LA MONTAÑA Y EL RÍO
Dos voces se lamentaban. La más brillante decía:
"Yo era fuente de vida. Los pueblos vivían a mí alrededor. Regaba las cosechas, criaba peces, colmaba la sed y hasta servía de medio de transporte."
La otra, más profunda, le replicaba:
"Yo era quien te alimentaba con mis fuentes y te guiaba para que no te perdieses en la llanura. Además fabricaba madera y daba de comer a los rebaños en mis laderas."
Un hombre que pasaba por allí oyó la conversación y apeándose de su montura les dijo:
"¿Dónde estáis? ¡Volved aquí! ¡Dadme de comer! ¡Calmad mi sed!"
"Estuvimos a tu servicio y nos trataste con desprecio, modificando nuestro rumbo y nuestra forma a tu capricho."
El hombre subió de nuevo en su camello y se perdió entre las dunas en silencio.
ROS, Miguel, Cuentos sin Lobo, Editorial Fundación CAN.
Todo lo que observamos en la naturaleza es vida y hace parte esencial de la existencia humana, por lo tanto, cuando la cuidamos y respetamos, es como si lo hiciéramos con nosotros mismos…