Pre-ocupándonos. DAVID HERNÁNDEZ,
director de You Coach!
david@newsyoucoach.com
Me gustaría comenzar este artículo con una pregunta al lector: ¿Qué cinco cosas acaparan tu energía diariamente? La respuesta nos dará una idea de aquello que ocupa nuestra cabeza cada día y probablemente durante toda nuestra vida. Es probable, que alguna de esas cinco cosas la constituya algún tipo de preocupación, mejor dicho, pre-ocupación: por el futuro, por los hijos, por el trabajo, etc… Y aquí es donde quería detenerme en el artículo de este mes: la preocupación, o mejor dicho: la pre-ocupación.
Lo cierto es que pasamos una gran parte de nuestra actividad mental encerrados en las preocupaciones, y eso lógicamente termina por agotarnos. Si hay algo llamativo en nuestra forma de proceder es que experimentamos la fantasía mental de que si nos pre-ocupamos podemos controlar mejor las cosas. Se trata de una sensación de falso control. Lo cierto es que rumiar mentalmente y pre-ocuparnos per se, no nos convierte en personas más útiles en la resolución de determinando asunto que queramos resolver. Otra característica de nuestra forma de proceder con respecto a la pre-ocupación es que argumentamos que “si nos preocupamos por las cosas malas estamos más preparados para cuando se den”. Desde luego, se trata de un argumento fácil de rebatir: si te pre-ocupas sin hacer nada por el día de tu muerte, no obtendrás nada, sin embargo es posible que conseguiras morirte un poco cada día con cada pre-ocupación, ¿estás mejor así?.
Me gustaría volver a formular una pregunta de nuevo al lector: ¿Recuerdas alguna situación problemática a priori en la que te haya resuelto algo el hecho de pre-ocuparte?¿qué hiciste para hacer frente o resolver la situación?…¡exacto! Te has ocupado y no pre-ocupado. Posiblemente la resolviste cuando pusiste manos a la obra y dejaste de rumiar y rumiar pensamientos.
La pre-ocupación presenta en la mayor parte de los casos las siguientes características.
- Su temática de índole negativa o aversiva para nosotros: es decir, siempre nos preocupamos de eventos que nos pueden dañar. No recuerdo a nadie haberse pre-ocupado por algo positivo que le pudiera suceder.
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Se sobreestiman las probabilidades de que el evento negativo o aversivo se produzca.
- La pre-ocupación nos genera un bloqueo mental que nos imposibilita tomar acción.
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Los hechos “pre-ocupantes”, los eventos que nos pre- ocupan se producen realmente en una baja proporción. Aproximadamente el 95 por ciento de las cosas que tememos no se producen y si lo hacen tenemos un mayor margen de maniobra para hacerle frente del que anticipábamos en nuestro rumiar mental.
Me gustaría emplazar al lector a que la próxima vez que surja el fantasma de la pre-ocupación por algún acontecimiento vital se plantee las siguientes preguntas:
a) ¿Qué acción puedo tomar para resolver la situación?
b) ¿Qué efectos positivos está generando el pre-ocuparme por la situación x?
c)¿Cómo puedo ser más hábil, eficiente en esta situación?
Seguramente pasar a la acción, será la mejor solución.
¿Qué "pretextos" quieres para estar AGRADECIDO?. MARCO ANTONIO ONTIVEROS, Conferencista motivador, Coach de Vida, Autor & Maratonista
www.profesionaldealtorendimiento.com
Hoy en día, nuestra vida va de manera mecánica: del hogar a la oficina, de la oficina con clientes, de regreso a la oficina y finalmente en casa.
Podríamos decir que lo anterior sería una rutina normal en días laborales.
Hay muchas cosas por lo que podemos agradecer en forma periódica, diaria, para no perder ese sentimiento del SER HUMANO: el agradecimiento.
Te comparto una lista de algunas cosas que ayudan a recordar que debemos estar agradecidos; ésta lista es una idea, tu puedes poner o quitar lo que creas conveniente.
Sé agradecid@ cuando el sol se levanta por la mañana y brilla a través de la ventana en tus ojos. Es una señal de que tú vivirás otro día maravilloso y magnífico.
Sé agradecid@ por el auto que tienes, quizá y apenas funciona. Esto te recordará que hay un sueño por el que estarás trabajando: cambiar de auto
Sé agradecid@ por los errores que harás el día de hoy. Estos errores te convertirán en una persona más fuerte el día de mañana y te permitirá adquirir conocimientos y sabiduría que no tenías antes de cometer esos errores.
