Una de las herramientas más útiles que conozco para entender a los demás es la dinámica de los valores. A través de ella se identifican y se clasifican en orden de importancia los principios inspiradores de cada persona, los motores de nuestra vida, aquello que nos da empuje y fuerza. No hace falta resaltar la importancia que la utilización de esta dinámica tiene para cualquier proceso de coaching: descubrir los “botones” que nos activan: la familia, la honestidad, la armonía, la superación, etc...
Honestamente pienso que todos deberíamos hacer en algún momento de nuestra vida este ejercicio para conocernos mejor. Es una fuente directa, directísima de de autoconocimiento.
Los valores representan los caballos que tiran de nosotros y debemos ser son los responsables de que pasemos la mayor parte de nuestra vida satisfaciéndolas: una pequeña acción, una decisión concreta estará seguramente marcada por el deseo de satisfacer ese valor.
La relación entre valor y comportamiento es clara: si la familia estará por encima de todo daré prioridad al tiempo que paso con ella y nada será más importante que eso. Si lo importante es el crecimiento profesional es fácil suponer que seré capaz de renunciar a otras cosas para asegurarme mi crecimiento profesional.
Lo que a veces olvidamos es que muchas veces nos dedicamos “tontamente” a satisfacer una valor aunque eso arruine cotas mayores de felicidad. Se trata de valores que se han vuelto totalmente desadaptativos para nosotros y que sin embargo seguimos (valga la redundancia). Y es que hay valores que son auténticos caramelos. Uno de ellos es el perfeccionismo. La naturaleza negativa de este valor radica en que por lo general es un valor “insaciable”. No conozco a ningún perfeccionista que no encuentre la ocasión para dar una vuelta de tuerca mas, para exigir más, para mejorar algo un poco más.
Y es entonces cuando le dedicamos lo más valioso que tenemos (nuestro tiempo) a algo que nunca se va a ver satisfecho del todo. Y sin embargo, perdemos una verdadera hemorragia de tiempo tratando de ser más perfecto. Quien les escribe ha robado horas al sueño tratando de mejorar un texto, de mejorar tal o cual proyecto y tratando de hacer las cosas de la mejor forma posible. Tan solo tengo constancia de dos cosas: de la inversión de esfuerzo que he hecho y de las horas que le he robado al sueño ( y que nunca volverán). Sin embargo, no estoy seguro de haber saciado al perfeccionismo más allá de un 50%.
Nunca es tarde para revisar si nos compensa dedicar tanto tiempo a las cosas por el simple hecho de saber que es eso lo que tengo que hacer porque me lo pide el cuerpo. Conozco a adictos a la droga que utilizan exactamente la misma argumentación.
¿Qué te estás perdiendo por seguir tan “a la ligera” ese valor? ¿Qué harías si ese valor fuera importante pero no lo UNICO que tienes en este mundo? ¿En qué ganarías? ¿Por qué nos casamos tan fácilmente con una causa? ¿De que forma podrías incorporar ese valor en tu vida de una forma menos limitante?
Tengamos cuidado con los valores “insaciables” (seguridad, perfeccionismo, ambición,etc…), en especial cuando golpean otras esferas de nuestra vida. Si un valor comienza a restarnos, deberíamos tal vez ( y perdonen el juego de palabras) empezar a quitarle valor.
Deberías. JOSÉ CESAR GUILLAN, Psicólogo y coach
gljc@telefonica.net
Seguramente no existe una palabra, junto con “tengo que“ que nos resulte más limitante en el desarrollo de nuestra vida.
Estamos muchas veces colapsados por los “deberías”, los propios que nos imponemos y los ajenos que nos intentan aplicar.
En nuestros entornos, estamos rodeados de personas que nos aconsejan con asiduidad:
- Deberías adelgazar
- Deberías estudiar más
- No deberías permitirle eso a tu hijo……
No pretendo que desechemos los consejos de los demás, pues seguramente son bien intencionados, sin embargo ¿cuántas veces hemos estado a punto de mandar a tomar viento fresco a algún amigo, compañero de trabajo, familiar...,”excesivamente aficionado” a bombardearnos con sus deberías?
