Jesus Cabeza, Experto en Inteligencia Emocional y Competencias Socioemocionales
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TÚ EL SOL Y YO LA LUNA
En ocasiones, quizás demasiadas, se producen malentendidos entre las personas. Uno de los motivos es que el punto de partida, el concepto sobre el que se debate, no es exactamente el mismo para los integrantes de la discusión.
¿Ocurre esto también en el caso de la Inteligencia Emocional?
Veamos…
De acuerdo a Repetto, E. y Pena Garrido, M. (2008), un aspecto muy controvertido es la naturaleza teórica de la que parten los modelos sobre IE. Se pueden distinguir modelos basados en el procesamiento de la información emocional centrado en las habilidades emocionales básicas (Mayer y Salovey), y los basados en rasgos de personalidad (Goleman, Bar On, Fernández-Berrocal y Extremera, 2005; Mestre y Guil, 2003; Mestre, Palmero y Guil, 2004); aunque Berrocal y Extremera, (2006) señalan la existencia de tres modelos, estableciendo diferencias entre el modelo de Bar-On y el de Goleman.
En diferentes estudios se plantea si se trata de dos modelos que proponen constructos diferentes o complementarios. Pérez-González, Petrides y Furnham (2007) sostienen que “la operacionalización de la IE como una capacidad cognitiva conduce a un constructo diferente del que se deriva de su operacionalización como un rasgo de personalidad”. Si estamos, como se deduce de estas palabras, ante dos constructos diferentes, es imprescindible diferenciar claramente entre los métodos de medida para cada uno de ellos. Solamente se deben utilizar los cuestionarios de rendimiento máximo para evaluar las habilidades cognitivas, y los autoinformes para medir la IE rasgo. Para estos autores, mientras algunos investigadores desarrollaron y usaron cuestionarios de autoinforme, otros se embarcaron en el desarrollo de test de rendimiento máximo de IE. Todos asumieron que estaban operacionalizando el mismo constructo. Esto llevó a la confusión conceptual y a numerosos hallazgos aparentemente contradictorios. Petrides, y Furnham (2000) distinguen entre IE rasgo (autoeficacia emocional) o IE capacidad (capacidad cognitiva emocional). Defienden que IE rasgo y IE capacidad son dos constructos distintos, el primero medido a través de autoinformes y el segundo a través de test de rendimiento máximo.
Un dato importante sobre esto es que la mayoría de los estudios publicados hasta el momento utilizan autoinformes, muy adecuados para medir rasgos de personalidad y niveles de autoeficacia emocional, pero no para evaluar las habilidades cognitivas implicadas en el procesamiento de las emociones. Según Extremera y Berrocal, esto puede ser debido a las ventajas de los cuestionarios en comparación a las pruebas de habilidad.
Parece, pues, contradictorio el hecho de que se haya generalizado el uso de autoinformes basados en el modelo teórico de Mayer y Salovey, la TMMS, pero existen evidencias de que combinándolo con una prueba de habilidad como el MSCEIT, sus resultados son muy positivos. Decir, que las pruebas de habilidad de la IE revelan si un individuo tiene desarrolladas o no unas habilidades, pero no aporta datos sobre si las pone en práctica en su vida diaria, aspecto que sí cubren los autoinformes al informar del grado de autoeficacia emocional de un sujeto. Buen resultado siempre que se combinen.
Respecto a la complementariedad, lo son si las medidas utilizadas por ambos modelos no correlacionan significativamente entre sí por encima de un valor de r = 0.3 Mestre (2003); por ejemplo, los resultados de una investigación muestran ausencia de relaciones significativas entre las subescalas de MSCEIT y del Cuestionario de Inteligencia Emocional como rasgo para escolares –CIE- (Mestre, 2003)- por lo que, dichos instrumentos estarían midiendo conceptos teóricamente diferentes.
Uno de los asuntos más descuidados por parte de los autores originales del constructo de IE, Mestre y Guil (2006), es si se está ante un constructo de inteligencia, ante uno de personalidad, o ante un constructo novedoso pero relacionado con los anteriores de manera no explícita, Mestre, Guil y Mestre, (2005), defienden que es necesario verificar que los índices de correlación entre ellos no están por encima de 0,6. La aparición de correlaciones prácticamente nulas, ninguna significativa, entre el cociente intelectual que define la inteligencia psicométrica tradicional y los diferentes aspectos de la inteligencia emocional, indica la existencia de ambos tipos de inteligencia (Extremera y Fernández-Berrocal; Pérez y Castejón, 2007).
En la literatura científica existen dos grandes modelos de IE: los modelos mixtos y el modelo de habilidad. Pero, para Pérez González, Petrides y Furnham (2007), a diferencia de la distinción entre IE rasgo e IE capacidad, (basada esta última en el método de medida utilizado para medir el constructo y no en los elementos -facetas o dimensiones- que hipotéticamente abarcan los diferentes modelos teóricos), la distinción entre modelos mixtos y modelos de capacidad, se basa en si el modelo teórico mezcla, o no, capacidades cognitivas y rasgos de personalidad. -Los modelos mixtos combinan dimensiones de personalidad como el optimismo y la capacidad de automotivación con habilidades emocionales (Goleman y Bar-On)-
No están relacionadas. Para Pérez González, Petrides y Furnham la distinción entre modelos mixtos y modelos de capacidad no tiene en cuenta un aspecto trascendental de la operacionalización de un constructo, el método de medida, y es por tanto, perfectamente compatible con la idea de que las capacidades cognitivas se puedan evaluar a través de autoinformes, Mayer (2000). Estos investigadores defienden que la distinción de Mayer (2000) entre modelos mixtos versus modelos de capacidad descuida el aspecto del método de medida, ni tampoco concuerda con toda la evidencia empírica disponible hasta el momento, la cual muestra claramente que las medidas de autoinforme de IE tienden a intercorrelacionar fuertemente entre sí, independientemente de si están basadas o no en modelos mixtos o de capacidad.
Todos los datos que se vienen publicando al respecto continúan poniendo de relieve la necesidad de distinguir entre dos constructos de IE: IE rasgo e IE capacidad (O’Connor y Little, 2003; Warwick y Nettelbeck, 2004).
Por tanto, y para finalizar, se ha comprobado que existe un debate sobre el constructo al que referirse, cuando se habla de IE, y que los profesionales de este campo deben analizar y tener en cuenta, especialmente, a la hora de elegir qué método de medida aplicar.
Así, todos nos entenderemos mejor, y los resultados también serán más fiables.