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nº 28 Septiembre 2010

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ARTÍCULOS

julianUna historia cotidiana. DAVID HERNÁNDEZ,
director de You Coach!

david@newsyoucoach.com

A veces un artículo nace de un pequeño detalle en apariencia significante. Si rascamos un poco detrás de una anécdota de esas que ocurren a diario en la calle podemos encontrar detrás de un hecho sin aparente importancia, una forma peculiar de entender el mundo. Sucedió hace unos días en una de las calles de mi barrio. La escena prometía ser tierna. En la calle José Cubiles,  una madre salía de la puerta de su edificio llevando de la mano a su hija de unos cuatro años de edad. El padre contemplaba la escena desde el balcón de un tercer piso. La niña miró hacia arriba, hacia ese balcón buscando a su padre quien le enviaba un beso de despedida: “adiós papi “, gritó ella. “Adiós cielo-pásatelo bien con mami”, contestó su padre. Hasta aquí todo parecia normal, una tierna escena familiar, en la que la hija acompañaba a su madre mientras su padre se quedaba en casa. A continuación reproduzco el diálogo que se produjo entre madre e hija:

  •  Sandra, ¿A quién quieres más, a mami o papi?
  •  A papi- gritó alegre la niña
  • ¿Cómo? (gritó la madre mientras tiraba bruscamente de la mano de su hija)
  • A papi- celebró de nuevo
  • ¿¿Cómo?? – tiró de nuevo de la mano

La niña se quedó pensó durante dos segundos en silencio
      -… eh,  eh….. ¿a Mami?
      - ¡Ah!- concluyó la madre.

Esta escena suscita varias reflexiones. En primer lugar, creo que Tonny Robbins anda como loco buscando a la madre por la calle Cubiles para que le explique esta impactante técnica a través de la cual con dos tirones de muñeca se cambia totalmente la orientación del amor. En segundo lugar, esa pregunta… además de al ego de la sufrida madre… ¿a quién beneficia?
. En tercer lugar…¿para que se le hace esta pregunta a la niña?.
Y una reflexión que debe ser más profunda.¿Por qué imponemos una elección cuando vivimos mejor teniendo opciones.¡ Por qué usamos la “o” y no la “y”? Acaso no es mejor querer a mi madre y a mi padre, que plantearme si quiero más a mi madre o a mi padre?¿ Por qué crear conflictos donde no los hay?
¿Valemos “más” como persona si la niña nos elige como progenitor al qué mas quiere?¿ Es acaso la vida una lucha con la pareja para hacer que nuestra hija nos quiera más?
Estoy convencido de que esa pregunta no desaparecerá ahí, la madre probalemente buscará compulsivamente la misma pregunta dentro de unas semanas, meses tal vez….porque el miedo a que el padre sea más querido, será recurrente,  aparecerá una y otra vez y tal vez.

Sólo espero que Sandrita no se quede con la muñeca separada del cuerpo con los tirones de mano que le quedan por sufrir hasta que un dia la madre deje de jugar al juego de “¿a quién quieres más?”, alimentando momentáneamente un ego, y apagando las brasas de un miedo que vuelve a emerger al cabo del tiempo.

Tal vez la cosa sea más peligrosa y la madre haya hecho de esa respuesta una base sobre la que asentar su autoestima y su identidad ¿Se imaginan lo dañino que tiene que ser jugarse la identidad en una respuesta de la niña? ¿Acaso no tiraríamos también nosotros de la mano de Sandra para escuchar lo que queremos escuchar si nos fuera la vida en ello?

Hasta ahora he hablado del objetivo “que me quiera más que a su padre”, pero …. ¿Cuántas veces no nos hemos planteado necesidades donde no las hay, objetivos imposibles a todas luces pero que tratamos de seguir” tontamente”? Creo no ser el único que en algún momento de su vida se ha planteado objetivos como tener todo bajo control,  estar tranquilo siempre, no tener miedo nunca, o ser el mejor de mi empresa o hacer las cosas perfectas.

