Mercé Conangla es psicóloga, enfermera y escritora. Se ha especializado en la educación emocional, entrenamiento en competencias de liderazgo y comunicación no verbal. Trabaja como formadora y consultora en el ámbito docente y sanitario. Colaboradora con diversas universidades, hospitales e instituciones como conferenciante, formadora y dinamizadora de equipos de trabajo. Es profesora de Postgrado de Educación Emocional y en el Máster de Coaching y Liderazgo Personal en la Universidad de Barcelona.
Jaume Soler ha cursado estudios de psicología y realizado diversos masters y curso de postgrado dentro de esta materia. Es el fundador y director, desde 1996 de la Fundación ÁMBIT, Instituto para el Crecimiento Personal de Barcelona, entidad no lucrativa dedicada a proporcionar información, asesoramiento y recursos para el desarrollo personal en la línea de la psicología humanista.
“Es maravilloso y sorprenderte estar aquí. Estamos aquí, pero podríamos no haber estado. Estamos… pero dejaremos de estar como individuos y como especie. Tan sólo es cuestión de tiempo. Ya que estamos, vale la pena vivir esta oportunidad”. Así comienza este apasionante libro. ¿Qué encontrarán los lectores en “Corazón que siente, ojos que ven”?
Más de doscientas preguntas para que cada uno busque y elabore sus propias respuestas. Preguntas que nos interrogan sobre la vida que vivimos y el sentido que le damos. Preguntas que nos plantean retos, que nos mueven de nuestra zona de comodidad y nos colocan ante espacios inciertos que nos permitirán desplegar nuestras capacidades dormidas. Preguntas para crecer y para acompañar el crecimiento de otros.
Encontrarán reflexiones de muchas personas que vivieron vidas sabias antes de nosotros. Hallarán una visión ecosistémica del mundo emocional, admiración, sorpresa y belleza ante esta improbable pero posible oportunidad que supone vivir nuestra vida. Y mucho más… todo dependerá del nivel de profundidad con que cada lector trabaje el libro.
El libro supone una auténtica invitación a la experimentación y a sacarle el mayor jugo posible a las 650.000 horas de que disponemos en nuestra vida. ¿Cuáles son las claves para aprovechar al máximo este número de horas?
En primer lugar tomar conciencia de que estamos aquí pero dejaremos de estar; que nuestra vida es nuestra oportunidad de dejar un legado en el gran tejido de la humanidad.
En segundo lugar comprender, no sólo intelectual sino también emocionalmente que una vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir. Que hay diferentes niveles de existencia y que uno puede limitarse a sobrevivir o a practicar el arte de vivir consciente.
En tercer lugar, tomar la decisión de vivir nuestra fugacidad haciendo que esta “chispa de vida entre dos oscuridades” que es nuestra vida, sea una chispa brillante y bella.
A partir de aquí… un trabajo diario, perseverante de aplicación de la ecología emocional en nuestra vida: cuidando espacios interiores y exteriores, conectándonos a fuentes sostenibles de energía emocional, cuidando del clima emocional evitando emitir tóxicos, protegiéndonos de los entornos contaminados y trenzando relaciones basadas en el principio de responsabilidad y respeto.
Según aparece en el libro: “Una buena vida no es gratis, una buena relación tampoco, una buena vejez en ningún caso. Dependerá de en qué la inviertas, de cómo la gestiones, de los ingredientes que aportes, de tu valentía para salir de la comodidad y seguridad y acceder a los espacios inciertos de crecimiento”. Luego se lanza una pregunta: “¿Hay vida antes de morir?”
Nuestra vida es nuestro principal recurso. ¿Somos mezquinos con ella? ¿La infrautilizamos? ¿La desperdiciamos? Puede haber vida antes de la muerte si creamos vida. La muerte empieza cuando dejamos de comprometernos con cada segundo de nuestra vida. Es curioso que temamos tanto la muerte final y que no temamos no empezar a vivir nuestra vida, la nuestra y no la que otros han diseñado para nosotros.
La ecología emocional propone realizar un trabajo en equipo entre nuestra mente y nuestras emociones de cara a realizar acciones más armónicas para nosotros mismos, para los demás y para el mundo. Propone realizar una gestión más inteligente de nuestra vida aplicando los principios de responsabilidad y la conciencia del impacto global que toda acción u omisión tiene en el ecosistema.
¿Qué principios debemos seguir para gestionar adecuadamente nuestras emociones?
Asumir la responsabilidad de autogestionar nuestras emociones. Somos responsables de ellas. El otro no me provoca ira… Yo siento ira cuando…; el otro no me desequilibra… yo me siento desequilibrado cuando…: Fuera culpabilidades y más responsabilidades.
Aplicar el principio del respeto a la diversidad: Somos diversos y esto puede ser una fuente de enorme riqueza si sabemos gestionarlo adecuadamente. Nuestro mundo emocional nos informa y hay emociones que aunque no sean agradables de sentir, son muy necesarias. La tristeza, el miedo y la ira, si son gestionadas adaptativamente pueden ser fuente de crecimiento personal. La ecología emocional explica los diferentes pasos para gestionarlas adaptativamente.
Crear espacios protegidos en nuestro interior donde podamos recuperar el equilibrio cuando a fuera todo sea caos y crisis. Espacios de serenidad, de silencio, de reintegración personal, de ternura… que no se improvisan cuando todo va mal sino que son el resultado de haber invertido en ellos cuando las cosas iban bien.