Me refiero más en concreto a esos deberías, que más que consejos son intentos de manipulación ¿nos entendemos no?
Bueno, pues os propongo una estrategia para desembarazarnos de estos “aconsejadores compulsivos” sin llegar a mayores.
Primeramente, acudamos al diccionario:
Deberías es un verbo condicional, este tiempo se utiliza para:
Hacer recomendaciones y/o dar consejos.
De hecho, es la forma preferible para dar consejos de una manera que no sea demasiado abrupta ni directa.
Por definición, el condicional es un tiempo verbal que se utiliza para expresar posibilidades sujetas a condición o duda y hechos futuros dependientes de un tiempo pretérito.
Creo que en esta definición está lo útil.
La próxima vez que algún amigo/a, familiar o compañero de trabajo, nos obsequie con un debería manipulador, le podemos decir:
Bueno, acepto tu consejo de buen grado, ahora bien, si eres tan amable ¿bajo qué condiciones debería hacer eso que tú me dices?
Seguramente, con esta simple pregunta, nuestro “sabio” interlocutor quedará un tanto descolocado, pues le obliga a implicarse mucho más en el consejo.
Es posible que pueda insistir más, y nos exprese alguna condición bajo la cual él crea que debemos de hacer esto o aquello, pero al final, la condición será ni más ni menos que:
“Deberías hacer esto o aquello, bajo la condición de que TÚ consideres que es lo mejor para TI, en ESTE momento, según lo que te esté pasando o te haya pasado.” (Por definición, no hay más)
Esta condición sólo está bajo nuestro control.
Puede incluso, que nuestro amigo sea capaz de ponerse en nuestro lugar y en nuestras circunstancias y en nuestro momento, y nos siga aconsejando. Perfecto. Si hace esto, su consejo ya no será manipulador, pues ¿hay alguien capaz de manipularse a sí mismo?
De paso, a nuestro amigo le haremos un favor, pues habrá hecho con nosotros un estupendo ejercicio para practicar la empatía
Como beneficio añadido, y si nuestra decisión, no nos da el resultado esperado, nuestro amigo no nos podrá decir:
¡Ya te lo dije!
Frase, que según tengo leído por algún sitio, es una de las cosas que más nos fastidia que nos digan.
En fin, ya se sabe, después de la batalla, todos somos Generales……
Educar con excepciones. ROSARIO CUBAS LEÓN, Psicóloga.
rosariocubasleon@gmail.com
Con mis palabras de hoy les animo a una breve o profunda reflexión sobre los modelos de comportamiento que nos enseñan nuestros padres o tutores. En concreto, sobre cómo aprendemos modales, ideas acerca de cómo hay que ser correctos en el trato con los demás, educados, y cómo esto puede ser perjudicial en algunos casos, si somos excesivamente rígidos en lo que podemos esperar de los demás.
Hago alusión a este tema en el artículo de hoy por lo que he observado recientemente en un niño, objeto de mi atención profesional. Sus padres, con la mejor de sus intenciones y la ilusión de conseguir que se convierta en un adulto que sepa relacionarse con los demás de forma adecuada, le han enseñado a ponerse en el lugar de su hermano pequeño, de otros niños, e incluso le han reprendido cada vez que alza la voz en demasía o protesta por no querer hacer la tarea, instándole en todo caso a explicarse en voz baja y de forma pausada. En definitiva, han hecho de él una personita controlada y respetuosa. Un niño que se entiende perfectamente entre adultos pero que apenas sobrevive entre otros iguales que no han aprendido tan bien la lección de unos padres menos minuciosos o con otra prioridad en sus valores.
