¿Y tú qué crees?(3ª Parte).
DAVID HERNÁNDEZ,
director de You Coach!
david@newsyoucoach.com
Uno de los efectos más notorios que sobre nosotros tienen las creencias es que determinan en gran medida nuestra calidad de vida. En ocasiones “alumbran” nuestra existencia: “Merezco ser feliz”, o “soy digno de ser amado” pero, desgraciadamente, como señala Rafael Echevarría en “Ontología del lenguaje”: “los juicios son la raíz del sufrimiento humano”. No es difícil entender que en ocasiones sufrimos por las interpretaciones (juicios y creencias) que le damos a un hecho. Si se qué la próxima semana voy a tener que dar un curso ante 20 personas y creo que no sirvo para ello, mi sufrimiento no tendrá límites. En el peor de los casos me generará un miedo paralizante que evitará que realice conductas de afrontamiento a la situación (prepararme la intervención, tratar de conocer los intereses de los alumnos, etc..). Y esa forma de sufrir se asemeja a una “pequeña muerte”. Y es que “morimos” un poco cada día, cuando sucumbimos de lleno al poder de una creencia limitante. Ahí cobra sentido el dilema que plantea Echevarría: no sólo poseemos creencias, sino que las creencias nos poseen a nosotros. Si me ha poseído la creencia “debo hacer las cosas a la perfección” es posible que mi vida sea la historia de una esclavitud a esta creencia. Es lógico suponer que pasaré años y años tratando de satisfacer este instinto y que provoque en mi una constante fuente de insatisfacción. Ante las circunstancias en que las cosas me han ido bien, estaré siempre exigiendo un punto más, una vuelta de tuerca más, porque las cosas hay que “hacerlas perfectas siempre”.
La solución a todo esto pasa por una verdadera “higiene” mental, revisar de cabo a rabo nuestras creencias y descubrir si nos son útiles. Es cierto que es algo especialmente difícil, ya que supone poner en entredicho algunas “verdades” que hemos aprendido de pequeños: hay que sacrificarse por los demás, es malo pensar en uno mismo, si no te esfuerzas no puedes tener éxito, etc...
Robert Dilts enuncia esto de una forma magistral: abrirnos a dudar, a poner en entredicho las piedras que cargamos en nuestra mochila. ¿Qué creencias no me son útiles? En este sentido un proceso de coaching para el cambio de creencias puede ser el mejor de los regalos.
Tengamos cuidado con lo que creemos ya que eso configurará nuestra realidad. Tengamos la humildad suficiente para pensar que las cosas no siempre deben ser como las interpretamos, siempre habrá visiones alternativas. Dejemos de creer que la realidad es objetiva y que es eso que ocurre ahí fuera, en la calle. La realidad es subjetiva, está dentro de nosotros, en nuestro cerebro, en nuestra peculiar forma de ver el mundo. Y es esta forma de ver el mundo la que genera consecuencias sobre nosotros cada segundo de nuestras vidas y por tanto determina nuestra calidad de vida.
¿Funciona la PNL?.
XAVIER PIRLA, Director Talent Institut
www.talentinstitut.com
La respuesta obvia y evidente para cualquier que sepa un poco de lenguaje y de hacer preguntas, es: “No”. Claro que no funciona la PNL, por qué la PNL no cura a nadie, no le cambia la vida a nadie, ni hace nada. La PNL no existe y por lo tanto, todavía menos tiene la capacidad de hacer nada. ¿La física nos ha cambiado la vida? No, porque no existe.
Son las personas que utilizan una serie de modelos para interactuar con la realidad los que consiguen afectarla. ¿Existe la música? No. Existen músicos y composiciones musicales. Hablar de la PNL como algo que puede hacer cosas es ridículo, pero todavía lo es más creérselo.
