José Morgado Nisa
morgadonisa@gmail.com
www.sembrandocoaching.blogspot.com

Una aproximación al coaching para familiares y cuidadores de personas con Alzheimer
Déjenme que empiece este articulo con una metáfora extraída del libro de Bucay: “Déjame que te cuente: Los cuentos que me enseñaron a vivir”:
“Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera... El primer día se presentó al capataz, que le dio un hacha y le asignó una zona de bosque. El hombre, entusiasmado, salió a talar. En un solo día cortó dieciocho árboles.
-Te felicito- le dijo el capataz-. Sigue así.
Animado por las palabras del capataz, el leñador se decidió a mejorar su propio trabajo al día siguiente. Así que esa noche se acostó bien temprano. A la mañana siguiente, se levantó antes que nadie y se fue al bosque. A pesar de todo su empeño, no consiguió cortar más de quince árboles.
-Debo estar cansado-pensó, y decidió acostarse con la puesta de sol.
Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad.
Al día siguiente fueron siete, luego cinco y el último día estuvo toda la tarde tratando de talar su segundo árbol. Inquieto por lo que diría el capataz, el leñador fue a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se estaba esforzando hasta los límites del desfallecimiento. El capataz le preguntó: ¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez?.
¿Afilar? No he tenido tiempo para afilar: he estado demasiado ocupado talando árboles”.
He traído a colación esta metáfora, porque creo que explica con bastante nitidez un tema complejo como es el de los cuidadores de personas con Alzheimer. Aunque en realidad debería decir cuidadoras, ya que ellas son el 83% o el 90% según que estudios se utilicen de referencia. No podemos negar que en nuestra sociedad, hay expectativas no escritas sobre quien debe de cuidar en caso de que sea necesario. Ser mujer: hija, nuera, hermana, sobrina o nieta, son un factor asociado a ser cuidadora.
Las cuidadoras/es son un “recurso” esencial, realizando una función que permite mantener funcionalmente el mayor tiempo posible a las personas con Alzheimer, estimulando las funciones que todavía están conservadas y supliendo las capacidades perdidas.
El cuidado de los mayores dependientes no es un fenómeno novedoso. Antes de que se pusiese en marcha en nuestro país el sistema de asistencia sociosanitaria universal, los “cuidadores informales” eran la principal y casi única fuente de apoyo de los mayores dependientes. Lo que ha cambiado en las últimas décadas es la cantidad de personas que desempeñan el rol de cuidadores, la duración de los cuidados y las tareas que tienen que desempeñar.
Pero aunque este sea un fenómeno generalizado no debe olvidarse que se espera que en el 2050 España sea el país del mundo con mayores tasas de dependencia de personas mayores (Naciones Unidas, 2002). En España se ha producido un aumento de la dependencia muy importante y de una manera brusca, con lo cual se trata de un fenómeno nuevo para nuestra sociedad, que conviene ser abordado de la manera más rápida y diligente posible (Rivera, 2001).
La vida del cuidador, en la mayoría de las ocasiones se organiza en función del enfermo, haciendo que los cuidados tengan que ser, por fuerza, compatibles con la actividad de la vida cotidiana. En el caso del Alzheimer, el horario vital del cuidador/a está adaptado en función del enfermo al que se atiende.
En los últimos años, los cuidadores de personas mayores dependientes han sido ampliamente investigados, pues representan un problema con dimensiones no solo personales, sino también familiares y sociales. La mayor parte de los estudios científicos sobre cuidadores familiares de personas mayores giran en torno a cuatro temas, (Izal, Montorio, Márquez, Losada, Alonso, 2001):
a. El estrés de los cuidadores
b. El empleo de servicios formales por parte de quienes tienen que cuidar a un mayor
c. Las intervenciones con cuidadores y su eficacia
d. Diferencias y similitudes transculturales de los cuidadores
Por lo tanto, también la investigación científica reciente ha tratado en parte de conocer mejor la problemática sociosanitaria de los cuidadores. Pero ya desde hace tiempo que los psicólogos y psicoterapeutas se vienen preocupando por la influencia que pueda tener el cuidado de un ser querido sobre la salud de los cuidadores.
