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nº 27 Agosto 2010

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dIÁLOGOS

rut epsiRainer Funk, reputado psicoanalista y sociólogo alemán, doctorado con una tesis sobre la psicología social y ética del filósofo Fromm, y presidente de la Sociedad Internacional Erich Fromm fue uno de sus más aventajados discípulos y su asistente en los últimos seis años de su vida, situación que lo convirtió en su albacea heredando la biblioteca y todos sus documentos.
En la última edición del libro “El arte de amar” podemos encontrar un epílogo biógrafico sobre Eric Fromm escrito por él.
www.erich-fromm.de
frommfunk@aol.com


Agradecemos desde You,Coach! su disponibilidad para concedernos esta entrevista que nos permite acercarnos a la figura de Erick Fromm.

Entrevista traducida por Claudio Gómez-Nieto.

¿Cómo era trabajar con Erich Fromm? ¿Cómo era como persona?

Algunos de los alumnos de Erich Fromm que lo conocían desde los años cuarenta y cincuenta opinaban que era una persona muy directa y exigente, incluso arrogante. Yo lo conocí cuando ya tenía 72 años, en 1972, y puedo constatar que era muy directo a la hora de comunicarse, pero no presuntuoso ni arrogante. Esa forma de ser tan directa a la hora de establecer contactos se apreciaba en su interés por los sentimientos y las pasiones que nos mueven. Fromm no soportaba las conversaciones insustanciales. El hecho de que no estuviera tan interesado en los pensamientos como en las aspiraciones interiores y las pasiones de los demás era el resultado de su autoanálisis: Lo importante no es lo que se piensa, sino lo que se siente y se percibe como impulso y aspiración en lo más profundo de uno mismo (y en los demás). 

¿Cómo trataba a las personas que tenía alrededor? ¿Cómo amaba?

Fromm tomaba a las personas de su entorno muy en serio, ya se tratara de un taxista, de una persona sometida a análisis, o de un paciente. Por este motivo no se sentía demasiado cómodo en los eventos sociales, ya que en ellos no se pueden mantener conversaciones a las que atender y donde poder concentrarse de forma individual. Este es también el motivo por el que Fromm no prestaba mucho interés las terapias de grupo.

Esta forma de concentrarse en lo que ocurre dentro de las personas también marca su forma de amar. La percepción de los demás de sí mismos y el interés por el ser en sí mismo de los demás son los aspectos más importantes de su forma de comprender el amor. Este amor era muy palpable en él – apenas he podido percibirlo de la misma forma en otra persona, ni he conocido a nadie que poseyera una fuerza tan grande y evidente para amar. 

¿Qué le movía en la vida y qué le apasionaba?

Desde su tesis doctoral escrita en 1922, Fromm nunca dejó de preguntarse qué es lo que hace que las personas piensen, sientan y actúen de forma similar. Encontró una respuesta, la cual debía desarrollar, en el Psicoanálisis de Freud. Mientras que para este último el interés se centra en el destino de los instintos que los individuos experimentan en su infancia y en su entorno familiar, para Fromm el foco de atención es el cómo se reflejan las relaciones vitales comunes en las fuerzas psíquicas conscientes e inconscientes. Dicho de otra forma: el interés de Fromm fue siempre sociopsicológico: ¿qué es lo que mueve a las personas en determinadas condiciones sociales, económicas y políticas a actuar y comportarse de una determinada manera? En primer lugar Fromm nos lo señaló mediante el ejemplo del carácter autoritario. A este le siguieron otras fuerzas principales: la orientación al márketing y el narcisismo colectivo y la necrofilia. Él entendía que las personas sienten cada vez más atracción por cosas materiales e inertes, sin vida y menos por la vida y los seres vivos.

Las propias pasiones de Fromm consistían en un gran interés por la ciencia – ya que su base es socialpsicológica – y por la política. Fromm percibía en las sociedades contemporáneas cómo las personas se enajenan de sus posibilidades humanas. Por ello se posicionó con pasión a favor de cambios sociales y políticos que ofrecieran a las personas la vuelta a sus fuerzas primarias de razón y amor.