Todo, lo que nos rodea, está por definición, fuera de nosotros y por lo tanto, para entenderlo tenemos que crear un modelo. ¿Hace falta un modelo para vivir en la realidad? No. Los animales lo hacen y en general no tienen un modelo. Para entendernos: un modelo es un conjunto de reglas que permiten comprender el comportamiento de lo que pasa. La física es un modelo (un conjunto de modelos de hecho), la química, la biología, la música (toda la parte teórica), las técnicas de pintura, y todos los conjuntos de creencias que tenemos en nuestro cerebro (“si me duelen los huesos es que mañana lloverá”, ”sólo los más fuertes sobreviven”, “todos los hombres son iguales”, etc.). Para poder afectar nuestro entorno, necesitamos entender su mecánica, y por lo tanto, construir un modelo “mecánico”. Por cierto, las religiones, el esoterismo, el misticismo, el espiritismo (y todo lo que acabe parecido), son modelos (si sigues las reglas vas al cielo, si piensas en positivo atraes cosas buenas, si pones velas negras, si sacrificas a una paloma, etc.).
La PNL también es un conjunto de modelos, que en este caso nos permiten comprender la conducta humana (cómo pensamos, sentimos y hacemos). Con esa aproximación (no tiene que ser la única que exista por supuesto, precisamente por ser un modelo pueden existir más), lo que permiten los modelos que conforman la PNL, es entender el “mecanismo” propio y característico de cada ser humano para poder afectarlo (conseguir cambios en él).
Aclarado este punto (que pocos de los que hablan de la PNL parece que lo tienen claro (si nos basamos en lo que dicen)), vamos a hablar de para qué sirve la PNL.
La PNL sirve para ayudar a personas (vendedores, médicos, terapeutas, coachs, formadores, etc.) a generar mejores interpretaciones de lo que pasa en la mente del resto de las personas, y de este modo, poder generar cambios en ellas. Estos cambios son básicamente, cambios en su propio modelo de la realidad (de la de sus clientes, pacientes o lo que sean). Por ejemplo, alguien que no cree que necesita comprar el producto del vendedor, un paciente que no quiere tomarse las pastillas, dejar de fumar o practicar más deporte, una mujer que piensa que el mundo es una amenaza, etc. Todos son modelos de la realidad que limitan al que los tiene o al que tiene que interactuar con el que los tiene.
Un buen “PNLista” (perdón por la palabra) es el que sabe crear modelos que le permitan conseguir sus objetivos o utilizar los modelos que ya existen para construir otros más precisos. Por supuesto, también es el que sabe utilizar las aplicaciones que han hecho otros utilizando dichos modelos (las famosas técnicas), pero sólo como ayuda no como fin.
Si consigues “leer” mejor la realidad (lo que les pasa a los demás, lo que te pasa a ti, lo que pasa a tu alrededor), vas a poder interactuar con ella de una manera más precisa: vas a poder definir objetivos más precisos, utilizar mejor tus recursos (modelos que hay dentro de tu cabeza sobre ti y tu entorno) para sentirte como deseas, conseguir que los demás tengan mejores modelos para ellos, etc. Por este motivo, se considera a la PNL una metadisciplina, por qué nos permite comprender mejor cualquier otra disciplina. No se trata de si la PNL es mejor o peor que cualquier otra cosa, sino de si la “otra cosa” es un conjunto de modelos que permitan describir la conducta humana de una manera parecida a como lo hace la PNL.
¿Funciona la PNL? Pues depende de lo que hagas con los modelos para describir la realidad. La pregunta podría ser: ¿Qué capacidad tienen los modelos de la PNL para describir lo que tiene que describir? La respuesta sólo se puede dar en forma de los resultados que se obtienen. Si consigue afectar a la realidad del modo esperado, entonces el modelo es válido. Pero lo cierto, es que no sólo es necesario tener un buen modelo para obtener resultados, sino que alguien sepa qué hacer con esa información. Por lo tanto, al menos hay dos condiciones: que el modelo sea bueno y que el que lo opera también.
Por lo tanto, responder a esa pregunta lleva sin querer a cierto grado de incertidumbre, ya que para poder decir que no funciona, tendríamos que descartar el factor humano, y resulta que sin el factor humano, no se pueden obtener resultados. Dicho de otro modo: ¿Es la magia que no funciona, o es Harry Potter que no sabe utilizarla? Supongo que se percibe la paradoja, ¿verdad?
