you coach

 

nº 19 Diciembre 2009

you coach
 
manuscritos

Joaquin TorresToño y su regalo. Marie Paule Riviére, Coach.
mp@acmecoaching.es

Érase una vez un niño pequeño llamado Toño. Era la mañana del día de Reyes y Toño estaba sentado en el suelo delante del árbol de Navidad. Le fascinaba los colores y los lazos de los paquetes de regalos amontonados al pie del árbol.

Sus padres, sus hermanos, sus abuelos y lo tíos que habían venido se exclamaban a su lado, pero Toño no los veía, sólo tenía ojos para los paquetes y sus lazos.

Adelantó la manita hacia un lazo rojo y tiraba de él gritando: “¡mío, mío!” Su tía Paloma le apartaba la mano: “No, Toño, éste no es tuyo”. Se le cayó el chupete pero lo ignoró, ya se estaba lanzando hacia aquel paquete dorado. Mamá alcanzó el paquete antes que él y dijo a su hermano: “Toma, Nacho, mira lo que te han traido los Reyes!”.

Toño se puso a gatear hacia otro paquete, el azul del que asomaban unos rizos plateados. Hundió su manita en el manojo de rizos crujientes…¡qué sensación! Justo cuando decidió arrancarlos el paquete salió volando también y Toño tendió los brazos hacia su madre haciendo pucheritos.

Mamá le cogió y el tío Manolo le acercó un  paquetito envuelto en papel sedoso con muñequitos de nieve, adornado con tirabuzones de todos los colores. Mamá sentó a Toño encima de la mesa del comedor y todos se arremolinaron alrededor suyo animándole: “ Venga, Toño, ¡ábrelo, ábrelo!”, “mira lo que hay dentro!” le decía su primo Juan.

¡Que divertido eran los tirabuzones que se enredaban entre sus dedos! Toño los hacia revolotear tanto que fueron a parar en el suelo. Entonces Toño intentaba coger los muñequitos de nieve pintados en el papel. “Ábrelo, mira dentro!” le animaba Lucía. Pero Toño dejaba sus deditos inmóviles sobre los dibujos, como hipnotizado. Lucía perdió la paciencia y se dedicó a abrir sus propios regalos.

Los primos estaban jugando con sus cochecitos, su tractor, su caballito o su cocinita cuando Toño todavía seguía fascinado por los papeles navideños que se amontonaban a su alrededor. Lucía le volvió a traer su paquete  y Toño se puso a aporrearlo en vez de intentar abrirlo.

Entonces Juan levantó una esquina del papel del regalo de Toño que empezó a dar grititos y lo rasgó con un ruido muy divertido para Toño que se puso a agitar el papel desmenuzado y a lanzarlo por el aire.

A menudo actuamos como Toño con su regalo de Reyes. Hemos recibido un gran regalo: la VIDA. Nos dejamos enredar por el envoltorio, deslumbrar o influir por su capa superficial y no prestamos bastante atención al verdadero regalo que hay en el interior.

Tal vez algún “Juan” o “Lucía”  han querido llevarnos a ver el verdadero regalo en el interior pero hemos seguido agitando los pompones multicolores de la “alegría” y la agitación exterior ignorando la invitación, fascinados por la fiesta.

En estos tiempos ¿por qué no sentarnos tranquilos a desembalar el regalo que hemos recibido hace 25, 30, 35, 40 o más años atrás?

¡Asomémonos, miremos dentro, asombrémonos…!

¡Qué interesante podría ser recorrer de manera más conciente el interior de nuestro paquete!

Nuestra mente por ejemplo: buscar nuestro pensamientos positivos como si fueran bolitas brillantes para colgarlos en el árbol de nuestra casa para que todos las disfruten.

Nuestro corazón: sacar de él nuestros sentimientos más tiernos y generosos y ofrecerlos como un niño que comparte su juguete de Reyes.

Nuestras emociones entrañables: dejarlas expresarse, hacernos vulnerables, sin miedo para que inunden nuestro alrededor con el calor de la amistad o de la pena compartida.

Y, mirando bien en el fondo, en el fondo de la caja, busquemos más y más, algo más intangible aún de nuestro ser…¿podría haber algo más?...

Toño estaba ya cansado de tanto trajín, se metió el chupete en la boca y se fue a sentar en un rincón del salón. Mamá recogió su regalo del suelo y, sentándose a su lado le atrajó hacia su regazo. Tranquilamente abrió la caja y se la presentó abierta. Toño asomó su cabecita, miró dentro y despacito levantó la mirada hacia mamá. Le sonrió. Metió su manita dentro de la caja y sacó un osito suave. Lo arrimó a su pecho chupando con más fuerza su chupete, emocionado, en paz. Le rodeó el cuello a mamá con su otro brazo.

Ya había terminado el alboroto. Ahora reinaba la paz disfrutando de su regalo de Reyes en brazos de mamá. Toño sentía como el osito de peluche suave le llenaba de calorcito el pecho.

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Frase del mes:


Si abordas una situación como
asunto de vida o muerte,
morirás muchas veces.

Adam Smith

 

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