Metamodelo. DAVID HERNÁNDEZ,
director de You Coach!
david@newsyoucoach.com
Una de las herramientas que más me ha sorprendido en los últimos años ha sido el metamodelo, herramienta que encuentra su génesis en las aportaciones de la Programación Neurolingüística.
El métamodelo supone un conjunto secuenciado de preguntas (también se define como una técnica interrogatoria) que trata de descubrir o traer a escena la estructura profunda de una persona. Entendemos por estructura profunda la información relativa a cómo codifica la realidad la persona (los sentimientos internos, lo que nos decimos, sentimos y escuchamos). Como contrapartida, la estructura superficial se refiere a mi expresión a través del lenguaje, insuficiente a todas luces para explicar con detalle como codifico una experiencia.
Afirma el metamodelo que al hablar sobre una experiencia, al referirnos mediante el lenguaje a algo de nuestra vida, necesariamente nos dejamos cosas en el tintero. AsÍ, por el camino nos dejamos información debido a los procesos de eliminación, distorsión y generalización que se entienden como” fallos” al codificar la realidad.
Mediante la generalización formulamos leyes a partir de experiencias únicas: si mi pareja me deja, generalizo y afirmo que Nadie me quiere o que Siempre me pasa lo mismo. La forma de desafiar la generalización es preguntar ¿Nadie? ¿Siempre?¿conoces alguna situación en la que alguien te haya querido? ¿Conoces alguna situación en la que no te haya pasado siempre lo mismo?
A través de la eliminación quedan fuera del lenguaje de la persona información relevante para entender su experiencia subjetiva. Un caso concreto lo supone la ausencia de índices referenciales, los sujetos no explícitos que informan de una falsa idea de totalidad. Un ejemplo: si digo En el trabajo me ignoran, pareciera que todos me ignoran en el trabajo. Posiblemente se trate tan solo de una persona que me ignora, pero mi expresión hace pensar en que me ignoran todos. La forma de desafiar esta eliminación es ¿Quién específicamente te ignora?
Por último, la distorsión, supone una creencia desadaptativa de la realidad, la tenencia de esquemas rígidos para codificar la vida. Un ejemplo concreto lo supone el principio Causa-efecto, mediante el cual infiero diferentes formas de funcionamiento para la vida. Si digo: Me pone nervioso, parecería que la responsabilidad de la acción está en mi interlocutor, que no está en mi mano controlar la sensación de nervios. De esta forma trataría de controlar su conducta (que no depende de mí) y podría comenzar una espiral peligrosa de control. Me ayudaría a desarmar esta visión si se me preguntase: ¿Cómo específicamente te pone nervioso? Ahí entendería que la situación de nervios depende en última instancia de mi (y afortunadamente tengo control sobre lo que me pasa)
Tendremos ocasión de volver al metamodelo. Quien quiera profundizar podrá encontrar más respuestas en el gran libro de culto de la PNL: la estructura de la magia o en la bibliografía de Robert Dilts y Salvador Carrión.
Para seguir adelante. JULIÁN GONZÁLEZ HERNÁNDEZ, empleado de notaría.
whereisthecar@hotmail.com
Hacía más de un año que no escribía ni un solo comentario para la revista, en la que, mi apreciado primo David entrega mucho tiempo, transforma energía y genera ideas. Un año en el que no he tenido tiempo o ganas para sentarme delante de mi ordenador y hoy, un domingo cualquiera, lo estoy haciendo. Pero no es un día ordinario. Después de algunas experiencias a lo largo de este año y de leer anoche el último número de You Coach, en el que nuestro director nos preguntaba por nuestras prioridades vitales, me he animado a compartirlo con todos vosotros.
