de la Federación Estadounidense de Astrólogos, “se habían recibido muchos correos electrónicos de clientes preocupados, desde la Federación se les aseguró que esto no cambia su carta astrológica para nada. En la misma noticia continúa explicando que,“ Ayer hubo pánico, pareciera que se iba a acabar el mundo en Facebook después de informar que se habían cambiado los signos zodiacales, pero también, al parecer, el descubrimiento de un nuevo signo zodiacal no aplica, por ahora, a la astrología occidental”.
La astrología es un conjunto de creencias que pretende conocer y predecir el destino de las personas, y con ese conocimiento pronosticar los sucesos futuros. Las personas que practican la astrología sostienen que la correlación con rasgos de la personalidad de la gente, los sucesos importantes de sus vidas, e incluso sus características físicas.
Un estudio realizado entre jóvenes españoles en el año 99 por el sociólogo Javier Elzo, arrojaba como resultado que el 41% de los jóvenes españoles creía en la astrología y el horóscopo, y el 33% confiaba en la posibilidad de predecir el futuro.
Cada día, en el mundo, muchas personas toman importantes decisiones profesionales o personales basándose en astrólogos o publicaciones astrológicas y, en la fe depositada en las mismas.
¿Qué fe y confianza en sí mismos pueden tener los jóvenes o cualquier persona actuando bajo la creencia de que, su futuro, está determinado por las estrellas y por lo tanto fuera de su control?
Fe es la creencia o la confianza en la verdad o la fiabilidad de una persona, idea o cosa. Cuando hablamos de confianza indicamos la esperanza firme que se tiene de alguien o de algo y, también, indica aliento, ánimo y vigor para obrar. Esperanza, es un estado de ánimo en el cual se nos presenta como posible aquello que deseamos y también, aquello que nos proponemos.
Al final vemos que fe, confianza, esperanza y acción son términos en parte sinónimos y ligados en su totalidad. La historia, está llena de ejemplos, de personas y de situaciones, de hechos producidos por creencias, pero al margen de estas, la fe entendida como confianza en uno mismo ha forjado el mundo. Creer en uno mismo, la confianza en el logro de un objetivo, es al fin, lo único que asegura la obtención de un resultado.
Una fórmula sencilla de entender e identificar la influencia que las creencias ejercen sobre nosotros es que, dado un estado presente, si le sumamos los recursos que tengamos disponibles, obtenemos como resultado el estado deseado.
Estado presente + Recursos disponibles = Estado deseado
Hoy, diferentes disciplinas han trabajado sobre las dificultades que tenemos para añadir recursos propios al estado presente y así obtener aquello que nos hemos propuesto como deseo.
Estas dificultades son las creencias, creencias limitantes que impiden la obtención de ese nuevo estado que deseamos, sabotean nuestros esfuerzos y las mejores posibilidades para la obtención de nuestros objetivos.
El caso es que cuando creemos de verdad en algo, nos comportamos de modo congruente con esa creencia, así existen, según el autor Robert Dilts, varios tipos de expectativas que deben estar claras para poder conseguir lo que nos propongamos.
- La primera de ellas es la “expectativa de objetivo”, o lo que es igual, se debe creer que el objetivo es alcanzable.
Si crees que es posible, si esperas lo mejor, la ley de la atracción te acerca a lo mejor; si no crees mentalmente que tu objetivo es alcanzable, no desarrollarás el comportamiento efectivo para conseguir tu propósito, conseguirás desesperanza. La persona desesperanzada no emprende las acciones adecuadas para conseguir su objetivo.
- A continuación está la “expectativa de autoeficacia”, es un grado añadido a la anterior, además de tener un objetivo alcanzable debemos creer que disponemos de lo que hace falta para alcanzar dicho objetivo, si no creemos en nosotros mismos y en nuestros recursos, el desamparo hace mella y tampoco actuamos.
Estas dos clases de expectativas te llevan a hacer o no hacer, evaluarte a ti mismo en relación a ellas te dará un potente indicador respecto a la acción.
- Por último, la “expectativa de respuesta”, de resultado, es lo que cada uno esperamos que nos suceda, positivo o negativo, la consecuencia de las acciones iniciadas.
Si dispones de un objetivo y de unos recursos que te movilizan a la acción, el resultado esperado, positivo o negativo, será un factor muy importante y casi determinante del comportamiento desarrollado y, en su caso, del cambio de creencias previas.
En los últimos años las palabras más escuchadas son crisis, desesperanza, valores o falta de los mismos, confianza, falta de objetivos y de dirección, resultados negativos. Esto lo escuchamos diariamente en los medios de comunicación en relación a nuestros países, a los gobiernos y partidos políticos; dentro de la sociedad, en relación a conflictos generacionales y diferentes estratos sociales; dentro de las empresas respecto a la visión, a los valores, a las generaciones que conviven en la misma….
Por ello propongo que dejemos de complicar lo que de por sí parece y puede ser sencillo vistos los ejemplos de los que está llena la historia, y volvamos a la confianza en el ser humano, la fe y confianza en uno mismo, no dejando que sean las estrellas o algo situado fuera de nuestro ámbito de influencia lo que determine qué nos ocurre y ocurrirá, lo que podemos esperar de nosotros mismos y de nuestro comportamiento y, sobre todo quiénes somos.
Ahora te invito a que cojas el periódico del día o, la revista de la semana y veas, qué te depara el destino para hoy, para la semana, para el 2011. ¿Ya está?. ¿Hasta qué punto estás contento con lo que has leído?.¿Qué te depara el destino?.
Te propongo que traces tu propio plan, ¿Cómo?, vamos a ello….
