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nº 31 Diciembre 2010

navidad
EMOCIONAL MENTE

revolutionay roadJesus Cabeza, Experto en Inteligencia Emocional y Competencias Socioemocionales.www.facebook.com/jmcabezagovea
jmcabezagovea@yahoo.es

¡FELICES EMOCIONES!

Parece claro que en estas fechas navideñas, la Emoción cobra un elevado protagonismo en nuestras vidas. Cada uno de nosotros tiene, probablemente, un concepto de lo que significa “estar emocionado”, y, en muchos casos, seguramente, dicho concepto es muy similar.

Pero también sería interesante conocer lo que opinan los expertos sobre qué es emocionarse, cuáles son los componentes de las emociones, y cómo se producen las emociones.

De este modo, sabremos, quizás, con más argumentos, qué es aquello que, por estas fechas, ocurre más intensamente en nuestra mente (y también en nuestro cuerpo), y por tanto, conocernos mejor a nosotros mismos.

Comencemos con la reflexión sobre la Emoción.

El término emoción se refiere a un sentimiento, y a los pensamientos, los estados biológicos, los estados psicológicos y el tipo de tendencias a la acción que lo caracterizan. Goleman (1995). Añade Goleman, además, que existen centenares de emociones y muchísimas más mezclas, variaciones, mutaciones y matices diferentes entre todas ellas.

El Oxford English Dictionary: “Agitación o perturbación de la mente; sentimiento; pasión; cualquier estado mental vehemente o agitado”.

Pero también hay definiciones más psicofisiológicas: “una emoción es una respuesta somática caracterizada por alteraciones en la temperatura de la piel, cambios en la distribución de la sangre, alteración del ritmo cardíaco, modificación de la respiración, respuesta pupilar lenta, secreción salivar anormal, respuesta pilomotriz, movilidad gastrointestinal, tensión muscular y sudor helado” (Cristóbal, 1996).

Y otras que inciden en el peso específico de las estructuras cerebrales: “Las emociones básicas son estados discretos del organismo, determinados genéticamente y regulados por estructuras nerviosas subcorticales, que tienen un valor adaptativo para los individuos bajo determinadas circunstancias estimulares” (Iglesias, Loeches y Serrano, 1989).

Para Antonio Vallés, una definición muy completa por su carácter integrado es la de Bizquerra (2000): “Un estado complejo del organismo caracterizado por una excitación o perturbación que predispone a una respuesta organizada. Las emociones se generan habitualmente como respuesta a un acontecimiento externo o interno”.

También Bizquerra aporta las siguientes líneas: “las emociones son reacciones a las informaciones (conocimiento) que recibimos en nuestras relaciones con el entorno. La intensidad está en función de las evaluaciones subjetivas que realizamos sobre cómo la información recibida va a afectar a nuestro bienestar. En esas evaluaciones subjetivas intervienen conocimientos, proverbios, creencias, objetivos personales, percepción de ambiente provocativo, etc. Una emoción depende de lo que es importante para nosotros. Si la emoción es muy intensa puede producir disfunciones intelectuales o trastornos emocionales (fobia, estrés, depresión)”.

Componentes de las emociones

La multidimensionalidad de la emoción parece estar consensuada en la comunidad científica. Lang (1984) defiende esta idea en su Teoría de los tres sistemas de respuesta emocional: cognitivo, motor y fisiológico.

  1. Características conductuales de las emociones

Las emociones tienen un componente conductual que es el expresivo: conductas motoras, gestos faciales o expresiones verbales. Cada emoción conlleva una u otra expresión, o una asociación de ellas.

Cuando una persona se emociona, los neurotransmisores transmiten el mensaje desde el Sistema Nervioso Central a los músculos faciales. Las expresiones faciales de las emociones son respuestas muy estereotipadas y poseen un alto valor comunicativo en los primates humanos y no humanos.

Las emociones inducen al sujeto a realizar actos motores o a inhibirlos, por ejemplo, la alegría produce una sensación de energía, de ganas de hacer alguna actividad. La ira produce movimientos de ataque hacia la otra persona, conductas de violencia física y/o verbal. La tristeza produce inhibición o parálisis de movimientos. El miedo produce movimientos de huida.

Cada emoción produce además, un tipo de contenido verbal propio. La alegría produce comentarios relativos a lo bien que ha resultado, o ha funcionado o ha ocurrido lo circunstancia que lo ha provocado. La ira produce contenidos verbales de amenaza, de descalificación, de agresión. La tristeza inhibe la expresividad. El miedo puede inhibir la expresión verbal o inducir a la verbalización de interjecciones o gritos relacionados con el socorro o auxilio.