Nos metemos en guerras de las que no es fácil salir ileso. Es más, aseguraría que estas guerras tal y como se formulan ( perfectas, nunca, todo, etc..) son imposibles siquiera de empatar

Dediquemos el tiempo a objetivos más “terrenales”, propios de las personas y no de los superhéroes.  Los “supermanes” y las “superwoman”, están bien donde están, en la pantalla del cine. El secreto de la felicidad puede esconderse en la cotidianeidad de las vidas normales.

 

julianLa naturaleza del sexto sentido. JESÚS CABEZA, Experto en Inteligencia y Competencias Socioemocionales
jmcabezagovea@yahoo.es

Creo que es perfectamente razonable afirmar que todas las personas hemos oído, alguna vez, hablar, del concepto “Intuición”. En este caso, no me refiero a ella, la Intuición, en el sentido de admitirla como un don otorgado de forma divina, sino, a una forma de entenderla, más bien, similar, a la expresión inconsciente adaptativo.

Esta noción de inconsciente adaptativo puede concebirse como una especie de ordenador potentísimo que procesa, en un corto espacio de tiempo, los datos estrictamente necesarios, que nos permiten tomar decisiones basadas en juicios muy rápidos, a partir, como he comentado, de poca cantidad de información.

Tomando como base este concepto, una de las primeras cuestiones es conocer si los datos que se analizan, son los más relevantes para cada caso en concreto.

Respecto a esto, la alta capacidad para extraer rápidas conclusiones a partir de una pequeña selección de datos significativos es una parte importante de lo que significa ser humano. Se hace siempre que se conoce a una persona o se debe entender algo rápidamente, o si nos encontramos en una situación nueva. Existen, por tanto, muchas ocasiones en las que el prestar una atención minuciosa a unos pocos datos, aunque sea sólo un segundo, puede darnos información útil y suficiente para tomar una decisión correcta.

Advertir que, los juicios instantáneos, desde esta perspectiva, y basados en una cantidad mínima de información que nos proporciona la experiencia, para ser capaz de discriminar lo relevante, de lo irrelevante, son inconscientes. También decir, que, conocer cómo funciona el inconsciente adaptativo, no es tan sencillo como preguntar directamente a la persona sobre ello, ya que perfectamente puede ignorarse el motivo real, y sí responder el motivo más deseable.

Existe una herramienta llamada Implicit Association Test (IAT) -Test de asociación implícita- que mide nuestras actitudes en un nivel no consciente: es decir, las asociaciones inmediatas, automáticas, que brotan incluso antes de que nos haya dado tiempo a pensar. El  IAT mide los resultados de procesar los datos obtenidos a partir de las experiencias que hemos vivido, las personas que hemos conocido, las lecciones que hemos aprendido, los libros que hemos leído, las películas, etc, y que nos llevan a formarnos una opinión, un juicio instantáneo sobre las cosas.

Lo importante del test es que revela que nuestras actitudes inconscientes pueden ser totalmente incompatibles con los valores establecidos conscientemente. El IAT es un poderoso factor de predicción de cómo actuamos en ciertas situaciones espontáneas. Nuestra actitud inconsciente puede provocar que, en una entrevista de trabajo, una primera impresión sobre nuestro entrevistador, conduzca nuestro comportamiento; por ejemplo, no nos inclinamos tanto hacia delante, nos alejamos ligeramente de esa persona, cerramos el cuerpo un poco, somos menos expresivos, menor contacto visual, sonreímos menos,  dudamos con más frecuencia, etc. Esto evidentemente, influye en cómo nos va a percibir la otra persona, independientemente del contexto.

Tomar en serio la cognición rápida, reconocer el gran poder que tienen en nuestras vidas, unas veces para bien, y otras, para mal, las primeras impresiones, es fundamental para decidir tomar las medidas oportunas para gestionarlas y controlarlas.

El pensamiento deliberado y consciente es un recurso formidable cuando disponemos de tiempo,  y los resultados de este tipo de análisis influyen posteriormente para una mejor cognición rápida, cuando el tiempo de decisión no sea tan amplio, y necesitemos de los juicios rápidos. Aunque para ello previamente debamos desarrollar un patrón que ayude a nuestros posteriores juicios instantáneos.

Ampliando lo anterior, un problema complejo se puede reducir a sus elementos más simples y obtener un patrón identificable, tal y como demostró John Goldman.