Sé agradecid@ por el amor que tienes a la vida. Incluso si no tienes a nadie con quien compartir tu vida ahora mismo, se agradecido por la amistad y el amor que tienes con y para ti mismo.
Sé agradecid@ por las fallas que tienes como persona. Esto te recordará que siempre hay espacio para crecer, desarrollarse e ir hacia delante como persona. La vida sería aburrida sin incidentes para aquellos que se creen perfectos.
Sé agradecid@ por la mañana cuando está fría y estas saliendo de tu casa.Ese sentir del frío en nosotros nos recuerda que estamos vivos, y nos da la oportunidad de disfrutar de nuestra respiración, que también nos recuerda que estamos vivos y respirando.
Sé agradecid@ para la música que saca de quicio o que no soportas. Eso te recuerda que todavía tienes oídos para oír y una mente para decidir lo que te gusta y lo definitivamente te disgusta.
Sé agradecid@ por los problemas que tienes, ya que esto te recuerda que tienes la capacidad para resolverlos y mejorar tu vida en cada área de tu persona.
Simplemente recuerda AGRADECER por cada cosa. No importa lo mal o triste que tu vida pueda parecer. Se agradecido por cada momento de tu vida triste, complicada, y recuerda que incluso una vida complicada y solitaria tiene momentos tristes que le permiten experimentar la verdadera alegría y la belleza de lo que te rodea.
Muchas personas coinciden en que el SER AGRADECDIDO es importante si queremos tener una vida positiva. SER AGRADECIDOS nos hace ver el lado brillante de la vida que nos convierte en personas positivas. Por mala fortuna, a veces vemos lo que no tenemos en lugar de lo que sí tenemos, y terminamos siempre por quejarnos en vez de SER AGRADECIDOS.
A veces necesitamos experimentar una pérdida de alguien y/o algo para darnos cuenta de lo que tenemos.
REFLEXIONES FINALES:
Después de haber leído TU HERRAMIENTA anterior, por favor pregúntate: ¿Cómo me ayuda esta HERRAMIENTA …
- a ser más feliz?
- a ser más sano?
- a ser más próspero?
- a tener paz espiritual?
- a tener más seguridad en mí mismo?
- a mejorar mis relaciones con los demás?
Te invito a que compartas conmigo tus respuestas, escríbeme a:
marco@coachmotivador.com
entrenador@profesionaldealtorendimiento.com
Consideraciones sobre el lenguaje. ROSARIO CUBAS LEÓN, Psicóloga.
rosariocubasleon@gmail.com
No voy a descubrir nada nuevo en el artículo que a continuación les ofrezco. Son ideas e imágenes de vivencias entrelazadas que han cruzado por mi cabeza las que hacen posible las consideraciones siguientes sobre el lenguaje entre adultos.
El lenguaje es un concepto que agrupa distintos modos de comunicación, y el diálogo una variante de la comunicación. Todos nos comunicamos a diario y somos bastantes los que dialogamos con diversas personas a lo largo del día. Pero lo que no sé es si todos nosotros nos hemos dado cuenta de que nuestros intercambios no siempre son acertados al crear falsas expectativas en el otro. No pretendo ser excesivamente minuciosa en cuanto a cómo nos desenvolvemos al hablar, se trata de simples apreciaciones que quiero compartir con los lectores, sin ánimo de modificar patrones que recogemos como muletillas, sin pensar sobre si realmente eso que decimos lo queremos decir o hacer o no. En concreto, quiero resaltar el modo en que nos despedimos muchas veces cuando hablamos con un conocido o amigo del pasado. Decimos: “a ver si nos vemos” o, “a ver si quedamos”. Me pregunto cuántas veces se queda realmente, pues son varias las personas que han compartido conmigo que, aunque puede ser un deseo en algunos casos, cuesta mucho en materializarse, y la mayor parte de las veces no se da. Otro ejemplo puede ser cuando alguien quiere convencer o animar al otro a introducir un cambio en su comportamiento o realizar una actividad como salir, ir al cine,... Muchas veces se responde: “deja ver…” El significado real, con un 1% de error es: No estoy convencida/o, no voy a ir…, salvo que se produzca una excepción.
En relación con este uso confuso del lenguaje viene a mi memoria la expresión habitual: “no está mal”, o “no está feo/a”. Desde mi punto de vista contiene una tendencia negativa sobre el objeto, idea, persona… del que se hace referencia, lo que a su vez no transmite entusiasmo por lo así calificarlo, sino más bien resignación o conformismo incipientes.
