you coach

 

nº 28 Septiembre 2010

you coach
A FONDO

José Morgado Nisa
morgadonisa@gmail.com
www.sembrandocoaching.blogspot.com

JOSE MORGADO

En las dos colaboraciones anteriores que he realizado para esta revista (ver números 26 y 27) he tratado de presentar, de forma más o menos resumida, un Programa para el desarrollo del liderazgo en la empresa, asentado en el modelo de competencias de la Inteligencia Emocional. Si tuviera que resumirlos en una sola frase diría: CONECTATÉ- CONECTALOS.

Conectar se puede definir como un “enlace” o una “atadura” que une una cosa con otra. Este término nombra la acción y el efecto de conectar (unir, enlazar, establecer relaciones).

A mi entender, bajo la palabra CONECTAR se encuentra el núcleo central del concepto de Inteligencia Emocional. Pero vayamos por partes.

La primera conexión tiene que ser, por fuerza y por lógica, con uno mismo. Nosotros tenemos que ser la vela que ilumine nuestra oscuridad. Ella nos va a guiar por zonas nuevas, territorios inexplorados que están cerca: dentro de nosotros mismos. Esa conexión interna de cada uno nos irán dando las pistas esenciales del viaje personal, y eso es algo que NADIE nunca va a poder hacer por nosotros. Pongo un ejemplo: usted puede no haber viajado nunca a Venecia y sin embargo “presumir” de conocerla bien. Bastaría con que leyera libros de viajes, novelas sobre la ciudad, escuchara lo que otros han visto y vivido allí, viera documentales, etc. Todo eso le dará una referencia externa, es decir, vivencias y visiones y opiniones de otros, pero no suyas. Usted puede hacerlas suyas claro, pero estará conmigo en que usted no lo ha “vivido y sentido”. Hay una expresión de la antigua tradición de la filosofía zen que dice: “el mayor obstáculo para aprender algo nuevo, es la creencia de que ya se sabe”.

¿Cómo vamos a poder realizar ningún tipo de liderazgo, si antes no hemos realizando el camino que nos “enlace” que nos “conecte” con nosotros mismos?, ¿se fiaría usted de una persona así?, ¿sería como esos charlatanes de feria, que nunca usan esos productos que venden a los cuatro vientos?. Muchas dudas, cada vez más, y menos certezas. A veces pareciera que hay personas que creen que la Inteligencia Emocional es a las personas, como un programa informático es al ordenador: “todos lo tienen porque viene de serie”. No les falta un poco de razón, pero es como con la informática y sus usos: cada uno “utiliza” los programas “a su manera”, dentro de unos criterios y normas de funcionamiento amplios sí, pero establecidos de antemano por los programadores.

Si comparten conmigo el concepto de inteligencia, como la capacidad para salir adelante en nuestro medio de desarrollo, resolviendo problemas y adaptándonos a cada situación que se presente en la vida, entonces tendremos que aceptar que los seres humanos requerimos algo más que el coeficiente intelectual para logarlo, ya que una gran parte de lo anteriormente dicho se va a corresponder con un adecuado manejo de sentimientos y emociones. Por mucho que lo neguemos: “las emociones pueden considerarse la principal fuente de las decisiones que se toman a lo largo de la vida. Sólo CONECTÁNDONOS a nosotros mismos primero, podremos llegar a CONECTAR con otros posteriormente. Y más nos vale, si queremos tener algún tipo de esa cosa que llamamos “éxito personal”, que nos pongamos manos a la obra en un trabajo personal que sólo nosotros podemos realizar, pero no solos.

En cuanto a la otra parte, que he llamado al principio de este artículo, como el concepto de CONECTALOS, me refiero a nuestra relación con el otro, con los otros.

Si pretendemos dominar el arte de establecer buenas relaciones con los demás, en gran medida, deberemos tener la habilidad de manejar las emociones. Primero las de usted con usted mismo y después con los demás. Si lo consigue (o por lo menos se acerca), conseguirá un cierto nivel de competencia social y las habilidades que le llevarán al liderazgo y la eficacia y la eficiencia interpersonal. No será un “empático/a de diseño”. ¿Está usted en ese camino?