¿Cómo consiguió Erich Fromm desarrollar su capacidad para amar verdaderamente a las personas?

La forma individual de tratar la propia racionalización y represión, y la forma profesional de dirimir sobre todo aquello que las personas no quieren reconocerse en sí mismas ni en otras, le enseñan a uno diariamente que la verdad sobre sí mismo y sobre los demás es un requisito básico para no tener que engañarse a sí mismo y a los demás, sino para poder aceptarse con todos sus aspectos. En el caso de Fromm, resulta especialmente sorprendente que trabajó este matiz en su persona hasta el fin de sus días. Realizaba ejercicios de concentración y meditación y analizaba todos los días sus propios sueños. Ya de mayor, dedicaba al menos una hora diaria a este fin. Sólo de esta manera dejaba de ser un extraño para sí mismo, y por tanto no debía temer a lo desconocido en otras personas. Este es el motivo por el que podía resultar directamente muy revelador y desafiante si tenía la sensación de que alguien no era sincero, ni se apreciaba ni a sí mismo ni a los demás.

¿Cree Fromm que somos capaces de  liberarnos y abrir nuestro corazón de forma pura y llegar a amar desinteresadamente?

El amor incondicional es tan sólo una de las posibles formas de amor que necesita un niño para sobrevivir en sus primeros años. Por contra, el amor vive del hecho de que se puede estar con otra persona con los sentidos, los sentimientos y el pensamiento, sin rechazarse ni negarse a uno mismo. En el caso de los adultos, si uno de ellos ama siempre de forma incondicional, se está exigiendo demasiado a sí mismo y no le está haciendo ningún favor al otro.

Fromm tiene que decir algo importante en este caso: La capacidad de poder amar depende mucho de la sociedad en la que vivimos y de cuál es el modelo de relación social con el que estamos marcados a la hora establecer contactos. En una sociedad en la que se ama al prójimo como rival, a quien debe demostrarse que se es el más fuerte y el más exitoso, se obstaculiza la capacidad que las personas tienen para poder amar. El arte de amar siempre parte de la base de que nos podemos liberar de los condicionamientos sociales.

¿En qué cambió su vida conocerle y colaborar con él?

Yo creo que la mayoría de las personas que entraron en contacto directo con Fromm cambiaron. Tenía, además de su forma tan directa de ser, y cierto carácter desafiante, otra gran capacidad: la de no necesitar juzgar a su interlocutor, sino todo lo contrario. En sus miradas y palabras interrogantes se percibía aceptación, y eso tenía su efecto. Lo más importante fue que me reorienté profesionalmente y me hice psicoanalista. A nivel personal también debo decir que el contacto con Fromm tuvo su efecto: dejé de fumar y descubrí la vida y a los seres vivos – en la naturaleza, en otras personas, en el amor, en los niños, en la ciencia...

En su  libro de El arte de amar Erich Fromm reflexiona sobre el amor, ¿qué se requiere para desarrollar la capacidad de amar?

Como ya he mencionado anteriormente, la capacidad propia de amar depende de los modelos de relaciones sociales que se transmiten al niño a través de la familia y de las personas de su entorno. En este sentido se han producido grandes cambios en las últimas décadas. En las relaciones para con los demás y consigo mismo ya no son determinantes la obediencia, el deber, la sumisión, o el autocontrol. Hoy en día, las fuerzas básicas que se manifiestan en una relación amorosa son la búsqueda de la ventaja, el éxito personal y la reafirmación de la propia grandeza. Además, el interés por los demás como otros seres humanos se ha quedado por el camino. La otra persona debe ser nuestro reflejo y cumplir con el deseo de querer ser amado para no tener que estar solos.

