Ding!, dong!, ding!,dong! Las campanadas avisan la llegada del año 2010. ¡Ahora es el momento! Comenzamos a formular atropelladamente todo tipo de objetivos: dejar de fumar, apuntarme al gimnasio, aprender inglés, bla bla bla…..En ocasiones el cava nos anima y comenzamos a desvariar, metemos en el saco de cosas por conseguir más y más objetivos que olvidaremos pasada la primera quincena de enero. Algunos pretenderán incluso alcanzar la luna. Este año intentaré no caer en ese efecto “comerme el mundo” y me plantearé los objetivos pasado el Día de Reyes, cuando la euforia navideña haya abandonado este cuerpo. Así me ahorraré la cuota del gimnasio al que solo vamos la primera semana y el coste del flamante curso de inglés de Planeta Agostini que tan lindo luce archivado en la estantería.
Estableceré pocos objetivos, pero eso sí, directamente relacionados con mis valores primordiales: Tranquilidad, logro y crecimiento. Uno de los objetivos será sin duda buscar media hora al día para meditar. Pero esta vez será diferente. No será la media hora que me quede libre cuando haga el resto de cosas “importantes”. Si es así, como hasta ahora nunca encontraré ese hueco. Será un intervalo fijo: de 11 a 11:30 de la noche, antes de ir a la cama. Respecto al inglés está claro que el curso a distancia no me motiva. Es hora de ir a la academia de inglés dos horas los sábados por la mañana.
Este año me prometo gestionar mejor mi tiempo, pero ¿cómo?. Ya estoy cansado de cursos acelerados, de libros genéricos y poco prácticos. He encontrado uno diferente: Gestiona mejor tu vida, de Alberto Pena (ver bibliografía). Lo he comenzado a leer y es realmente lo que necesitaba (amigo Berto, esta publicidad “subliminal” es impagable, jeje). Sí, estoy seguro de que gestionando mejor mí tiempo tendré mayor sensación de plenitud y de control de mi vida.
Bueno, ¿y qué pasa con el peso? (aprovecho para agradecer los mensajes de apoyo y felicitación en relación al artículo del mes pasado). Seguiré vigilándolo (estoy a un solo kilo de conseguirlo) y me mantendré en mi peso ideal. ¿Quién sabe? Aplicando los principios del libro de Berto es posible que saque media hora al día para caminar, con lo cual estaré contribuyendo también con el objetivo “peso”.
Podría acabar este artículo hablando de “paz en el mundo”, “que se acabe el hambre”, “que terminen las guerras”. Quedaría genial al final de un artículo en una revista en el mes de navidad. Prefiero encargarme de objetivos más concretos y que sé que dependen en mayor medida de mi acción directa. Podemos cambiar el “mundo”, cambiando nuestro entorno más inmediato ( barrio, municipio, etc..) ¿y si destinamos un día a la semana o al mes para compartir nuestro tiempo con alguien que lo necesita?. Como me comentaba Nany – un antiguo profesor de Economía Regional: “piensa globalmente, actúa localmente”. ¿ Y si nos lanzamos este año a colaborar con alguna asociación, ONG, etc..?
Les invito a que se planteen tan sólo cinco o seis objetivos este año, pero eso sí, que estén seguros de que pueden cumplirlos y por supuesto conectados con sus principales valores en la vida. Este año será diferente, las burbujas en el champán, pero no en la mente. Vivamos el día 31 de diciembre sin la presión de cambiar a toda costa y sin formularnos miles de objetivos. Como muchas veces pasa en la vida, menos es más.

Coaching de PNL/ Zen de PNL (prólogo del libro del mismo nombre)MIGUEL A. LEÓN. Director de formación de Creasistema, trainer y coach PNL.
miguel@creasistema.com
Las maravillas artísticas desarrolladas por el ser humano a lo largo de su historia y sobre todo los avances tecnológicos de los últimos cuarenta años, denotan la enorme capacidad creativa de nuestro potencial como personas. El poder de la mente para organizar información y transformarla para dar paso a algo diferente, más bello y útil cada vez, expresa nuestra gran habilidad de síntesis y recreación generativa de nuevos éxitos, día tras día superiores a aquellos de los que partían.
Esa especialización de nuestro cerebro en “distorsionar” bellamente la realidad para dar lugar a otra gran obra mejorada es inherente a esa magnífica facultad creativa de nuestra mente. Y, hasta ahí todo iría muy bien si no fuera por ciertos efectos colaterales negativos muchas veces inconscientes: solemos confundir estos subproductos “mentales” con eso que llamamos la realidad en que vivimos.
Nuestro pensamiento suele dar por hecho aspectos de esa realidad que no cuestionamos lo más mínimo. Tomándolos como la “vida misma”, no nos planteamos siquiera las necesarias dudas para preguntarnos si al menos nos están proporcionando lo que queremos, o si acaso tenemos certeza acerca de lo que deseamos en nuestra vida como profesionales, directivos, emprendedores, padres, parejas o coaches.