Con estas premisas, quien quiera aprender PNL le tiene que quedar claro, que los resultados más potentes no vendrán de aplicar productos prefabricados por otros, sino de saber utilizar y crear modelos que nos permitan obtener lo que queramos. Es decir, se trata de aprender a ser un “modelador”.
Lamentablemente, pocos enseñan o saber enseñar a ser mejores “modeladores”.
Es mucho más simple para el formador (y menos útil para el alumno) hablar de técnicas, que de modelos, y especialmente no entrenar a personas para que puedan generarlos ellos mismos.
Pero aplicando técnicas como el chimpancé que aprieta botones, sin tener modelos claros para “leer” lo que está pasando, y sólo confiando en lo que los demás dicen de lo que funciona, no se puede escapar de la paradoja sobre si se están obteniendo resultados, y de cuál es la variable que falla.
Esa paradoja, y la ausencia de resultados por no tener las habilidades necesarias, es lo que hace a muchos desistir después de una formación deficiente. ¡Ánimos, todavía hay esperanza!
El Ave Fénix
ANNA FORTEA, Coach.
anna.fortea@gmail.com
Era un soleado día de verano, Carmen era estudiante de Derecho y estaba en plena época de exámenes. Estaba preparando un examen oral de Derecho Penal. Cada vez que se veía subiendo a la tarima delante de todos sus compañeros a responder las preguntas del profesor, le temblaban las piernas, aparecía el sudor frío y sentía una taquicardia. Era tan importante aprobar… que no sabría qué podía pasar si no lo hacía. Sonó su teléfono móvil, era un mensaje de Miguel, un buen amigo que ese día recogía su coche nuevo del concesionario. El mensaje decía “asómate a la ventana y verás la joya que me he comprado”. Carmen se asomó, pero al ver el flamante coche, no se pudo resistir y le hizo señas de que no se fuese, que iba a bajar. En un segundo estaba bajo admirando el coche de su amigo. Él la invitó a conducirlo y sin pensárselo se puso al volante, salió del pueblo, y se encaminó hacia la ciudad por la autovía. Por el camino iban charlando de muchas cosas, los exámenes de ella… la nueva conquista amorosa de él…
A la vuelta, estaban parados en un semáforo a la salida de la ciudad mientras Miguel contaba un chiste sobre un avión y Carmen reía alegre. En ese momento, se oyó un ruido muy fuerte y Carmen escuchó cómo Miguel maldecía… todo se volvió distinto, sabía que se movía pero no hacia qué dirección ni por qué, soltó los pedales y el volante dejándose llevar y pensando que iba a morir. No entendía muy bien qué pasaba, pero cuando abrió los ojos vio a su amigo con los ojos cerrados y la boca abierta. En seguida se acercó un chico y le preguntó cómo estaba, a lo que ella sólo podía contestar “le he matado”. Le dijeron que saliese del coche, pero ella no quería, se sentía tan culpable que sólo deseaba que el coche explotase con ella dentro. Mientras tanto, alguien intentó abrir la puerta del coche para intentar sacarla a la fuerza, pero se dieron cuenta de que no se abría. Al cabo de un rato, Miguel abrió los ojos, miró a Carmen, sonrió y le dijo “mala hierba nunca muere”. Una vez recuperado, Miguel se dio cuenta de que Carmen estaba atrapada por el chasis del coche, que se había arrugado como un papel cuando ya no sirve. No pasó mucho tiempo cuando llegaron los bomberos junto a la ambulancia, mientras intentaban sacarla del coche, Carmen empezó a escuchar el relato de lo que había sucedido de boca de los testigos que se apiñaban alrededor del coche y empezó a comprender que había tenido un accidente. Según oía a la gente, habían dado tres vueltas de campana y se habían desplazado hasta el otro carril, ahora se daba cuenta de que no le sonaba estar allí antes. Todos estaban muy preocupados, pero ella estaba bien, no le dolía nada, sólo la cabeza, eso sí, el dolor de la cabeza era terrible.