En conversación informal es también frecuente escuchar consejos cuando el otro tiene problemas. Expresiones del tipo: “tienes que ser fuerte”, “tienes que confiar más en ti”, o “tienes que luchar, ser competitivo/a”,… Muchos adivinarán mi comentario al respecto. Los consejos pueden estar bien dirigidos, la idea principal es esa, y la intención es buena, así que no pretendo desde aquí decir lo contrario. Sin embargo, ¿cómo se hace una persona fuerte?, ¿cómo se confía en el futuro, en las propias capacidades…? En estos casos prefiero quedarme con el ánimo que ofrece el amigo o consejero para que la persona pueda superar baches, y lo reconfortante que puede ser para aquél, el creer que está haciendo cosas por ayudar. Porque lo que me transmiten muchas personas y uno mismo lo puede concluir, es que crea indefensión el saber que tienes que hacer algo que no sabes cómo conseguir. Si careces de algo necesario, es una obviedad decir que es bueno que lo tengas. La cuestión está en cómo conseguirlo, cuando el proceso en cada persona es distinto. Si le decimos a una persona con signos de depresión que se anime, ¿creen que lo logrará?
Como decía al principio, el artículo de hoy es sólo una exposición de percepciones. Como tales, cada uno mantendrá opiniones respetables. Lo que sí que me pregunto es si aquellos que me lean y no se hayan planteado los aspectos antes vistos van a seguir siendo los mismos cuando escuchen o emitan algunas de las expresiones aquí reseñadas.
Ojos para ver. MARIE PAULE RIVIÈRE, Coach
mp@acmecoaching.es
Hay muchos “ojos” para ver, no me refiero a diferentes puntos de vista sino a diferentes “ojos”.
Estoy escribiendo en mi ordenador y aparece el mensaje: “Hay nuevas actualizaciones de software. ¿Desea instalarlas?”.
A ese que se preocupa de que yo tenga mi software actualizado le contesto, sí, y me pregunta si ahora o más tarde (ahora no o Instalar). Le digo: Instalar y me pregunta de nuevo: ¿Todas, algunas?, le contesto Todas y se conecta pero enseguida se detiene y me dice: Su ordenador no está conectado a una fuente de alimentación. Echo un vistazo al enchufe y veo lo que el ojo informático ha visto: el enchufe está caído sobre la mesa, desconectado. Siento como si alguien, capaz de ver pero invisible, hubiera echado este mismo vistazo. ¡Ha visto que mi ordenador no estaba enchufado!
Y, ¿con qué “ojo”?. Con el ojo informático, claro, con el mismo que ha visto que algunas versiones de mis aplicaciones internas no eran las últimas y yo no he sentido que estaba conectada a algo que me estaba leyendo el contenido de mi ordenador capaz de ver, evaluar y hasta de decírmelo, preguntar y hacer.
Estamos tan acostumbrados que rara vez nos extrañamos cuando esto sucede. Pero si lo pensamos bien hay muchas formas de ver, muchas herramientas para ver a parte de los ojos físicos. Si llevamos esta observación a la reflexión, sobre todo los que necesitamos ver claro en nuestra vida, podríamos ver más cosas interesantes.
¿Qué pasa cuando decimos a alguien al teléfono: veo que estás muy triste, sin verle físicamente?
La persona contesta: pues, sí, mira, esto es muy duro para mí y me siento fatal.
¿Nos hemos equivocado? No. Hemos visto bien.
¿Con qué ojos lo hemos visto?
¿Qué pasa cuando decimos Veo que tu profesor no tiene ningún interés en corregirte este trabajo y el estudiante dice: pues sí, y es esto lo que me desanima.
¿Con qué ojos lo hemos visto?
Y si decimos: veo que te da igual, veo que te estás burlando de mí.
¿Con qué ojos hemos visto la indiferencia o la burla?
Y cuando decimos: veo que terminarás tu vida sólo, sin amigos,
¿con que ojos vemos el futuro?
Muy probablemente con los ojos de la emoción, del razonamiento, de la intuición, de la interpretación, de la proyección mental de ciertas manifestaciones tangibles (sonidos, tonos, movimientos) que prestamos a lo que creemos ver. Son ojos intangibles, miradas subjetivas de dispositivos internos humanos, irreproducibles técnicamente por mucho que se puedan asemejar.
¿Con que ojos vemos el pasado o el futuro que no están físicamente delante de nuestros ojos?