Lo curioso es que ello se fundamenta principal y precisamente en nuestra gran capacidad para aprender. Dado que nuestros sentidos captaron de forma similar aquella experiencia una y otra vez en casa, en el colegio y en la calle, determinamos que nuestros padres, hermanos, amigos, profesores, jefes y nosotros mismos, somos de una forma o de la otra, y no cuestionamos esa idea que concebimos como real. La percepción de esa supuesta realidad tan aparentemente tangible para nosotros, no siempre actúa a nuestro favor. Muchas de esas generalizaciones que tomamos por la “realidad misma”, nos hacen víctimas de nuestra propia habilidad para aprender, cuando nos percibimos repitiendo conductas no deseadas y consiguiendo una y otra vez los mismos resultados, con nuestra pareja, nuestros colaboradores, o con nosotros mismos como líderes de nuestros proyectos vitales.
Si deseamos mejorar nuestras vidas personales y profesionales tenemos que, de alguna forma, parar de funcionar desde ese “piloto automático” de nuestros programas mentales adquiridos y darnos cuenta de las intenciones y presuposiciones desde donde estamos pensando y por consecuencia actuando. Tener la intención de explorar nuestra experiencia percibiendo cómo contribuimos a generarla con la forma en que pensamos, rinde grandes beneficios. Nuestra experiencia externa es inseparable de la estructura de nuestros pensamientos internos, de esa “realidad virtual” que nos creamos en el ojo de nuestras mentes y que luego proyectamos y hacemos tangible fuera, en nuestro entorno.
No obstante, parar y darnos cuenta de cómo estamos pensando no parece ser tarea fácil ni agradable para muchos de nosotros. Por creerlo más cómodo, seguimos repitiendo lo mismo que hasta ahora no nos ha funcionado – y por lo tanto obteniendo los mismos resultados – antes que parar y observar nuestras presuposiciones acerca de lo que queremos, nuestras posibilidades de obtenerlo y anticipar si realmente nos sentiremos satisfechos una vez lo hayamos conseguido.
Este libro trata pues, de cómo “parar” y darnos cuenta de la forma en que estamos pensando para influir en los resultados de nuestras vidas. Para ello queremos tener la intención de “explorar” nuestra experiencia de forma que esa conciencia expandida de cómo pensamos y actuamos nos proporcione mayores opciones como personas y profesionales. Te propongo que, al menos durante los momentos de lectura y práctica de los juegos de este libro, pruebes a suspender tus creencias y percepciones habituales acerca de lo que consideras “real”.
Esta intención de partida te permitirá expandir, precisamente tu concepto de lo que es posible. Ese estado de “no saber”, te proveerá con nuevas respuestas y opciones que de seguro cambiarán a mejor tu vida.
Te sugiero que por un momento pongas en “tela de juicio” tu modelo del mundo y te permitas tomar como base para tu exploración una de las principales presuposiciones de la Programación Neuro-Lingüística, una de las tecnologías de la mente más respetadas de los últimos treinta años: “El mapa no es el territorio”, o lo que es lo mismo: que tus descripciones de la realidad, no sean confundidas con la misma Realidad con mayúscula. Si así lo haces, y además partes con la idea de explorar como si de un juego se tratase, ten por seguro que después de un prudente espacio de tiempo ejercitando con lo que aquí te invito a practicar, tus recursos y satisfacción como persona, profesional o coach,se verán profundamente enriquecidos.
En mi experiencia como persona, emprendedor, terapeuta, formador y coach he utilizado mis propias insatisfacciones como resorte hacia la transformación creciente de mi vida y he tenido la enorme suerte y la oportunidad de absorber de aquellos considerados maestros en diversos campos del desarrollo personal, profesional y empresarial en España, Estados Unidos, Reino Unido y Oriente, y puedo asegurarte que, aunque quizá el crecimiento, el éxito y la felicidad te pueda parecer que surgen mágicamente o que suceden de forma automática sin hacer nada al respecto, el conectar con esa magia requiere de una tarea y un compromiso continuado. Un trabajo, no como hasta ahora nos han hecho concebirlo, como un esfuerzo y una lucha, que más que nutrir nuestro espíritu alimenta nuestro ego, sino como un juego y disfrute continuado cuya práctica diaria nos lleve a dar ese salto mágico que nos permita vislumbrar ese poder que trasciende nuestros pequeños yoes. Eso requiere de un proceso, de la incorporación de una cada vez mayor consciencia expandida, en una suerte de meditación perenne que, de repente, haga saltar los fusibles de la lógica en que nos hemos desenvuelto hasta el momento y nos posibilite dar el salto a ese terreno donde todo es posible y volver a casa. Allí donde reside eso que nunca debimos perder y que no ha desaparecido. Eso que tú realmente Eres, ese cómodo espacio que de pronto reconoces como familiar. Allí donde reside tu verdadero potencial y lo expresas sin esfuerzo, donde haces sin hacer. Donde dejas partir el conocimiento adquirido a lo largo de tu vida y solo se escucha la palabra de Buda, Sammasati: Recuerda, ya Sabes, ya Eres.