- Fija tu propio objetivo, decide hacer o conseguir algo diferente a lo que has leído, algo que de verdad te haga ilusión, te apetezca, algo que tengas la convicción firme que alcanzarás.
Con convicción, tienes razones para lograr tu objetivo, sin ella carecerás de la confianza en el logro del objetivo propuesto. (expectativa de objetivo)
- Piensa en los recursos que dispones para conseguirlo. (expectativa de autoeficacia), en tu capacidad para pensar, juzgar, elegir y decidir. Si algún recurso no depende de ti, respóndete a las preguntas ¿Dónde lo consigo?. ¿Cómo?. ¿Quién me puede ayudar? Y sigue cuidando tu convicción en el logro de tu objetivo.
Hasta aquí dispones de las herramientas para comenzar a hacer y te preguntarás ¿Cómo desarrollo la confianza en mí mismo?. Veamos:
- Haciendo todo lo que puedas, la confianza en ti mismo no es tener fe ciega. Te contaré algo: Mahoma escuchó a uno de sus seguidores decir “ Soltaré mi camello y se lo confiaré a Dios”. “ No, no es así”, declaró el profeta, “Ata tu camello y confíaselo a Dios!”. Por tanto, haz tu parte del trabajo, haz todo lo que puedas, todo, y sólo entonces confía en aquello que no dependa de ti.
- Resistiendo la frustración y el rechazo, ambos son base fundamental del éxito, son el lado positivo del fracaso. La gente con una expectativa de resultado positivo no se rinde, se mantiene probando, porque su autoestima y confianza no se basa en lo que realiza, asume la responsabilidad de tus actos y no tomes las situaciones negativas como algo personal.
La vida es una serie de resultados, si estos son lo que uno quiere, perfecto, piensa y aprende lo que hiciste bien; si el resultado no es el que querías, piensa lo que hiciste y lo que no volverás a hacer. La clave es seguir intentándolo.
- Desarrollando la confianza de forma gradual, practica el alcanzar tu objetivo sin presión, traza un plan y da pasos pequeños, poco a poco, con cada logro, con cada éxito gradual afianzarás la confianza en ti mismo y crearás las bases para el siguiente éxito.
Con las creencias, con la fe por sí sola, con la única base de tu talento no conseguirás mantener en el tiempo aquello que deseas, tu destino será tan voluble como lo es el horóscopo de cada día, así que en resumen y para crear tu propio destino tres aspectos son claves para obtener resultados, los resultados que tú te propongas:
- Dedicación: centrarte en las cosas que merezcan la pena en esta vida, trazar un plan para conseguirlas y persistir en su realización.
- Equilibrio en todas las áreas de tu vida: personal, profesional, relacional, social y espiritual. La atención de todas ellas traerá como fin tu felicidad.
- Por último y de manera principal, Creencia en ti mismo y en tus posibilidades.
Ahora comienza a trabajar por lo que realmente quieres y no dejes que las estrellas o tus circunstancias determinen o limiten tu camino.
La importancia de saber hacia dónde vamos.
CARLOTTA CHIESA
Certified Coach - Practitioner PNL
www.coachingequilibrium.com
¿Cuántas veces hemos pensado “si me tocara la loteria….haría ésto…iría a…estaría….”? Pues vamos a imaginar que es así, ¿qué es lo que harías diferente en cada área de tu vida, si tuvieses la certeza de conseguirlo?.
Quizás pienses que no vale la pena, pero no cuesta nada dejarse llevar, coger un papel en blanco y empezar a escribir una lista de deseos (tan sólo lo vas a ver tú). Si esto mismo, se lo pedimos a un niño, probablemente nos pediría más y más papel, pero nosotros como adultos, nos bloqueamos, ¿qué nos ha ocurrido creciendo?, ¿en qué momento dejamos de soñar y de creer que las cosas eran posibles?
En una lista de este tipo, estará todo lo que te guste ser, hacer o tener en la vida, si no tuvieses ninguna limitación. Imagina que dispones de todo el tiempo, el dinero, los amigos, las habilidades y recursos necesarios para alcanzarlas.
¿Qué es lo que siempre has querido hacer, pero has tenido miedo de intentar?
Este sistema de interrogarnos sobre cuáles son nuestras metas en cada àrea de nuestras vidas sirve para aclararnos las ideas y hacer que definamos mejor qué es lo que queremos.
Prueba a preguntarte: “¿qué es lo que más disfrutas haciendo en cada área de tu vida?
Por ejemplo, el trabajo, si sólo pudieses hacer una única cosa en todo el día, ¿cuál sería? Si pudieras dedicarte a una tarea o actividad sin cobrar, ¿cuál sería? ¿Qué tipo de trabajo, te daría la máxima satisfacción y ALEGRÍA?
Para establecer unas metas claras y posibles, es necesario que aclaremos cuál es nuestra situación actual, para saber el punto de partida en el que estamos.
Imaginemos nuestra vida como un rompecabezas de piezas gigantes. Cada una de ellas corresponde a una parcela diferente: Salud, Família, Hijos, Pareja, Amigos, Trabajo, Dinero, Crecimiento personal…..
Empieza puntuando del 1 al 10 cada una de estas áreas. Escribe cuál es la situación ahora, a fecha de hoy. Reflexiona. Tómate tu tiempo.
Ya tienes hecha la radiografía de tu vida actual ¡enhorabuena! ahora…,imagina…¿es así como quieres que sea? ¿Qué es lo que cambiarías? ¿Qué necesitas para que se produzca este cambio? Y lo más importante ¿te comprometes a lograrlo?
El principal motivo de que sigamos en situaciones que no son las mejores para nosotros, es que tememos al cambio.
Juguemos a ser niños otra vez…
“y si fuese realmente posible…”