Incluso, cuando vemos la realidad con nuestros ojos físicos hay duda de si es real o no:
¡Que guapa estás hoy!
Pues no, no es mi mejor día, lo dices porque me ves con buenos ojos!
Nuestros ojos físicos no son suficientes para ver todo lo que hay que ver, para explicar mecanismos y fenómenos en nuestra vida. Por un lado, hemos progresado mucho en mejorar la visión con herramientas técnicas (el ojo del microscopio, del radar, de la cámara, del GPS, del detector, de programas informáticos) pero por otro lado, usamos torpemente las herramientas naturales humanas, las mentales (a mis ojos ella es la culpable), emocionales (los ojos del amor) intuitivas (los ojos de la fe), tangibles o intangibles.
Es como si tuviéramos ojos en todas partes, sin embargo vemos la vida principalmente con los ojos de nuestra cara y de nuestra mente.
Ver es entender. ¿Cuántas veces nos han dicho: veo lo que dices para decirnos te entiendo o no veo a donde quieres llegar para decir no entiendo tu intención?
Para ver hace falta luz. La luz es el conocimiento (este libro arroja luz sobre tal tema, a la luz de lo ocurrido, a todas luces este hombre es un genio, no hace falta muchas luces para entender esto).
Por lo tanto para entender hace falta conocimiento.
Para entender a una persona hace falta conocerla.
Para conocerla hace falta pasar tiempo con esa persona y aprender a verla con todos los ojos, los tangibles y los intangibles.
Qué triste, cuando, aquejada por un problema de salud, voy a ver a un médico para que me vea y ¡no me ve! Sólo me mira con su ojo informatizado, los ojos de su cara puestos en la pantalla y sus dedos sobre el teclado introduciendo los datos que me pide y que apenas me da tiempo para expresar y luego ve mi caso, no a mí. Yo le miro con los ojos de mi cara, buscando en su expresión o en sus escuetas palabras si lo que le cuento es para alarmarse o no pero él está absorbido por la pantalla y mira a lo que refleja de mí su pantalla. Un día dejaremos de ir para que nos vean. Al igual que en mi ordenador esta mañana, el ojo que vio que no estaba enchufado verá lo que esté bien o mal conectado en mi organismo, incluso podrá ver mi tristeza o mi miedo, pero ¿podrá ver las verdaderas razones de mi mal para remediarlo? Creo que ese día mandará instrucciones por Internet a la farmacia para que los ojos informáticos vean la receta y reciba la medicina directamente a mi casa cobrándola automáticamente a mi cuenta. Luego podré ser operada a distancia por las manos robotizadas guiadas por los ojos del ordenador.
¿Resolveremos así también los problemas matrimoniales, laborales, familiares, escolares, emocionales, económicos? Esos ojos técnicos con los que ya se empiezan a ver , ¿tendrán detrás de ellos un dispositivo suficientemente complejo y perfecto, esa infraestructura de herramientas humanas que se autoalimenta sin necesidad de enchufar como la que tienen los ojos humanos y que infra-utilizamos?. Tendrán esas conexiones con el pensamiento, la memoria, la experiencia, las emociones, la fisiología, la herencia genética, la inteligencia, la voluntad, los sentimientos, la intuición, el espíritu, tantas partes de la infraestructura humana que influyen en la visión?
No hay peor ciego que el que no quiere ver. Este refrán nos indica que nuestra visión la puede nublar (o al contrario agudizar) cualquiera de nuestras herramientas humanas situadas detrás de nuestros ojos. Por ejemplo si no tengo voluntad suficiente para reconocer ciertos hábitos en mi vida que me perjudican, no los veré, no tendré conocimiento de ellos, es decir no tendré luz y, como el que conduce en la noche oscura sin luz, terminaré empotrándome en algún obstáculo.
En el relato bíblico sobre el ciego Bartimeo, cuando se acerca a Jesús, Jesús le pregunta:
“¿Qué quieres que haga por ti?”
El ciego le contestó:
“Maestro, quiero recobrar la vista.”
Sabía que lo primero era ver y a partir de recuperar la vista recuperaría la visión y su vida cambiaría.
Igualmente en nuestra vida el punto de partida de cualquier cambio es VER primero, conseguir un conocimiento lo más claro posible de nuestra situación presente. Y esto, sólo tu ojo lo puede ver.
Estamos conectados con el universo, la vida, somos parte de la sabia naturaleza y a veces recibimos un aviso claro que aparece en la pantalla de nuestra vida y dice: Estás desconectado, conéctate a la realidad, al presente, a tu verdadero ser para poder actualizarte en la mejor versión de ti mismo.