Como consecuencia de lo anterior, cuando otro compañero de clase se mete con él no entiende por qué lo hace. Sus padres le han dicho que hay que respetar a los demás; que si algo negativo le hace a otro sin intención, le pida disculpas. Pero que cuando uno fastidia a otro adrede, eso es no ser bueno, eso no se puede hacer. En este punto es que el niño del que les hablo se muestra inseguro. No entra dentro de sus esquemas de comportamiento que esto pueda pasar y, por tanto, no sabe reaccionar ante situaciones difíciles o agresivas por parte de los demás. Está claro que tendrá que aprender a ser flexible en su pensamiento y aceptar que hay personas que no se comportan del mismo modo que él, y para las que el modo habitual de respuesta que él emplea no sirve, por lo que debe modificarlo bajo esas circunstancias.
Aunque he descrito lo que le pasa a un menor, lo mismo puede aplicarse en los adultos. En realidad, no dejamos de asombrarnos porque el vecino del quinto no saluda por las mañanas, (como si le hubiéramos hecho algo); nos afecta que nuestro jefe no nos considere delante de nuestros compañeros de trabajo, cuando hemos presentado los mejores resultados del trimestre; o puede que te siga molestando que tu hermano no te llame para saludarte, sino para pedirte algún favor. Todos tenemos ideas acerca de cómo deberían ser las cosas, cómo tendrían que funcionar las personas en sociedad. Sin embargo, si mantenemos estas creencias como si realmente fueran dogma de verdad, serán un foco de malestar en muchas ocasiones que vivamos. Aprender a modificarlas y a buscar las excepciones en su aplicación nos ayudará a sobrellevar situaciones que de otro modo serían molestas o el origen de una crisis psicológica o personal aún mayor.
No soy el mensajero, soy el mensaje.IVAN MAGAÑA, Coach.
La primera vez que me atreví a definirme como un mensaje fue un poco impactante para la gente que me estaba escuchando, incluso para mí mismo. Imaginaros, en una ponencia que llevaba por título La Importancia de la Comunicación, unas 40 personas expertas en el mundo de los RRHH en la sala y de repente aparece un chavalín de 29 años empezando la conferencia con una pregunta.
“¿Cuántos de ustedes se consideran mensajeros?”, todos respondieron afirmativamente alzando la mano.
Acto seguido pregunto de nuevo: “¿Cuántos de ustedes se consideran mensaje? Murmullo general, y en la mayoría de las caras asombro y sobretodo duda.
¿Somos coaches o hacemos coaching? ¿Somos mensajeros o somos el mensaje?
El coaching te hace descubrir que en esencia no sólo somos mensajeros, sino que somos el mensaje que predicamos. De nada sirve ser predicador de buenas prácticas, si luego no somos consecuentes con lo que decimos en todo momento.
Cuántos de nosotros hacemos grandes sesiones de coaching y luego en nuestro día machacamos nuestros propios argumentos con un simple “pobre infeliz”.
Hemos de ser consecuentes con lo que predicamos siendo en todo momento lo que dice nuestro mensaje. No sólo sirve ser el cartero que va repartiendo cartas allá donde va, sino que el valor añadido del coaching recae en ser esa carta en todo momento.
Todo esto requiere de un gran trabajo interior que luego se transmitirá exteriormente, y seguro que con las palabras apropiadas. La diferencia entre un buen coach y un coach genuino es querer serlo en todo momento. De nosotros depende la decisión. Yo he escogido ser un coach en esencia ¿y vosotros? Sé que será un camino largo y duro, pero mi decisión es firme, la esencia de las cosas es hacerlas en todo momento. Cuántos de nosotros hemos abandonado cosas por pereza o desidia, por egoísmo o ira, por rabia o culpabilidad.
Pero, ¿sabéis una cosa?, ¿sabéis cuáles son aquellas cosas que nunca abandonamos?, los valores. Integremos el coaching como un valor en nuestras vidas y seguro que nunca desaparecerá.
No somos simples mensajeros con mensajes en nuestra mochila. Somos el propio mensaje en sí mismo.