Una vez estuvo fuera del coche, la pusieron en una camilla, le pusieron un collarín enorme y la subieron a la ambulancia. Fue de camino al Hospital cuando se dio cuenta de que sólo le dolía la cabeza porque no sentía el resto del cuerpo. Miguel intentaba mantener el ánimo y seguía contando anécdotas para distraerla, mientras la doctora se esforzaba en hacer todo tipo de pruebas.
Se quedó ingresada en el hospital, tenía una lesión en un ojo que hubo que operar y su familia no la dejaba sola en ningún momento. Todas las noches se quedaba su madre a hacerle compañía. Carmen se hacía la dormida para que su madre pudiese descansar, y entonces la oía llorar noche tras noche, hasta que un día abrió los ojos y le preguntó a su madre por qué lloraba, a lo que ella contestó llena de tristeza “me han dicho que no volverás a andar”. Carmen, con la espontaneidad que la caracterizaba, le contestó “eso es lo que creen ellos, esos no me conocen”.
Al día siguiente, cuando llegó el médico, Carmen le preguntó abiertamente si no había nada que hacer al respecto, si estaba condenada a vivir el resto de su vida postrada en una cama y le explicó que al principio no notaba nada de cuello para abajo, pero en ese momento ya notaba los brazos y el tronco, así que ella confiaba en que pasaría lo mismo con el resto del cuerpo. El médico le explicó que iría sintiendo más algunas partes de su cuerpo, pero de cintura para abajo no sentiría nada, ya que tenía una lesión en la médula. Ella le pidió una alternativa, no podía creer que con veinte años, y en un pestañeo, sus preocupaciones hubiesen cambiado tanto, de tener pánico a suspender un examen, a pensar que estaría el resto de su vida dependiendo de los demás.
Al cabo de un rato, el médico volvió a entrar en la habitación para comunicarle que había un tratamiento experimental, que consistía en inyectar una sustancia en la médula espinal. Eso no le garantizaba nada, ya que no sabían si mejoraría o incluso empeoraría, pero lo que ella tenía claro es que no se iba a rendir sin intentarlo. Sus padres intentaron convencerla de que no lo hiciese, por miedo, pero ella estaba decidida, firmó los papeles y al día siguiente la trasladaron al nuevo hospital donde iban a realizarle el tratamiento.
Durante dos meses, el día a día fue muy duro, ya que sólo le pinchaban y no veía la mejoría en nada, pero una noche de finales de agosto, Carmen despertó por un pinchazo muy fuerte que sintió en la cadera y lloró de alegría… No quiso que le pusieran ningún calmante, ya que la felicidad que sentía era causada precisamente por ese dolor y quería sentirlo siempre. Al día siguiente quiso bajar al gimnasio con más alegría que nunca. Allí contó a todos que sentía dolor, de hecho tenía que parar su rutina por los pinchazos que iba sintiendo a lo largo de las piernas, pero respiraba hondo y se volvía a incorporar a las tareas en seguida.
Al cabo de un mes de entrenamiento, podía andar en las barras y utilizaba el andador como si nunca hubiese dejado de andar. Un día se soltó del andador y por fin lo hizo sola, estaba andando de nuevo. Las lágrimas rodaron por su cara y se dio cuenta de que lo había conseguido…
Muchas gracias a todos.
La magia de nuestros Hemisferios.
MERCEDES GONZALEZ, Asesora literaria.
eldesvandelasletras@yahoo.es
www.eldesvandelasletras.com
Para llegar a conseguir sinceridad en nuestro trabajo a través de la escritura, debemos aprender a buscar en nuestro interior al escritor que llevamos dentro. Para poder realizar esa tarea de búsqueda, conviene en principio que nos reconozcamos a nosotros mismos como personas creativas. Para facilitar nuestra tarea, es interesante conocer el funcionamiento de nuestro cerebro y averiguar cuál de los dos hemisferios utilizamos con más asiduidad. Nuestro estudio comienza con una breve descripción de la dualidad cerebral.
El cerebro es una unidad dividida en dos hemisferios: hemisferio izquierdo y hemisferio derecho. Cada hemisferio es capaz de funcionar independientemente del otro.