Este mediodía, después de almorzar (grave error por mi parte), he ido a lavarme el pelo. Mientras me lo secaba, he sufrido un mareo bastante serio. Controlé la situación, me sequé rápidamente con el secador y fui al sofá para tumbarme con los pies en alto para no perder la conciencia. Encendí la televisión (no se crean que me incorporé y lo hice con el mando a distancia porque no quería moverme ni lo más mínimo y así poder “controlar” mis constantes vitales) y las primeras imágenes que ví, fueron las del último capítulo de “Perdidos-Lost”. Terrible coincidencia para alguien que no creía que era algo hipocondríaco. Este último episodio que casi nadie ha logrado entender y que ha creado multitud de foros de opinión. Pues imagínense la escena, yo intentando controlar la taquicardia con respiraciones profundas y con “fatiga” en el estómago”, viendo como los protagonistas de la serie se despedían dentro de un templo para seguir juntos el camino hacia otra escala superior de sus existencias debido a que todo en esta vida se rige por el aprendizaje para llegar a conseguir la armonía con todos nuestros seres y estar en paz con uno mismo. Ahí es nada. Después de “controlarme” por enésima vez la tensión arterial y comprobar que ya iba llegando a niveles normales he recordado durante este año que, como siempre se me ha ido volando, han ocurrido muchas cosas, buenas y malas como es normal, pero que han servido para darme cuenta de lo que vale y lo que no, y en el que he sido protagonista de una misión que no he descifrado hasta el final y no es otra que la de seguir hacia adelante. Quiero quedarme con lo bueno y, sobre todo, lo malo convertirlo en mejor y por eso quiero agradecer a toda la gente que ha estado conmigo durante este año. Gracias a algunos compañeros de trabajo que me han tratado mal porque ese no es el camino y en especial a un señor que me enseñado que la edad y la experiencia a veces van reñidas con la honestidad. Saludo a algunos albañiles que contraté y que me estafaron porque ese tampoco es el camino. Mi reverencia a algunos empresarios que quieren enriquecerse a consta de estafar a sus clientes porque ese no es el camino y a algunos jefes que tratan a sus empleados como cifras de retención del IRPF. Saludo a un familiar fallecido recientemente y que no manteníamos amistad para decirle que sembrar miedo y odio en la vida no es el camino.
Para seguir el camino hay que dejar atrás todo lo que nos aprisiona y que nos encadena a seguir corriendo en círculos. Este año ha sido fructífero y animo a todos a dejar rencores y negatividad a un lado y pensar en que lo mejor está por llegar. Pero hará falta que esta crisis de valores desaparezca junto a su hermana la económica para empezar desde cero y lo más sensato posible. Pero ¿habrá que llegar hasta el fondo del pozo para darnos cuenta? Un auto borrón y cuenta nueva. Que no quiero decir que se deba ofrecer la otra mejilla. Sólo faltaba eso a estas alturas.
¿Bailamos?. ROSARIO CUBAS LEÓN, Psicóloga.
rosariocubasleon@gmail.com
Ni atrevido, ni en alusión a la película que hace tiempo protagonizó Chayanne. El título que encabeza mi artículo de hoy es una invitación a conocernos sin fórmulas que disimulen nuestros defectos.
Bien podría haber aludido a otra actividad, que resultara válida para el propósito de este escrito. La elegida, el baile, es por tanto una más, de tantas. Cada uno buscará aquella que ilustre lo que a continuación expongo. Lo importante es que la actividad de referencia consiga abarcar una variedad de matices que no todas reúnen. En esta ocasión me centro en el baile por sí mismo, y en el proceso de aprendizaje que tiene lugar en las clases de baile.
La mayoría de nosotros, estamos acostumbrados a presentar nuestra mejor cara ante los demás. Intentamos mostrar nuestras virtudes, y por el contrario, esconder aquellos defectos a nuestros ojos notorios, quedando de esta manera salvados del posible juicio valorativo y de rechazo que pudiera ocasionar el evidenciarlos desde el primer momento. Podríamos considerarlo un acto de defensa de nuestra autoestima que, aunque no resultaría tan mermada por la manifestación de errores que nosotros mismos reconocemos, es mejor preservar que ataques no siempre bienintencionados internos o externos. Podemos saber cómo somos: lo bueno y lo malo que nos caracteriza, pero eso no quiere decir que tengamos que hacerlos público en todo momento. Así como el uso de una indumentaria acorde nos permite realzar nuestro físico, y disimular algún que otro choque con los cánones de belleza, utilizamos estrategias para tapar aquello de nuestro interior que puede salir a relucir y no nos gusta. Ejemplos habituales y sutiles son las críticas o burlas dirigidas a otros como modo de desviar la atención hacia lo que uno mismo puede hacer incorrectamente; la evitación de situaciones o personas que producen ansiedad para no tener que encararnos con nuestros miedos, y que queden de manifiesto ante los otros, o el simple hecho de no asumir nuestros problemas por el esfuerzo que supone el iniciar un proceso de cambio. En efecto, sincerarnos con nosotros mismos cuesta, y no siempre estamos en disposición a hacerlo o vemos el modo de descubrir nuestras trampas a la sinceridad.