Como comenté anteriormente, las conductas no verbales (expresividad facial y componentes paralinguísticos) acompañan a las emociones. Las emociones que han sido estudiadas en estos aspectos, según Antonio Vallés (2000), son la sorpresa, miedo, ira, disgusto, felicidad y tristeza; y en menor medida, estados emocionales como el interés y la vergüenza (Knapp, 1980).

Ekman (1978), a través de la técnica de clasificación del afecto facial -FAST- establece tras zonas en la cara que expresan el afecto.

a) La zona cejas/frente.
b) La zona ojos/párpados/área del caballete de la nariz.
c) La parte baja de la cara. Zona de la mejilla/ nariz/ boca/ mentón/ mandíbula.

Sus investigaciones apuntan que para cada emoción particular existe una determinada zona facial que produce una información mayor y más cualitativa. La distribución es la siguiente:

Disgusto: Se expresa en la zona nariz/mejilla/boca.
Miedo: Se expresa en la zona de los ojos/párpados.
Tristeza: Se expresa en las cejas/frente.
Felicidad: Se expresa en la zona de la mejillas/boca y ojos/párpados.
Sorpresa: Se expresa en cualquiera de las zonas de la cara.

Luego, ya se concreta más, por ejemplo la sorpresa sería, según Ekman: cejas levantadas, colocándose curvas y elevadas, piel estirada de las cejas, arrugas horizontales surcan la frente, párpados abiertos (parpado superior levantado y párpado inferior bajado; el blanco del ojo puede verse por encima del iris aunque en ocasiones se coloca debajo), la mandíbula cae abierta, de modo que los labios y los dientes quedan separados, pero no hay tensión ni estiramiento de la boca.

- La alegría se acompañaría además de por la expresión facial, por gestos con las manos, con sonrisa y risa, con elevación del volumen de la voz, y el habla rápida.
- La ira produce elevación del pecho y los hombros, aumento del volumen de la voz y  fruncir el ceño (elevación de las cejas).
- El miedo se acompaña, o bien de conductas motoras de parálisis, o de huída.

En el siguiente cuadro, las expresiones prototípicas de las emociones universales (Ekman y Friesen 1978; Russell, 1991), Adaptación de Vallés Arándiga A., y Vallés Tortosa C., (2000):

Emoción

Gesto Facial

Alegría

Retraimiento oblicuo de las comisuras de los labios (sonrisa) y elevación de las mejillas.

Ira

Ceño fruncido. Se aproximan y descienden las cejas, se retrae el párpado superior y se eleva el inferior. Boca con rictus típico de amenaza. Estrechamiento de labios, dientes apretados.

Miedo

Elevación y aproximación de las cejas. Ojos y boca abiertos, alargamiento de las comisuras de los labios

Sorpresa

Similar a la del miedo pero sin aproximación de las cejas ni alargamiento de las comisuras de los labios mientras la boca se abre al descender la mandíbula.

Tristeza

Elevación y aproximación de las cejas, comisuras de los labios descendidas y elevación de la barbilla.

Asco

Nariz arrugada, descenso general de la parte inferior de la cara: labio inferior, mandíbula y comisura de los labios.

b) Características Psicofisiológicas de las emociones.

Las emociones producen respuestas somáticas caracterizadas por alteraciones funcionales en los distintos aparatos, sistemas, músculos y órganos del cuerpo. Cristobal (1996), señala las principales repercusiones:

-GSR, Galvanic Skin Response; la piel altera su temperatura.
-Cambios en la distribución de la sangre. Hay lugares en los que se produce una mayor afluencia de sangre (enrojecimiento cutáneo externo) y otros en los que se produce una mayor constricción (palidez o fría).
-Alteración del ritmo cardíaco, que se acelera o ralentiza (taquicardia o bradicardia).
-Modificación de la respiración (jadeos o suspiros).
-Respuesta pupilar lenta.
-Secreción salivar anormal (o mucha o poca).
-Respuesta pilomotriz en la nuca.
-Movilidad gastrointestinal (ganas de orinar, defecar o vomitar).
-Tensión muscular (temblores o castañeteo de dientes).
-El sudor puede percibirse como helado.
-La presión sanguínea aumenta.
-Hiper o hipofuncionamiento hormonal.
-Alteración del metabolismo de los neurotransmisores.

En el caso, por ejemplo, de la ansiedad, ésta se manifiesta corporalmente a través de una extensa sintomatología que afecta a diferentes aparatos y sistemas, así como al comportamiento general del individuo. En la medida en que la ansiedad es más elevada aumentan dichos síntomas en intensidad o extensión.