Si te defines como una persona radical, de ideas fijas y estricta en tus ocupaciones, si piensas de manera objetiva, analizando cada detalle y cuestión de aquello que se te plantea, si estudias la situación, la analizas, la calculas, tú podrías ser (o quizás ya eres) ingeniero, médico, abogado, economista... Utilizas el lenguaje verbal con exactitud apropiada. No crees en los buenos intentos, sino en los grandes resultados. Eres, querido amigo/a, todo un cerebro izquierdo.
Si, por otro lado, te gusta soñar despierto/a, eres impulsivo/a, emocionalmente sensible, si la subjetividad es el espejo de todas las cosas que visualizas, tanto interior como exteriormente y te expresas mucho mejor a través de la palabra escrita que oralmente, tú podrías ser (o ya eres) pintor, escritor, trabajador social, músico, sociólogo... Te lanzas con ilusión hacia tus metas. Siempre andas repleto/a de ideas, aunque en ocasiones te asusta el miedo al fracaso. Tu lema es: la creatividad y el pensamiento continuo. Es decir, eres todo un cerebro derecho.
No quiere decir que sean mejores los cerebros derechos que los izquierdos, o viceversa, y tampoco que se deba juzgar a las personas por sus «preferencias cerebrales». Es cierto que una persona que utiliza el cerebro derecho es una persona un tanto insegura y que vive con los pies un poco fuera de la tierra. Pero también es cierto que su parte cultural es muy importante y que, dependiendo de la función laboral que desempeñe, sus preferencias cerebrales pueden incluso cambiar.
Lo mismo ocurre con aquellas personas de perfil izquierdo. Tampoco es bueno del todo ser demasiado objetivo y estricto con nuestras emociones y con las tareas que diariamente tenemos que realizar. También un perfil izquierdo puede dar lugar a un cambio a perfil derecho según su ocupación, su modo de vida, etc. Lo ideal sería trabajar en equipo, es decir, que el «cerebro derecho» y el «izquierdo» se unieran, por ejemplo, para escribir un libro. Siendo así:
- Los cerebros derechos, con sus propios métodos, inducirían a los izquierdos a ser más imaginativos.
- Por el contrario, los izquierdos ayudarían a los derechos a ser más concienzudos, ordenados y rigurosos a la hora de confeccionar y organizar el contenido del libro.
Aprovechemos nuestra creatividad. Para comunicarnos con nosotros mismos utilizamos el pensamiento. Habitualmente, lo hacemos mediante imágenes que nos transmite el lado derecho de nuestro cerebro. Pero estas imágenes se nos presentan de modo abstracto. Para poder transmitirlas a otras personas, hay que recurrir al cerebro izquierdo, que es el que las convierte en lenguaje.
En todo momento, nuestro lado cerebral derecho se convierte en una máquina de pensar que desprende ideas por segundos. La mayoría de estas ideas quedan olvidadas, porque no le prestamos atención al mensaje que contienen, o simplemente porque no nos interesan o tenemos enfrentarnos a ellas. No les damos importancia a la mayoría de ellas y, por eso, no nos preocupamos de retenerlas. Quizá cuando nos encontramos a solas somos capaces de escuchar esa voz interior que nos las dicta. En cualquier caso, durante el día perdemos muchos pensamientos, que, si se anotaran y estudiaran, podrían ser la clave que guarde el secreto de nuestro éxito en nuestro trabajo personal y, ¿por qué no? Incluso como escritores.
La anotación de palabras sueltas o de frases a medio terminar, correspondientes a nuestros pensamientos, evitará la censura radical de estas ideas abstractas por parte del cerebro. Es como anotar los sueños nada más despertarnos. Si dejamos pasar tan sólo unos segundos, estaremos perdiendo mucha información. Y si los segundos se convierten en minutos, apenas recordaremos nada.