Pero, ¿qué pasa cuando nos enfrentamos ante una actividad que impide que nos ocultemos de nosotros mismos?, ¿en la que es imposible emprender la huída? Creo que una actividad que nos brinda la oportunidad de ser transparentes es el baile. El tener que bailar con otro/s, siguiendo las directrices marcadas por un experto, no sólo refleja las habilidades de coordinación motriz, de memorización de pasos, etc. Más importante si cabe es que nos descubre, refleja estilos de personalidad y de comportamiento.
En el baile es necesario colaborar, ser uno con la pareja: hacer equipo. En ese sentido es fácil detectar si se es controlador/a cuando no se debe tener ese papel. Se deja traslucir también las actitudes hacia el aprendizaje: quienes son perfeccionistas pueden ver frenado su avance por detalles sin importancia; o quienes se caracterizan por la impulsividad, tienden a adelantarse a la música o precisar impacientemente de un ritmo de aprendizaje más rápido. También, queda de manifiesto si existe decepción ante el fracaso o si se vivencian los errores como retos a superar. La postura, y el porte tienen que ver con la seguridad con que la persona se enfrenta a la tarea, o con la timidez o miedo a cometer errores. Asimismo, la creatividad es muy fácil observarla a partir de la creación de nuevas figuras en combinación con otras pocas, en contraposición a aquellos que no son capaces de jugar con los pasos aprendidos para romper con los automatismos de las clases.
En definitiva, y ahora sí para terminar, invito a los lectores a bailar, para que tengan el placer –espero-, de ver cómo se desenvuelven en una actividad que en principio les tiene que gustar, y que les aportará mucho sobre ustedes mismos. ¿Bailamos?
La red social natural. ALFONSO RINCÓN, empresario y alumno de la certificación de coaching profesional de International Coaching School
alfonso@liderasg.com
Como muchos de nuestros lectores conocerán, está de moda formar parte de alguna de las redes sociales que se han impuesto en la red: Facebook, MySpace, Twitter, entre otros. Se trata de entornos sociales donde se imponen unas reglas de correcto funcionamiento y uso. Estas reglas, que si no las cumples no puedes formar de la red social, son el “catecismo” de los asistentes que deben respetar en beneficio de la red social.
A uno, que le gusta deambular por la lectura de los distintos géneros literarios, le ha costado encontrar cuál sería el decálogo ético de funcionamiento en la red social natural (bis a bis), que aunque actualmente en desuso, es en la única que te permite asegurar que el mensaje se corresponde con la identificación del transmitente.
- Nunca prives a nadie de la esperanza; puede ser lo único que esa persona posea.
2. No tomes decisiones cuando estés bajo la emoción de IRA.
3. Cuida tu patrón fisiológico; es el mensaje que tu cuerpo envía a tu cerebro.
4. Cuidado con quién estás en un ascensor si estás hablando de negocios.
5. No pagues un trabajo hasta que esté concluido.
6. Cuídate de quien no tenga nada que perder.
7. Aprende a decir no con cortesía y presteza.
8. No esperes que la vida sea justa.
9. No dudes en perder una batalla, si esto te lleva a ganar la guerra.
10. Sé atrevido y valiente.
11. No aplaces las cosas. Haz lo que sea preciso en el momento preciso.
12. No temas decir "no sé".
13. No temas decir "lo siento".
14. Elogia a tres personas cada día.
15. Contempla el amanecer por lo menos una vez al año.
16. Mira a los ojos de las personas.
17. Utiliza la palabra "¡Gracias!" con frecuencia.
18. Utiliza la palabra "¡Por favor!" con frecuencia.
19. Gasta menos de lo que ganas.
20. Trata a los demás como pueden llegar a ser, no como pienses que son.
21. Haz nuevas amistades y cultiva las viejas.
22. Guarda los secretos.
23. Reconoce tus errores y aprende de ellos.
24. Sé decidido; no pierdas mucho tiempo en el exceso de análisis.
25. Utiliza las tarjetas de crédito sólo por comodidad, nunca por el crédito.
26. No engañes.
27. Aprende a escuchar. A veces las oportunidades tocan a la puerta.
28. Elabora una lista de las cosas que desees experimentar antes de morir; llévala en tu cartera y consúltala con frecuencia.
29. Haz oídos sordos a los malos comentarios pero extrae su parte positiva.
30. Las ideas buenas, nobles y capaces de cambiar al mundo provienen siempre de una persona que trabaja sola.
31. Cuando entres en algún lado, el que sea, hazlo con determinación y confianza.
32. Cuando tengas un limón, siempre procura hacer con él una limonada.
33. Ten un perro, pero no permitas que moleste a los vecinos.
35. Canta y baila, aunque sea en tu casa.
36. Inicia una buena relación con el dinero.
37. No fumes, si lo haces déjalo, si ahora crees que no puedes fumar sólo tres cigarrillos al día hasta que consigas dejarlo por completo, no lo demores mucho.