Es importante comprender que participamos en la creación de nuestro mundo interior y exterior aportando equilibrio o desestabilizando el sistema en función de cómo actuemos.
Habéis acuñado y difundido el concepto “ Ecología Emocional”, ¿cuál es el significado de estas palabras y qué repercusión tiene en la búsqueda de una vida feliz?
Es el arte de gestionar nuestro mundo emocional de tal forma que este caudal de energía que nos aportan las emociones seamos capaces de invertirla en nuestro crecimiento personal, en la mejora de nuestras relaciones interpersonales y en el mayor cuidado de nuestro mundo. Somos partes de un gran TODO y cocreadores de nuestra realidad. Podemos elegir ser parte del problema o formar parte de la solución. Nuestra vida no es algo que nos es dado objetivamente, será lo que en definitiva hagamos de ella. La ecología emocional nos enseña a vivir vidas emocionalmente sostenibles eligiendo la creatividad en lugar de la destructividad. Y crear fomenta el sentimiento de plenitud y sentido, ambos ingredientes de la felicidad.
Entre nuestros lectores existe un importante número de personas que ya son Coachs o se están formando para ello, qué enseñanzas pueden obtener para desarrollar esta profesión?
Un coach es un experto en el arte de acompañar procesos. No aconseja, no se inmiscuye en la vida del otro, respeta, escucha, no manipula, no se mezcla con la vida del otro. Observa, empatiza y respeta el ritmo y proceso de la persona que ayuda. No es tarea fácil pero hay muchas formas de ser útiles a las personas dando recursos para que ellas mismas elaboren su propia “fórmula magistral”. En este libro hallarán muchas preguntas que son semillas de cambio, muchos ejemplos, relatos, anécdotas donde cada persona puede extraer conclusiones para aplicar a su vida. En ecología emocional trabajamos mucho con metáforas y cuentos. En este libro hay algunas muy poderosas: el iceberg, la alcachofa, la orquesta, el camello, el león y el dragon, el laberinto… animamos a los coach a buscarlas y a trabajarlas. También hallareís más en otros libros nuestros: Sin ánimo de ofender, ecologia emocional y por supuesto los libros específicos de relatos: La vida viene a cuento o Aplícate el cuento. De hecho ya estamos aplicando metáforas y cuentos de ecología emocional en la formación de coach en el Máster de Coah de la Universidad de Barcelona y en varios centros privados.
Sois los creadores de la Fundación Ámbito (Instituto para el Crecimiento Personal de Barcelona), una organización no lucrativa, ¿Cuál es el objetivo de esta fundación?
Hace 15 años creamos esta Fundació que tiene como finalidad dar recursos para el crecimiento personal, la gestión emocional y la mejora de la relación con uno mismo y con los demás. Su característica más importante es el hecho que los profesionales dan generosamente su tiempo y conocimientos sin percibir remuneración. Lo consideramos una devolución social solidaria. Entre sus actividades se hallan los grupos de crecimiento personal, grupos de trabajo de pèrdidas, de salud bienestar y vida, meditación, espiritualidad, educación. Actualmente tenemos abierta una linea de Formación en Ecologia Emocional con tres niveles (Training, Formación para formadores y Expert (en educación, salud o empresa). Esta linea de formación es muy recomendable para personas que se dedican al coach o a la educación emocional en el sentido más amplia del término.
En “Juntos pero no atados” os adentráis en el ámbito de la pareja. ¿Cuál es la enseñanza principal de este libro?
La pareja emocionalmente ecológica es la que se elige desde la libertad responsable y debería ser un entorno amoroso donde cada uno de sus miembros pueda desarrollar y conciliar su proyecto personal de vida con la construcción conjunta de un proyecto de pareja. Si para vivir con otra persona yo dejo de ser yo, si ser fiel a mi pareja supone ser infiel a mi mismo… tenemos que plantearnos si vale la pena. Se trata de elegir mejor la persona que nos acompañará en el camino de la vida y en quien vamos a invertir nuestra energía amorosa.
¿Qué grandes enseñanzas habéis recibido del trabajo con personas durante vuestra trayectoria profesional?
La humildad es esencial. Todos podemos aprender de todos y nuestro camino de vida está lleno de maestros si estamos dispuestos a convertirnos en alumnos.
La gratitud nos conecta a una fuente de energía emocionalmente ecológica, limpia, renovable y sostenible. Empezar y finalizar el día agradeciendo todos los dones de que disponemos promueve nuestra salud emocional.
La generosidad nos permite ser solidarios en la finitud, conscientes de que compartimos viaje con los demás y que todo lo que retenemos y dejamos de dar se va a perder. No podemos permitirnos este derroche.
La capacidad de resiliencia del ser humano es enorme. En nuestro interior hay todo el potencial para salvarnos o para destruirnos. Lo importante es saber cómo conectarnos a uno u a otro.
Hay que aligerar nuestro equipaje vital eliminando pesos de tóxicos, culpas, ofensas, quejas, victimismo. Conscientes de nuestra provisionalidad vivimos mejor sin tanta carga.
Las soluciones preventivas son mucho mejores que las soluciones catastróficas. Debemos invertir en prevención, enseñar “a nadar” antes de que se produzca el naufragio. Este libro “Corazón que siente, ojos que ven” explica todo esto y mucho más.