Mientras respondas los cuestionarios y ejercicios que se irán proponiendo, deberás enfrentarte a esa lucha interna entre tus dos hemisferios. Deja que la voz de tu hemisferio derecho hable primero, no le censures. Evita pensar mientras escribes, simplemente anota todo lo que tu mente te vaya dictando. No importa la coherencia que puedan tener tus frases, olvídate de tus limitaciones y concédete el permiso de escuchar lo que tu inconsciente desea transmitirte. Después, días más tarde, será tu hemisferio izquierdo quien te ayudará a analizar lo escrito y puede que te sorprendas al comprobar que tenías en tus manos todas las respuestas que, incluso, aquello que pensabas, que deseabas era tan sólo fruto de un vacío que necesitaba llenarse de otros alicientes. Puede, casi te aseguro, que descubras realmente la persona que eres, lo que necesitas, lo que no deseas en tu vida, las capacidades latentes en tu persona a las que no has sabido sacar partido por desconocer su existencia.
Pronto te reencontrarás con tu mejor amigo, aquel que siempre está contigo y que te guiará hacia el camino del autoconocimiento.
¿Bailas conmigo?.
SARA USERO, Psicóloga, orientadora social y alumna de la Certificación Profesional de Coaching de International Coaching School
sarapsico.ub@gmail.com
La música y el baile son dos artes que se complementan y forman la belleza y la fuerza que son la base de la felicidad humana". (Sócrates).
Cierro los ojos durante unos segundos y me dejo llevar…el ambiente me envuelve, la luz tenue y suave, desconocidos bailan a lo lejos contentos. La música me invita a moverme sin pensarlo, a deslizar mi cuerpo sin buscarle ningún sentido…ahora sí, aquí y ahora me siento bien, feliz y sin preocupaciones…
¿Has sentido alguna vez esa sensación? ¿Cuántos recuerdos puedes traer en este momento en los que el baile estaba presente? ¿Con quién estabas mientras bailabas? Si te invitaran a bailar ahora… ¿Qué dirías? Pues bien, yo te invito a disfrutar de todos los beneficios y momentos buenos que el baile te puede ofrecer: mejorar las relaciones personales (ayuda a superar la soledad y la timidez), reducir el estrés y la ansiedad al liberar tensiones y aumentar la relajación, potenciar la confianza en uno mismo, ayudar a expresar emociones, despejar la mente, y por si fuera poco, sonreír. Rara vez nos encontramos con personas en la pista de baile que no parezcan contentos, ¿verdad?
A todo esto añadimos además los beneficios físicos: estimula la circulación sanguínea y la respiración, mejora la flexibilidad y la resistencia, fortalece los músculos, mejora el aspecto físico, potencia la concentración, memoria, equilibrio y coordinación de movimientos, etc.
En el baile toda iniciativa vale, como quieras moverte, qué pasos realices, si lo haces solo o en compañía, todo vale si te hace sentir bien. Es tu forma de expresión y una forma de comunicación que utiliza un lenguaje no verbal. Se hace por alegría, diversión, desfogue de energía, como forma de vida, crecimiento personal y como terapia. Algunas de sus expresiones más singulares son la Biodanza y la Danzaterapia:
La biodanza (Bios: vida; Danza: movimiento que se realiza con el cuerpo) es un movimiento de vida con el que alcanzar el bienestar integral: psicológico, fisiológico y emocional. Es una forma de desarrollo personal, se realiza siempre en grupo y su metodología se apoya en sesiones que se inician fomentando la comunicación entre el grupo para trabajar a continuación la parte vivencial de la danza a través de movimientos libres, bajo una música seleccionada para despertar ciertos sentimientos y emociones según cada momento.
La danzaterapia consiste en el uso terapéutico del movimiento a través de la danza, para fusionar cuerpo y mente, para liberar emociones y sentimientos y lograr cambios en el comportamiento a través de nuestro propio conocimiento. El cuerpo y su movimiento reflejan la personalidad y los conflictos internos de la persona, por ello a través del cuerpo y de su expresión en la danza vemos como se vuelven más tangibles y manejables las emociones y los pensamientos.
Entre las muchas cosas que podemos hacer y descubrir para conocernos, querernos, aceptarnos y disfrutar, yo incluiría el baile como una buena práctica que nos aporta felicidad, paz y tranquilidad…Te invito a bailar.
"Cada día ofrécete una oportunidad para que respires, te descalces, y bailes" (anónimo)