El poder de la Inteligencia Emocional. ANNA FORTEA, Consultora y alumna de la Certificación de Iesec Human.
anna.fortea@gmail.com
Muchas veces nos hemos preguntado en qué consiste realmente la Inteligencia Emocional, para qué sirve o cómo nos puede ayudar a conseguir mejores resultados en nuestras actividades, ya sean laborales o de otro tipo.
En su libro Inteligencia Emocional, Daniel Goleman nos enseña muchas cosas prácticas sobre la ella; la primera, es la diferencia que tiene con la autoayuda, ya que la Inteligencia Emocional tiene una base científica, de la que la autoayuda carece.
También nos explica, que las emociones conducen a la acción, siendo éstas el miedo, enojo, felicidad, amor, sorpresa, desagrado y la tristeza.
En cuanto a la utilización de las partes del cerebro, es importante saber que la amígdala, es la sede de todas las pasiones y afectos, y su intervención con el neocortex, el hipocampo y los lóbulos prefrontales, constituyen el núcleo mismo de la Inteligencia Emocional, que consiste en utilizar inteligentemente las emociones (como su nombre propiamente indica).
La inteligencia académica poco tiene que ver con la vida emocional. El C.I. sólo aporta el 20% de los factores determinantes del éxito, el otro 80% depende de otros factores.
La I.E. es la capacidad de automotivación, de perseverar a pesar de las frustraciones, de controlar los impulsos, diferir las gratificaciones, regular los propios estados de ánimo, evitar que la angustia interfiera en nuestra razón, y la capacidad de empatizar y confiar en los demás. Uno de los elementos fundamentales de la inteligencia práctica, que suele valorarse más en el campo laboral, es el tipo de sensibilidad que permite a los directivos eficaces darse cuenta de los mensajes tácitos de sus subordinados.
La base de la I.E. consiste en el conocimiento de las propias emociones, la capacidad de controlarlas, junto a la capacidad de motivarse uno mismo, reconocimiento de las emociones ajenas y el control de las relaciones.
Existe una correlación entre el C.I. y la I.E., ya que toda persona es el resultado de la combinación, en diferentes proporciones, entre C.I e I.E.
Goleman, habla de tres tipos de personas:
- La consciente de sí misma (siendo la consciencia de uno mismo la habilidad fundamental de la I.E.).
- La atrapada en sus emociones.
- La que acepta resignadamente sus emociones.
Respecto a la ansiedad, considera que se puede cortar el círculo vicioso de la preocupación cambiando el foco de atención de nuestros pensamientos, al igual que la tristeza se puede paliar buscando una distracción como por ejemplo el aerobic, hacerse regalos o una actividad de voluntariado.
Hay factores que nos ayudan en nuestra vida diaria, como por ejemplo la motivación positiva (que nos ayuda a aumentar nuestro rendimiento en el trabajo), los beneficios intelectuales de la risa o el optimismo. Además, la movilización emocional, consiste en la esencia de influir en los demás, lo que también nos puede ayudar positivamente.
La falta de I.E. en la empresa, puede llevarnos a la quiebra. También está demostrada la incidencia de las emociones en el desarrollo de una enfermedad, o que la mayor parte de los alumnos que presentan un bajo rendimiento escolar, carecen de uno o varios de los rudimentos esenciales de la I.E., que son la confianza, curiosidad, intencionalidad, autocontrol, relación, capacidad de comunicar y cooperación.
Parece que el temperamento nos predispone para reaccionar ante la vida con un registro emocional positivo o negativo, pero esto no tiene por qué ser así. Las lecciones emocionales que recibimos pueden tener un impacto muy profundo sobre el temperamento.
Es en la infancia, en el crisol de la amistad y en el bullicio del juego donde se forjarán las habilidades emocionales y sociales que condicionarán las relaciones que sostendremos durante el resto de nuestras vidas.
Las escuelas desempeñan un papel esencial en el cultivo del carácter, enseñando carisma y empatía, y hasta ahora hemos descuidado la educación emocional de los niños, lo que nos puede traer muchos problemas en el futuro.
Os pido que reflexionéis sobre el tema, que tratéis de lidiar con vuestras emociones para potenciar vuestra inteligencia emocional, pero sobre todo, que eduquéis a los niños sobre unas bases sólidas que les ayuden a desarrollarse como personas emocionalmente sanas, de esta manera podrán ser lo que se propongan en la vida.