Yendo un poco más allá, el concepto de Inteligencia Social de Karl Albrecht, se acerca al de Inteligencia Emocional de Goleman en aquellos aspectos que tienen que ver con la relación con los otros. Habla de que el concepto tradicional de la comunidad como experiencia localizada está dando paso  a un modelo social que se parece más a un aeropuerto que a una aldea. Quizá esto pueda explicar, en parte, los sentimientos de futilidad, alienación y falta de valor individual que se dicen característicos de nuestra época. O también, quizá, pueda ser que haya mucho que renovar y revisar de las viejas creencias en nuestras relaciones con los demás y desaferrarnos volviendo a renacer en otra cosa, como le pasa al gusano de seda, que cuando parece que está muerto renace en mariposa. De nuevo, más dudas que certezas.

Dicen que un árbol con raíces fuertes puede resistir una tormenta muy violenta, pero que ningún árbol puede empezar a desarrollar esas raíces justo cuando la tormenta aparece en el horizonte. Esta idea, aplicada a la Inteligencia Emocional parece señalarnos que nada llega enseguida, que hay que andar caminos de autoconocimiento, con tiempo, sin prisas “con sentido”. Dice el Dalai Lama que para que se de una verdadera transformación interna­ es preciso realizar un esfuerzo continuado. Se trata de un proceso gra­dual. Esto contrasta agudamente con la proliferación de técnicas para «soluciones rápidas» que tanto se han po­pularizado en las últimas décadas en la cultura occidental.

El Dalai Lama está convencido del tremendo y acaso ilimitado po­der de la mente, pero de una mente que haya sido sistemáticamente entrenada y atemperada por años de experiencia y de sano razona­miento. Se necesita mucho tiempo para desarrollar el comportamien­to y los hábitos mentales capaces de contribuir a solucionar nuestros problemas, así como para establecer los nuevos hábitos que trae con­sigo la felicidad. No hay forma de soslayar estos factores esenciales: determinación, esfuerzo y tiempo son las auténticas claves de la feli­cidad y de una Inteligencia Emocional personal potente, diría yo.

Estas certezas estarán llenas de dudas por el camino.

Si usted quiere ser un líder con competencias emocionales desarrolladas, posiblemente deberá transitar el camino de la duda, a veces trufado con alguna certeza. Nada o muy poco llegará por “suerte” o por regalo. Pocas personas se atreverán a decirle cosas así (hay mucho marketing que atraerá seguramente a incautos que creen aún en el timo de la estampita y de conseguir las cosas importantes de forma rápida y sencilla), pero conviene que este “avisado” para evitar decepciones, frustraciones y caminos equivocados.

No quiero acabar esta colaboración sin hacerles partícipes de una historia que nos cuenta Jorge Bucay, en su libro: las tres preguntas y que me parece muy ilustrativa de algunos de los temas aquí presentados. Habla de un derviche sabio, que vagaba por los pueblos pidiendo limosna y repartiendo conocimiento en las plazas.

… Un día se le acercó un hombre y le dijo: Me han dicho que viniera hoy a esta plaza, que un hombre con aspecto de mendigo que pide limosna, me daría un tesoro que iba a cambiar mi vida para siempre, así que como supongo que eres tú: dame mi tesoro. El derviche lo miró en silencio y metió la mano en una bolsa de cuero raída que llevaba colgando del hombro. Debe de ser esto, le dijo, acercándole un gran diamante. El otro hombre se quedó asombrado y le dijo: ¿pero esta piedra debe de tener un valor increíble? ¿Sí?, pues la encontré en el bosque. Bien, ¿Cuánto te tengo que dar por ella? No tienes que darme algo por ella ¿te sirve la piedra?, yo no la necesito…llévatela. ¿Pero me la das así? ¿a cambio de nada?. Sí.

Muy confundido el hombre tomó la piedra y se marchó. Media hora más tarde volvió, buscó al derviche y le dijo: toma tu piedra. ¿Qué pasa, preguntó el derviche?. Toma la piedra y dame el tesoro, dijo el hombre. No tengo nada más para darte le contestó el derviche. Sí tienes… quiero que me des la manera de poder deshacerte de esto sin que te moleste.

 

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