En este artículo quiero hacer una aproximación al coaching para familiares y cuidadores de personas con Alzheimer, acercando algunas reflexiones sobre las, a mi entender, amplias posibilidades que ofrece el coaching en este campo.
Hay un amplio consenso en que es esencial “cuidar al cuidador”. Aspectos tanto de salud como de bienestar personal, mejora de competencias y destrezas para el cuidado y auto cuidado serían entre otros las áreas a abordar. Se trata de afrontar el reto de un “desgaste físico y emocional”. Parece ser que, en general, las personas que ejercen de cuidadores/as no vigilan su salud, pues las tareas son muy considerables y ante las “pequeñas señales de alarma” (dolor, tristeza, insomnio, cansancio…) continúan cuidando sin prestar atención (como el leñador del cuento con el que se abre este artículo).
El coaching puede ayudar, y mucho, al cuidado de los aspectos, físicos, emocionales y sociales del cuidador/a, mejorando mucho su calidad de vida y sin esperar a que el o ella mismos se conviertan con el tiempo en “otra persona enferma”.
El coaching puede ayudar a programarse, a ser y vivir con objetivos propios (no solo en función de los de otros).
El coaching puede ayudar a la persona a hacerse consciente de la necesidad de poner límites al papel de ciudador/a a favor de si mismo. La persona podrá desarrollar una actitud favorable y activa en la búsqueda de soluciones de una forma positiva, introduciendo cambios en la tarea que ha asumido y, sobre todo, hacerla compatible con su PROYECTO DE VIDA.
Las diversas herramientas del coaching para establecer el “orden de valores”, la distribución del tiempo y el uso y significado del mismo, así como el establecimiento de un Plan en base a objetivos concretos, verificables, queridos y sentidos por la persona que cuida al enfermo de Alzheimer, alejará posiblemente a estas personas de una serie de malestares, faltas de sentido, cansancio vital, etc. y le facilitara un desarrollo humano mas allá de la responsabilidad de cuidar a un familiar enfermo crónico.
El coaching puede cambiar la palabra “cuidar al cuidador/a” por “acompañar al cuidador/a”, que opta por atender a una persona con la enfermedad de Alzheimer. No se trata de “esperar” a que el cuidador/a “empiece a enfermar”. Se busca el facilitar la creación de puentes que conecten a la persona desde el lugar en el que se encuentra ahora, con el lugar al que desea llegar, para conseguirlo.
Es un proceso de desafío, de re-descubrimiento, de proceso de aprendizaje y no de aceptación sumisa de una situación dura y dolorosa. Es un “despertador” para evolucionar y llegar a ser lo mejor posible, aprovechándola máximo las posibilidades personales. El coaching aborda los aspectos del lenguaje, la corporalidad y la emoción, que están íntimamente ligados y entrelazados entre si.
En resumen, creo que el coaching puede ser muy útil para las personas que opten por realizar el rol de cuidador/a de un familiar o no, con la enfermedad de Alzheimer. Pueden mejora la toma de decisiones en la atención al enfermo/a. Pueden aumentar su autoconfianza, ganando impulso y energía para los momentos difíciles. Pueden mejorar su empatía, habilidades de comunicación, adaptación al cambio enorme que supone el cuidar al enfermo en su vida, disponer de más herramientas para solución de conflictos y gestión del estrés.
El coaching ha venido para quedarse y acompañar a los familiares y cuidadores/as de personas con Alzheimer. Los coachs tenemos mucho que hacer mediante talleres de formación en habilidades de coaching y en sesiones individuales y en nuestro autoaprendizaje continuo, que es la esencia de este Tesoro llamado COACHING.
¡¡¡¡¡¡Afilemos el hacha!!!!!!!