Relaciones y dependencia. ANNA FORTEA, Consultora y alumna de la Certificación de Iesec Human.
anna.fortea@gmail.com
La dependencia no nos deja respirar, no nos damos cuenta pero nos atrapa cada vez que necesitamos que otra persona nos dé el visto bueno para todo lo que hacemos. Actualmente, hay un gran porcentaje de la sociedad que depende emocionalmente de otra persona. Quizás no se han dado cuenta, pero es así. Y no tenemos más que pararnos a observar.
Esas parejas que no se despegan para nada, van juntos a todas partes, no salen con otras personas a no ser que vayan los dos, nunca se irían de viaje sin su otra mitad, porque no estarían a gusto ni serían capaces de disfrutar de los paisajes, la compañía, ni ninguno de los atractivos que pudiera tener esa experiencia, porque les falta algo, y es esa persona, la que inconscientemente supervisa todos sus actos. Al no estar juntos, no se sienten capaces de tomar decisiones, por mínimas que sean. Este tipo de personas, suelen cuestionar las relaciones de pareja independientes, ya que no les parece “normal” que cada uno pueda disfrutar de sus propias aficiones por su cuenta, que puedan decidir basándose en sus propios criterios. No entienden el concepto de independencia y pareja, ya que este tipo de dependencia es santificada por nuestra cultura (¡Cómo le quiere!).
Otro ejemplo, que seguro que a todos nos ha ocurrido, es el típico amigo absorbente, que nos llama varias veces al día para preguntarnos cualquier cuestión sobre sus actos cotidianos, si se pone la camisa negra o la roja, si para ir a un lugar toma un camino u otro, etc.
También existe dependencia en las relaciones familiares, sobre todo entre madres e hijos. Esas madres que no dejan que sus hijos abandonen el nido, negativizando la independencia al máximo, haciéndole ver lo dura que es la vida sin la seguridad de la familia (… cuando tengas que pagar la luz, el agua, el recibo del gas, etc.…). Y también a la inversa, la dependencia de los hijos hacia sus madres, los que no abandonan el hogar por temor a tener que tomar sus propias decisiones, y se ponen miles de excusas a sí mismos para justificarse.
Estos son sólo algunos ejemplos, la dependencia está presente en nuestras vidas constantemente, no hay más que escuchar la radio, canciones como “Si tú no estás aquí” de Rosana, “No puedo vivir sin ti” de Coque Maya, “Te necesito” de Amaral, entre otras muchas, y no sólo en la radio, también es curioso fijarse en diálogos de películas y series que vemos a diario, y que, como decía antes, están perfectamente aceptadas en nuestra sociedad.
Con este artículo, no es mi intención que os desvinculéis de vuestras parejas, amigos o familia, ¡¡¡al contrario!!!. Simplemente pretendo que hagamos un ejercicio, que empecemos a tomar nuestras propias decisiones, sin contar con nadie, sólo con nuestro propio criterio, que hagamos una lista de pros y contras, y nosotros mismos solucionemos la cuestión. Al principio resulta difícil, pero ya veréis como conforme vayáis tomando vuestras propias decisiones, os liberáis de muchas tensiones que ni siquiera sabíais que teníais. Recordad que es mucho más bonito disfrutar de una relación donde ninguna de las partes depende de la otra, seréis mucho más felices y estaréis predispuestos para hacer felices a los demás. Os pido que lo intentéis y me contéis cómo ha sido la experiencia, ya veréis cómo en poco tiempo no sólo notáis un cambio en vosotros mismos, sino también en la gente de vuestro entorno, que no sabrán por qué, pero también se sentirán mejor.
Por qué leer. MARÍA ANGELES BENITEZ, Directora de Troa Librerías- Ideas
anna.fortea@gmail.com
Cada ser humano viene al mundo de la inteligencia, gracias a la comunicación con los demás. Generalmente, gracias al beso de la palabra (1).