En los años 70, John Goldman, cardiólogo, comenzó en Harvard, con un grupo de matemáticos, a estudiar algunos de los principios que estaban usando este grupo de investigadores, para, adaptándolos a sus intereses, elaborar un árbol de decisión que recomendara un tratamiento en las salas de urgencias de los hospitales. Pasaron años y nadie se interesó por ello, hasta que Goldman pudo poner en práctica su algoritmo, y éste se mostró muy superior al diagnosticar a los pacientes que no sufrían infarto, respecto al método tradicional. Por cierto, anteriormente, su propuesta sólo había interesado, nada más y nada menos, que al Pentágono estadounidense, de hecho, le financiaron durante un tiempo.

El algoritmo de Goldman se basa en que existen factores de influencia tan reducida, desde la perspectiva de qué es lo que va a ocurrir de forma inmediata, que es posible establecer un diagnóstico, sin tenerlos en cuenta. No se trata de un método infalible, pero sí superior al tradicional en las salas de urgencias estudiadas. El asunto es que normalmente se da por sentado que cuanta más información se tenga, mejor decisión se tomará, y a veces no es así, solamente se crea más confusión, y se pierde un tiempo muy importante.

Cuando se consigue crear esta clase de patrones, menos es más. Al seleccionar datos significativos, identificamos patrones de determinadas situaciones y hacemos juicios instantáneos; la supresión de información es inconsciente, pero producto de nuestra experiencia, y, en el mejor de los casos, de muchos pensamientos deliberados y conscientes, debido a haber tenido, anteriormente, tiempo para ellos. Por ejemplo, un experto, al analizar si un cuadro es verdadero o falso, obviamente, realiza una rápida selección de datos que se beneficia de un estudio previo, y probablemente de años de duración, para buscar las  características más determinantes en esta determinación.

Algo similar realizaron Ekman y Friesen, cuando estuvieron 7 años estudiando las configuraciones faciales visibles, hasta obtener más de diez mil. Al final concluyeron que sólo tres mil significan algo, para posteriormente catalogar el repertorio esencial de las muestras faciales de emoción del ser humano.

Es conveniente saber también que cuando se toman ciertos tipos de decisiones en una fracción de segundo, somos muy vulnerables a dejarnos llevar por nuestros estereotipos y prejuicios, incluidos aquellos en los que no creemos conscientemente, ni apoyamos. Con lo cual, evidentemente, deberíamos recurrir a técnicas que modifiquen estas características de la mente, comentadas.

Entrando directamente en el terreno de las emociones, hasta hace poco, se creía que los órganos sensoriales transmitían señales al tálamo y desde ahí, a las regiones del neocórtex encargadas de procesar las impresiones sensoriales y organizarlas tal y como las percibimos. En el neocórtex (el asiento del pensamiento y las reflexiones sobre los sentimientos) las señales se interpretan para reconocer lo que es cada objeto y lo que significa su presencia. Desde el neocórtex se envían las señales al sistema límbico y desde ahí, se lanzan las respuestas apropiadas al resto del cuerpo.

 Pero hay algo más. El investigador LeDoux, descubrió una pequeña estructura neuronal que comunica directamente el tálamo con la amígdala (estructura límbica, que, entre otras, tiene la función de vigilar las percepciones en busca de alguna amenaza), y que permite que la amígdala reciba señales directamente de los sentidos y emita una respuesta antes de que dichas señales sean registradas por el neocórtex. Esto significa que la amígdala no depende exclusivamente del neocórtex para crear una respuesta emocional. Según LeDoux, el sistema emocional puede actuar independientemente del neocórtex. Hay ciertas reacciones y recuerdos emocionales que tienen lugar sin la menor participación cognitiva consciente. La amígdala puede almacenar y activar recuerdos y respuestas que realizamos sin darnos cuenta del motivo en cuestión, ya que el atajo que va del tálamo a la amígdala, deja de lado al neocórtex.

 Otra investigación ha demostrado que durante los primeros momentos de cualquier percepción, no sólo sabemos inconscientemente de qué se trata sino que también decidimos si nos gusta o nos desagrada, y saber esto, evidentemente y cuando están las emociones por medio, es muy útil para llevar a cabo cualquier tipo de manipulación positiva o negativa en las personas. Nuestro inconsciente cognitivo presenta a la conciencia lo que vemos y lo que pensamos de ello.