En el caso de algunas emociones negativas como el miedo o la ira, la ansiedad es un componente muy importante que produce hiperactivación psicofisiológica.

c) Características cognitivas de las emociones.

Las cogniciones del sujeto ejercen un papel preponderante en la elicitación y mantenimiento de las emociones, así como en el impacto emocional que se manifiesta en el comportamiento.

Entre las cogniciones cabe destacar, las creencias, los razonamientos, los esquemas de conocimiento, y las atribuciones.

Las atribuciones son determinantes en la génesis de los estados emocionales; son las asignaciones de causas a los acontecimientos, y de cómo lo hagamos depende que se produzcan unas u otras interpretaciones que, en algunos casos, pueden ser erróneas y producir estados afectivos negativos, como es el caso de la decepción, la tristeza, frustación, ansiedad, depresión y por tanto, producir una baja autoestima general.

La clasificación del estilo atribucional es la siguiente:

Según la procedencia de las causas:

Locus of control interno. Cuando el sujeto atribuye las causas de los acontecimientos a uno mismo. Por ejemplo. “Elisa está triste por mi culpa”.

Locus of control externo. Cuando se atribuyen las causas de los acontecimientos a otra persona. “La culpa de sentirse así la tiene ella, se lo tiene merecido”.

Según la estabilidad de las causas:

Causas estables. Cuando las causas tienen un carácter permanente. “Siempre lo haré mal porque yo soy así”.

Causas inestables. Cuando las causas son funcionales o disfuncionales según la situación. “Siempre que me hagan un examen así me desanimaré”.

Según afecte a  la totalidad o parcialidad de las causas.

Causas globales. Las causas se atribuyen a la totalidad de la situación. “Siempre que sea el examen de Matemáticas me suspenderán”.

Causas específicas. Un ejemplo sería “Aprobé el examen porque me salió un problema fácil”.

Por ejemplo, en las personas con baja autoestima se da una vulnerabilidad cognitiva cuando se tiene un estilo atribucional depresivo, produciéndose estados emocionales de desánimo; y el pensamiento para la interpretación de los acontecimientos negativos se caracteriza por tendencia a hacer atribuciones internas, estables y globales Vallés Arándiga A., y Vallés Tortosa C., (2000).

La consecuencia es por tanto, la creación de una expectativa general de indefensión personal y continua.

El enfoque multidimensional de Reeve.

También respecto a los componentes de las emociones, los autores Villanova Navarro, J. S. y Clemente Carrión, A. (2005), destacan a Reeve, (1996), el cual considera la emoción como un fenómeno multidimensional, compuesto por cuatro aspectos fundamentales:

-Fisiológico. Las emociones suponen respuestas fisiológicas a dos niveles; al nivel del Sistema nervioso central (autónomas), que sirve para facilitar las respuestas conductuales propiciando una rápida movilización de energía a los órganos que intervienen en el movimiento, con el fin de hacerlo lo más rápido y adecuado posible; y a nivel hormonal, que refuerzan las respuestas autónomas,  y su efecto sobre el organismo.
-Funcional. Está constituido por las conductas concretas asociadas a cada situación, es sobre las que actúa la selección natural, y las responsables, en última instancia, de la presencia de las emociones en nuestro repertorio conductual, ya que un organismo que no presente las respuestas adecuadas a cada una de las situaciones tiene más dificultades para subsistir.
-Expresivo. Las emociones producen expresiones faciales y corporales características que comunican nuestras experiencias emocionales internas a los demás. Lo que también demuestra tener su importancia a la hora de garantizar la supervivencia de la especie, ya que la sociabilidad ha sido una de nuestras características desde el principio.
-Cognitivo-subjetivo. Las emociones hacen que nos sintamos de una manera en concreto, a este estado afectivo lo denominamos sentimientos, y es posiblemente éste, el aspecto de la emoción que tardado más en aparecer en nuestro proceso evolutivo.

La emoción podría definirse, por tanto, según Villanova Navarro, J. S. y Clemente Carrión, A., como un constructo psicológico compuesto por un fenómeno subjetivo, una reacción fisiológica,  una funcionalidad, y una expresión, pero que al mismo tiempo es capaz de aglutinar en un todo coherente a estos cuatro componentes constitutivos.

El desarrollo de las emociones, sigue paralelo al desarrollo cognitivo, y al desarrollo moral. El aprendizaje emocional tiene lugar desde los primeros meses de vida del niño. Los lactantes son capaces de expresar y de discriminar desde los tres meses de edad las emociones de alegría, ira, miedo, tristeza, sorpresa y desagrado (Iglesias, Loeches y Serrano, 1989).