La inteligencia es la base de nuestra personalidad, la luz del alma - de lo espiritual que hay en el hombre – y la puerta por la que accedemos al mundo que nos rodea.
Gracias a ella podemos “abrir el entendimiento, corregirle, afinarle, ponerle en condiciones de saber, de comprender, de dominar sus propias facultades…” (2)
Se puede y se debe cultivar la inteligencia para que sea capaz de obtener conocimientos seguros a través del análisis y de la síntesis. ¿Cómo?: mediante la propia experiencia, la experiencia de otros y a través de la lectura – principal fuente de conocimiento porque mantiene vivos a los grandes hombres del pasado, de los cuales aprendemos de su saber y participamos de sus inquietudes.
Pero el fin no es el conocimiento por el conocimiento – la mera acumulación de datos -Es conseguir una mayor libertad intelectual, fundamentada en el dominio del lenguaje, de la palabra – adquirida por un buen bagaje de lecturas-, pues la palabra sirve para pensar, discernir, definir, transmitir, entusiasmar, conmover, convencer, dialogar…
Es el medio para aclarar lo que sabemos y poder expresarlo. Facilita el autoconocimiento y el diálogo, pues para comprender bien cualquier asunto, hay que esforzarse en expresarlo. “Es el hablar atajo único para el saber: hablando los sabios engendran otros, y por la conversación se conduce al ánimo de la sabiduría dulcemente”(3).
Con los libros, nunca nos sentiremos solos, porque conversamos con personajes reales o imaginarios, nos trasladamos a otras esferas del tiempo y de la realidad. El ser humano necesita ver con los ojos de otros hombres, no sólo con los propios, acrecentando así su sensibilidad. “Leer con atención profunda los clásicos es entrar en contacto con gentes que supieron pensar, sentir, vivir más altamente que casi todos nosotros, de manera ejemplar; y darnos cuenta de cómo ese pensar y ese sentir fueron haciéndose palabra hermosa. Los clásicos son una escuela total; se aprende de ellos por todas partes, se admira lo entrañablemente sentido o lo claramente pensado, en lo bien dicho. Y cuando nos toque a nosotros, en nuestra modesta tarea del mundo, la necesidad de hacer partícipes a nuestros prójimos de una idea o de un sentimientos nuestro, esos clásicos que leímos estarán detrás, a nuestra espalda, invisibles pero fieles, como los dioses que en la epopeya helénica inspiraban a los héroes, ayudándonos a encontrar la justa expresión de nuestra intimidad” (4).
Y por último, nos ayuda a aproximarnos a la belleza porque aunque por nosotros mismos no seamos capaces de reproducir a través de la belleza de las palabras nuestro interior, podremos disfrutar de la obras de los grandes autores en las que el resultado final de la utilización de los recursos del lenguaje con maestría, perfección y dominio es Arte y Belleza.
Para finalizar no me resisto a citar al filósofo hispano musulmán de Zaragoza, Avempace. Hace mil años en su Tratado de la unión del intelecto pensó de los libros y su divulgación lo que sigue: “Por lo que respecta a los deberes entre los corazones, todo se fundamenta en los escritos y en su difusión entre los seres humanos. Los libros poseen un extraño encantamiento para unir a las razas, a las personas y a los pueblos. Porque sólo los que aman a los libros, aman a los hombres”.(5)
1.- Juan Luis Lorda. Humanismo. Los bienes invisible. Pg. 16. Rialp. Madrid, 2009
2.- Newman: Naturaleza y fin de la educación universitaria.1946 citado por Juan Luis Lorda en Humanismo
3.- Baltasar Gracián: El Criticón, I,1
4.- Pedro Salinas: Defensa del lenguaje. Pg.330. Alianza. Madrid,1967 citado por Juan Luis Lorda en Humanismo.
5.- Citado por Jesús Maeso de la Torre en la Ponencia de inauguración del Congreso nacional de libreros 11 de marzo de 2009. Ceuta