38. No permitas que te vean borracho ciertas personas.
39. Presta sólo los libros que resulten provechosos.
40. Elige con mucho cuidado al/la compañero/a de tu vida: de esta única decisión se derivará el 90% de tu felicidad.
Autoestima. ANNA FORTEA, Consultora y alumna de la Certificación de Iesec Human.
anna.fortea@gmail.com
La autoestima, que es también denominada amor propio o auto apreciación, es la percepción emocional profunda que las personas tienen de sí mismas. Puede expresarse como el amor hacia uno mismo. Es un aspecto básico de la inteligencia emocional.
La percepción emocional puede fácilmente llegar a sobrepasar en sus causas a la racionalización y la lógica del individuo. Por ello, tener una buena autoestima implica ser conscientes de las virtudes y defectos propios (autoconcepto) así como de lo que los demás realmente dicen de uno (heteroconcepto) y sienten hacia uno (heteroestima), aceptando todo ello en su justa medida, sin amplificarlo ni reducirlo, sabiendo y afirmando que en cualquier caso uno es valioso y digno. Implica, por lo tanto, el respeto hacia uno mismo y consecuentemente hacia los demás. La autoestima es el requisito indispensable para las relaciones interpersonales y humanas sanas, ya que amarse así mismo permite que puedas amar y respetar a los demás.
Hay unos síntomas claros, que nos indican si tenemos una autoestima positiva o negativa:
Una persona con la autoestima alta, asume responsabilidades con facilidad, está orgullosa de sus logros, afronta nuevos retos con entusiasmo, utiliza sus medios, oportunidades y capacidades para modificar su vida de manera positiva, se quiere y se respeta a sí misma y consigue el aprecio y respeto de quienes le rodean, rechaza toda actitud negativa para la persona misma, expresa sinceridad en toda manifestación de afecto que realiza, se acepta a sí misma, no es envidiosa y es tolerante.
Sin embargo, cuando una persona tiene su autoestima baja, desprecia sus dones naturales, otras personas influyen en ella con facilidad, se frustra fácilmente, se siente impotente, actúa a la defensiva, culpa a los demás por sus debilidades y miente frecuentemente.
Con esta breve definición de la autoestima, pretendo que veáis la importancia que tiene su cuidado, para poder tener una vida que valga la pena. Facilita nuestro crecimiento, podemos tener acceso a nuestra energía interior y nos permite ser felices y libres.
Para aprender cómo mejorar nuestra autoestima debemos empezar por hacernos selectivos con los pensamientos que permitimos en nuestra mente, una mente que sólo nosotros podemos controlar.
Según Nathaniel Branden, para proteger nuestra autoestima, es necesario que sepamos evaluar nuestra conducta de la manera apropiada. Esto incluye, primero, tener la certeza de que los parámetros con los cuales juzgamos son verdaderamente nuestros, no los valores de los demás, con los cuales nos sentimos obligados a aparentar que estamos de acuerdo.
Segundo, necesitamos efectuar nuestras evaluaciones con una actitud no sólo de honestidad sino de compasión, una voluntad de tener en cuenta el contexto y las circunstancias de nuestras acciones, así como las opciones o alternativas que percibimos como accesibles. En aquellos asuntos en los que nos sintamos verdadera y justificadamente culpables, es preciso que tomemos las medidas específicas para eliminar la culpa en lugar de limitarnos a sufrir pasivamente.
Debemos aprender a no disculparnos nunca por nuestras virtudes, ni hacernos reproches por ellas, ni tratar de rechazarlas. Debemos tener el coraje de reconocer nuestros puntos fuertes y nuestros aciertos. De otro modo, estaremos traicionando a nuestra autoestima.
Necesitamos vivir activa y no pasivamente, asumir la responsabilidad de nuestras elecciones, sentimientos, acciones y bienestar para así hacernos responsables de nuestra propia existencia. Como la independencia, la productividad es una virtud básica de la autoestima, y el trabajo es una de las formas prácticas de manifestar la responsabilidad.
Al apoyar la autoestima de los otros, apoyamos la nuestra. Así, el hecho de vivir con benevolencia es necesario para la autoestima.
¿Cómo elevar nuestra autoestima? Practicando estas conductas. Viviendo conscientemente, aceptándonos a nosotros mismos, con responsabilidad, autenticidad, benevolencia e integridad.