Los estilos afectivos y emocionales

En cuanto a los estilos afectivos como conjunto de rasgos emocionales que poseen cierta estabilidad como respuesta y que definen o caracterizan al sujeto en sus reacciones ante determinadas situaciones que elicitan, en general, un mismo rango de respuestas emocionales Lafuente, Cantero y Melero (2000), establecen los siguientes estilos:

-El apegado seguro. Muestra curiosidad por lo que le rodea, confianza en sí mismo y en los demás. Es sociable y autónomo y posee un elevado nivel de autocontrol. Muestra una buena capacidad de adaptación a las diferentes situaciones y circunstancias.
-El apegado ambivalente. Inseguridad en sus comportamientos, se queja habitualmente del comportamiento de los demás, es dependiente y posee escasas habilidades de autocontrol. Tiene dificultades para explorar y afrontar las situaciones novedosas y posee un autoconcepto más negativo.
-El apegado alejado. Rehuye las relaciones interpersonales, es exageradamente autosuficiente, frío y distante, se excede en el autocontrol.
-El apegado temeroso. Necesita relacionarse con los demás, pero teme hacerlo y se aísla. Posee un bajo autoconcepto.

¿Cómo se producen las emociones?

Para Vallés Arándiga, A. y Vallés Tortosa, Consol (2000), las emociones se manifiestan como alteraciones súbitas, rápidas e intuitivas de nuestro estado de ánimo que experimentamos casi sin darnos cuenta. Son provocadas por ideas, recuerdos o acontecimientos que producen reacciones rápidas que conducen a actuar en función de lo que sentimos en ese momento.

La emoción producida da paso a un estado de ánimo que denominamos sentimiento. Así por ejemplo, después de una emoción súbita de tristeza producida por una mala noticia (desastres naturales, hambre, accidentes…), nos produce un sentimiento de frustración, impotencia, de decaimiento por no poder hacer nada, esto es nuestro estado de ánimo derivado de la emoción negativa, y que se prolonga en el tiempo, es más duradero que la propia emoción.

¿Es antes la emoción o el pensamiento?

Según Vallés Arándiga, A. y Vallés Tortosa, Consol (2000), existen importantes divergencias acerca de si el pensamiento precede a la emoción, o es el estado afectivo el que genera rumiaciones cognitivas que lo mantienen. Willam James ejemplifica uno de los extremos “estoy triste por que lloro” (Del Barrio, 1999). En el polo opuesto se encuentra Lazarus (1991) que afirma que el momento cognitivo valorativo precede a la activación fisiológica.  De acuerdo con estos enfoques opuestos, se han generado diversas teorías acerca de las emociones.

Por otro lado, Torrabadella, (1997), defiende que adiestrar nuestras emociones no quiere decir reprimirlas, significa dilucidar su conveniencia y adecuar su posible expresión. Desde la praxis cotidiana, una actuación inteligente consiste en saber identificar bien el origen y la naturaleza de las emociones en nosotros mismos para poder controlarlas de manera reflexiva, estableciendo relaciones adecuadas entre los pensamientos, las emociones y el comportamiento, como una forma de orientar la vida personal, es decir, empleándolas inteligentemente. Según Antonio Vallés, las emociones básicas o innatas, como la alegría, tristeza, ira/enfado, sorpresa, miedo y el asco/desprecio, son consideradas como universales. Saber convivir con las emociones o sentimientos negativos (ira, frustación, ansiedad, celos, odio, frialdad, arrogancia, pena…) dando paso a las positivas (altruismo, alegría, generosidad, humildad, tolerancia…) es una muestra de inteligencia emocional. Para ello podemos aprender a sustituir unas por otras y a expresarlas adecuadamente, respetando nuestros derechos y los de los demás. Cuando se logra ese aprendizaje, manejar bien una emoción o estado de ánimo, somos capaces de encadenarlos con otros estados de ánimos favorables. Ser hábil emocionalmente consiste en dar significados a los acontecimientos para que las emociones que nos puedan provocar no hagan de nosotros unas personas permanentemente infelices. Las emociones no controladas debidamente pueden producir repercusiones en nuestro cuerpo (somatización). Por ejemplo, cuando estamos ansiosos, aumenta el ritmo cardíaco, opresión toráxico, sudoración, dolor de cabeza, etc. En la medida en que seamos capaces de dar paso a un estado de ánimo positivo, (relajación, tranquilidad, empatía…) estaremos haciendo uso de nuestra inteligencia emocional.

Ahora…

a Emocionarsecon conocimiento.     

¡Felices Emociones!

 

 

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