Parece ser que mientras el hipocampo registra los hechos, la amígdala registra el clima emocional que acompaña a esos hechos. Se reacciona a los hechos con respuestas que fueron grabadas tiempo atrás, con pensamientos, emociones y reacciones aprendidas en respuesta a sucesos similares. Se equipara cualquier situación presente a otra anterior sólo por que coincidan en unos pocos rasgos característicos similares. Un dato importante es que el circuito tálamo-amígdala sólo transmite una pequeña parte de los mensajes sensoriales, ya que la mayor información viaja por la vía principal hacia el neocórtex. Debido a esto, a la amígdala llega una señal que no es perfecta, pero que sirve para saber si algo va mal, ahorrando así un tiempo precioso que puede ayudar a salvar una situación delicada. No se busca confirmar la percepción, sino extraer una conclusión apresurada y lanzar una respuesta. Por lo menos hasta que el neocórtex tenga tiempo de razonar, algo más tarde. Por tanto, y tras todo lo expuesto, podría decirse que existe una especie de Reacción Intuitiva Emocional Pura e Inconsciente, aunque sea sólo durante unos milisegundos, hasta la entrada en acción del neocórtex y las reflexiones.

En relación a todo lo comentado, y en un nivel quizás más cerca del nivel consciente, que del inconsciente, el significado etimológico del término con el que los tibetanos se refieren a la meditación es el de “familiarización”, entendida como un nuevo modo de afrontar la emergencia de los pensamientos. Cuando aparece un pensamiento de ira, deseo o celos, y no estamos preparados para afrontarlo, acaba desencadenando la aparición de un segundo y de un tercer pensamiento que oscurece todo el paisaje mental, y entonces, ya es demasiado tarde. Se trata no tanto de evitar que aparezcan determinados pensamientos, sino de impedir que acaben invadiéndonos. Cultivar una actitud que se denomina “contemplar el origen del pensamiento”, y que es observar la aparición del pensamiento y remontarse hasta su fuente, es cultivar una actitud que acaba disgregando la aparente solidez del pensamiento e interrumpe su encadenamiento automático. Aunque esto requiere mucha práctica. Existe, según Richard Davidson, una cierta evidencia de que las emociones destructivas que se presentan de manera espontánea, están asociadas a una mayor actividad, o a una actividad menos restringida, de estructuras como la amígdala, claramente. El razonamiento activa la corteza frontal e inhibe la activación de la amígdala. Por ello, desde la perspectiva de la neurociencia, la razón obstaculiza la emergencia de este tipo concreto de emociones destructivas.

En definitiva, el sexto sentido existe, tanto en el ámbito cognitivo como en el emocional, y lo importante, como en casi todas las cosas, es saber cómo gestionarlo.

rosarioLa ilusión, un enfoque positivo. ROSARIO CUBAS LEÓN, Psicóloga.

rosariocubasleon@gmail.com

Podemos definir la ilusión de varias maneras, pero la elegida como centro del artículo de hoy es la que hace referencia a la alegría que produce la realización próxima de algo que se desea.

Es normal que las personas nos ilusionemos por conocer, poseer o poder disfrutar de una cosa o de vivir una situación. Para ello lo que hacemos es anticipar en nuestras cabezas, a modo de simulación, el placer, el agrado o la satisfacción que llegaremos a experimentar cuando alcancemos la meta soñada. La ilusión viene, por tanto, del uso de la imaginación en positivo sobre un hecho u objeto deseado que se hará realidad en un futuro más o menos inmediato. El elemento de filtraje hacia lo positivo es un factor clave en la fórmula de la ilusión, ya que la ausencia de aspectos gratificantes o, por el contrario, una visión negativa con los defectos, efectos indeseables, valoraciones críticas…, de lo que sucederá, nos situará en un extremo diferente: en el deseo de que no suceda lo que en un principio se nos mostraba como una gran idea a materializar, es decir, en la desilusión. Este estilo de pensamiento, generalizado a las distintas parcelas de nuestra vida, daría lugar a una desmotivación constante. Y un estado de apatía así se puede romper mediante el uso y abuso de un sesgo cognitivo hacia todo lo potencialmente favorable en las proyecciones que hacemos.