Por este motivo, yo diría que lo principal hoy en día es volver a desarrollar el interés y el olfato para todo lo que no somos, lo que es distinto y lo que merece ser amado, porque es distinto nosotros. Se trata de superar nuestros deseos más narcisistas, a través de los cuales sólo nos interesamos por los demás en apariencia, cuando nuestra intención no es más que la de reafirmarnos a través de la otra persona.

¿Cómo podemos superar los patrones heredados de nuestros padres y entorno para liberarnos y ser nosotros mismos?

Es esencial que podamos volver a ser críticos: críticos frente a los modelos de éxito social, los cuales no suelen ser humanos. Además debemos ejercer la autocrítica frente a los propios intentos de autojustificación con los que intentamos evitar la verdad, lo razonable y lo que es amoroso, y en su lugar perseguir el acercamiento a los demás, cómo obtener éxito, cómo vivir las cosas, o cómo llegar a ser algo excepcional.

¿A qué es debido que en la sociedad occidental las personas tengan tantos problemas para entregarse y amar?

En el tiempo en el que fui su asistente Fromm escribió su libro “¿Tener o Ser?“. En este libro describe una alternativa que nos concierne a todos hoy en día. Nuestra sociedad y cultura occidental ha encumbrado el “Tener“ como valor más importante. No tanto el “Tener“ como propiedad y posesión, sino el poder disponer y hacer uso de maquinaria, técnología, instrumentos y medios de comunicación con los que vivir intensamente, de forma amorosa, vinculada y social con los demás. Creemos que los objetos que forman parte del Tener, esta tecnología y estos medios, son la esencia de nuestro ser humano y nuestra suerte; sin embargo, en realidad lo que hacen es suplir nuestra fuerza psíquica y espiritual, la cual sólo tenemos que practicar.

Creemos que somos sociales y considerados si estamos conectados a los demás a través del móvil o de internet, y nos sentimos solos y aislados si no disponemos de estos objetos. En realidad poseemos ojos con los que ver y buscar a los demás, habla para comicarnos con cualquier persona, y sentimientos y necesidades que nos permiten interesarnos por los demás y estar atentos a ellos – sin embargo debemos ejercer las propias fuerzas de la relación y el amor. Ésta es la orientación del Ser: el ejercicio de las fuerzas corporales, espirituales y psíquicas de nuestros sentidos. Aquél que no las ejerce deja de sentirlas como posibilidades propias y debe optar por las fuerzas que se le ofrecen y que no son propias de él mismo. En resumen: Debemos reencontrarnos a nosotros mismos a través de nuestas posibilidades humanas, y no a través de nuestras posibilidades tecnológicas.

¿Qué mensaje daría Ud. a las personas para que afronten lo mejor posible las circunstancias actuales de la vida?

La mejor medicina contra la creciente pérdida de nuestras fuerzas para amar y razonar es el amor por lo viviente. Viviente es todo lo que no ha sido fabricado ni es material, lo que no es predecible, no es seguro, ni tiene manual de instrucciones, ni se puede expresar con cifras. Vivientes son nuestras fuerzas, sentidos, sentimientos, pensamientos, deseos, fantasías, lo que aparece y desaparece, la naturaleza, los animales, las personas. El hecho de encontrar a lo viviente más atractivo que a lo mecánico, técnico, inerte, y predecible nos mantiene despiertos y abiertos para lo extraño y desconocido ya sea en nosotros mismos o en nuestro entorno humano.

Sobre su bibliografía publicada en español:
R. Funk: Fromm. Vida y Obra, Paidos (Buenos Aires) 1987.
R. Funk: Erich Fromm: El amor a la vida. Una biografía ilustrada, Barcelona, Buenos Aires, México (Paidós) 1999.
R. Funk: Erich Fromm. Una escuela de vida. Barcelona, Buenos Aires, México (Paidós contextos) 2009.
También escribió “Epílogo biográfico: El amor en la vida de Erich Fromm,” in: El arte de amar. Una investigación sobre la naturaleza del amor, Barcelona, Buenos Aires, México (Paidós, Nueva Bibliotheca Erich Fromm No. 1), 2007, pp. 177-201. 

 

 

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