Alguien podría decirme que tan errado es cribar nuestras valoraciones o juicios de modo que se primen los fallos o defectos, como el incrementar lo satisfactorio o gratificante de antemano, con el fin de sentirnos bien hacia la consecución de algo que aún no se ha hecho real. Sin lugar a dudas eso es cierto. Pero el efecto en uno y otro caso es sustancialmente distinto: en el primer caso, encontrar el desánimo y hallarnos perdidos porque “destruimos” cualquier opción que nos motiva. O, como sucede en la segunda opción, encontrar la ilusión en nuestras vidas. Como siempre, de nosotros/as depende la elección, y como siempre también no está de más recordar que muchas veces se disfruta más ideando nuestras metas, esto es, ilusionándonos con lo que conseguiremos, que con el hecho en sí de lograrlo, resultado que no está garantizado en todos los casos.

Un apunte final tiene que ver justamente con la decepción o la desilusión motivada por los otros. Si queremos integrar a los demás en nuestros sueños, resulta más exitoso trasmitirles con claridad nuestras ilusiones para que puedan o no involucrarse plenamente en ellas si así lo desean. De lo contrario, puede suceder que el otro desconozca lo que nos ilusiona y se comporte de un modo con el que no contábamos de antemano, produciéndose en nosotros un sentimiento de desilusión. Por ello, depositar el peso de nuestro disfrute en la reacción del otro no es aconsejable cuando queremos garantizar que nuestras ilusiones se hagan realidad. La misma idea se aplicaría cuando nos dirigimos hacia metas que no dependen de nuestras habilidades, capacidades, conocimientos…, sino de agentes externos. Todos nos podemos ilusionar con ganar la Lotería de Navidad, pero ser realistas en nuestro sueño es lo más acertado dada la probabilidad que existe de conseguir el premio.

 

sheylaLa importancia de la actitud en nuestras vidas.
ANNA FORTEA, Consultora y alumna de la Certificación de Iesec Human.

anna.fortea@gmail.com

Puede considerarse la actitud como cierta forma de motivación social, de carácter secundario, frente a la motivación biológica, de tipo primario, que impulsa y orienta la acción hacia determinados objetivos y metas.

Eiser define la actitud de la siguiente forma: predisposición aprendida a responder de un modo consistente a un objeto social.
En la Psicología Social, las actitudes constituyen valiosos elementos para la predicción de conductas. La actitud se refiere a un sentimiento a favor o en contra de un objeto social, el cual puede ser una persona, un hecho social, o cualquier producto de la actividad humana.

Para mí, la actitud es lo que mueve los hilos de nuestras vidas, lo que nos hace ponernos en pie o hundirnos cada vez más.

Es una predisposición ante un acontecimiento, por eso se dice que hay que tener cuidado con lo que se desea, ya que al estar predispuestos desde un principio, tenemos muchas posibilidades de conseguirlo y, por tanto, corremos el riesgo de que se cumplan nuestros deseos, tanto si la predisposición es positiva como si es negativa.

Está científicamente demostrado, que una actitud positiva ha ayudado a la curación de muchas enfermedades (especialmente en casos de cáncer), e incluso con una buena actitud se ha conseguido mejorar a enfermos terminales, y ya no me refiero tan sólo a la actitud del paciente, sino que también ha habido casos en que un médico no ha dejado de luchar por un paciente al que se había dado por muerto y ha conseguido salvarle la vida.

Tras haber visto el poder que puede tener una actitud positiva, la actitud negativa es igualmente poderosa. Una persona con actitud negativa, jamás conseguirá hacer otra cosa que hacerse daño o hacer daño a los demás.

Los casos más conocidos de actitud negativa son los de personas depresivas, sin embargo no son los únicos, sin ir más lejos, yo tenía un familiar que falleció porque creía que se estaba muriendo, él era sordo y no le podíamos hacer entender que simplemente se estaba recuperando de un post-operatorio por una enfermedad común. La operación había salido bien, sin embargo, un día se despidió de todos nosotros y al día siguiente, antes de que fuéramos a visitarlo, nos llamaron del hospital para informarnos de que había fallecido. No hubo ninguna complicación, simplemente él estaba convencido de que se estaba muriendo y finalmente falleció.

Creo que para un coach es muy importante saber cómo mantener siempre la actitud positiva respecto a los procesos de coaching, si no confiamos en que vaya a salir bien, deberíamos dejar el proceso y derivarlo a otro profesional. También debemos enseñar a nuestros coachees la importancia de mantener una buena actitud respecto a la vida, ya que les será mucho más sencillo avanzar en sus proyectos y a nosotros también nos facilitará el trabajo.

Trabajemos nuestra actitud, favoreciendo siempre la actitud más positiva posible, de esta manera, seamos quien seamos y nos dediquemos a lo que nos dediquemos, queda garantizado el éxito. Os reto a probarlo…

 

sheylaVíctima o culpable.
SONIA HERRERA, Presidenta fundadora de AFAPRETE
www.afaprete.org
Directora del portal
www.pre-sos.org

Mamá gritaba como poseída, formulando una pregunta ávida de respuesta: ¿quién ha sido? ¿Quién ha sido? Repetía aún más fuerte mientras señalaba los cientos de pedazos rotos del reloj despertador. Y el instinto de supervivencia afloraba, “ha sido él” balbuceaban temblorosos los dos hermanos mientras se señalaban mutuamente.

Desde pequeños nos enseñan que ser culpable es lo peor. A los culpables les gritan, les insultan y hasta les pegan. Y nos parece un ajuste de cuentas razonable ya que el culpable es el iniciador de todo el conflicto. ¡Vamos, que se lo merece!

Cuando intentamos eximirnos de nuestra culpabilidad, se produce automáticamente una inexacta relación mental: “si no soy culpable, entonces soy víctima”. En la historieta del principio pareciera que la víctima es el despertador, pero casi puedo oir resonar en mis oídos a ambos niños llorando, arrastrándose por el suelo y, jurando por todos los Teletubbies que ellos no fueron. Y es que cuanto más pena das y, más afligido te muestras, menos culpable pareces. Y ese es el premio, pareciendo una víctima desvalida se consigue mucho más que pareciendo culpable.

En estos años que llevo trabajando con presos y sus familias, he visto a muy pocos afirmar que cometieron los hechos por lo que están condenados. Aunque viven en un depósito de seres humanos inmóviles y, tienen sentencia firme, parecen albergar la esperanza de que alguien los saque de allí a golpe de varita mágica. Por lo que siguen pregonando que son inocentes y, adornando sus historias con la máxima miseria para dar pena, o lo que es lo mismo, para parecer víctimas. Y paradójicamente estos individuos tan culpables a los ojos de la sociedad, ven, cuando se miran en el trozo de espejo quebrado y ennegrecido de su húmeda celda, a una víctima en toda regla.

Comprensible. Desean generar un poquito de compasión en los demás. Los presos no suelen conseguirlo, ni por esas. Pero como nos acabamos creyendo lo que decimos, derivan inevitablemente en la autocompasión. El problema es que la compasión es adictiva y, si te acostumbras no avanzas, no cambias, no te transformas en otra cosa. Eso exactamente es lo que sucede dentro de las cárceles: los presos no avanzan. Están tan ensimismados en su propio ombligo, penando por las historias pasadas que les llevaron hasta ese agujero, que no ven más allá de sus propias narices. Y no les ayudan. Al menos no los que cobran por hacerlo.

¡Ojalá las prisiones españolas se llenen pronto de coaching para trabajar la responsabilidad!. Porque lo realmente práctico es ser responsable. Aceptar, que lo que hiciste ya pasó, perdonarte y empezar desde el principio. A ser alguien diferente, que hace cosas diferentes, para tener una vida diferente. Porque la culpabilidad es una mochila con piedras que ralentiza tu paso y, el victimismo un ancla que te impide vivir.

gente

 

Frase del mes:


"Para que el que cree no es necesaria ninguna explicación; para el que no cree toda la explicación sobra"

Frans Werfel

 

 

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