¿Qué hay detrás de la productividad personal?ALBERTO PENA, Escritor, Conferenciante y experto en Productividad y Gestión Personal
info@albertopena.com
Desde que hace años decidí iniciar mi “camino hacia la Productividad” ha sido un recorrido largo, lleno de descubrimientos, tortuoso pero sobre todo inconcluso. Aunque he escrito un libro sobre Productividad y Gestión Personal, aunque he volcado mi carrera en la faceta docente y doy charlas, cursos y seminarios a empresas, y aunque cada día escribo en mi blog sobre temas de Productividad, sigo cayendo en el agujero de la improductividad.
Tener muy clara tu motivación, tener muy claros tus objetivos y tener muy presente lo que verdaderamente ganas, es lo que me hace renovar las fuerzas y buscar de forma continua eso que yo llamo el “equilibrio productivo”. Eso que “ganas”, esas alegrías productivas, se traducen en el día a día en forma de una serie de beneficios vitales extraordinarios y valiosísimos. Así, cuando alguien me pregunta: “Berto, ¿qué hay detrás de la Productividad personal?” Yo siempre concentro larespuesta en estos tres puntos, en estos tres grandes beneficios:
Te ayuda a concentrarte en lo importante
Es sorprendente lo mal que invertimos nuestra energía y concentración. En el día a día le dedicamos los mismos “recursos”, esto es, nuestra energía, atención y motivación tanto a las cosas pequeñas o insignificantes como a las verdaderamente importantes. En ese sentido somos unos pésimos “gestores” de nosotros mismos.
La Productividad, la determinación de estrujar cada minuto de tu día de una forma eficiente, hace que empieces a valorar cada cosa que haces y dedicarle, en su justa medida, los recursos y tiempos que se merecen. Pero por encima de todo te permite identificar y volcarte en las cosas verdaderamente importante, las que marcan la diferencia y dejan huella tanto en tu vida personal como profesional. Es increíble la cantidad de pequeñas (y a veces absurdas) cosas que van apareciendo en el camino, y que nos hacen detenernos, despistarnos y hasta desviarnos de las verdaderamente importantes: ya sea nuestro trabajo y nuestro ocio personal, porque a veces, hasta ni somos productivos ni disfrutamos en nuestro ocio personal.
Cuántas veces hemos oído decir: “Es que no me llegan las horas del día” o “no llego, no doy abasto”. ¿De verdad estás dedicando tu tiempo efectivo a las cosas verdaderamente importantes? ¿O te dejas atrapar por las pequeñas trampas que durante el día nos vamos encontrando?
Te permite “sacar” más horas al día
En la medida en la que te concentras en lo importante y apartas o desechas lo trivial, te permite completar las tareas mucho antes y disfrutar de más tiempo para otras cosas. Dicho de otro modo: consigues sacar más horas al día. Y esto sí es posible.
Soy un gran aficionado a la lectura. Antes sólo podía leer de noche, en cama, y unos pocos minutos antes de caer dormido. Ahora he logrado “sacar” una hora y media de lectura diaria y dentro de las horas de trabajo, gracias a una sólida organización y planificación, a saber discernir lo importante de lo absurdo y a una estricta dieta de la información (consumo sólo la información que me aporta). Ahora, también, puedo dar un paseo por el parque que hay al lado de mi casa. Antes “no tenía tiempo para eso”. Antes sí que tenía tiempo para eso, pero lo dedicaba a otras cosas menos importantes (yo diría ridículas).
Mi próximo reto es seguir “afinando” mi día y sacar tiempo para aprender cosas verdaderamente importantes, que me llenen como profesional y sobre todo como persona. Y estoy seguro que puedo conseguirlo… porque cada día sigo perdiendo el tiempo en pequeñas cosas que me impiden hacer lo verdaderamente importante.
Te ayuda a ser más creativo e imaginativo
La Productividad personal promueve el orden, la unitarea, la sencillez, la planificación y todo ello redunda en una mayor relajación, tranquilidad y sosiego. Es desde ahí, desde esa ausencia de estrés y ansiedad, desde donde más y mejores ideas somos capaces de generar.
Una persona productiva será siempre más creativa. ¿Y las ideas para qué? No hay que ser publicitario o diseñador para necesitarlas. Basta echar un vistazo a nuestro día para ver que todos, absolutamente todos nosotros, necesitamos buenas y grandes ideas. Una discusión con nuestra pareja, un problema con un cliente, una negociación atascada, un enfrentamiento con un compañero de trabajo, una propuesta que necesita un giro más creativo, un producto o un servicio que empieza a flaquear... todos necesitamos generar ideas para hacer nuestro trabajo mejor, para vivir mejor.
La Productividad libera a tu mente para que se dedique a su principal propósito: crear. El equilibrio productivo que todos buscamos te permite desatar tu potencial creativo. Pero además te brinda la posibilidad de disfrutar más de lo que haces inventando nuevas cosas o dando con sorprendentes soluciones a problemas que parecían imposibles de resolver.
Si alguna vez te preguntas o te preguntan por qué ser productivo, recuerda que el primer y gran beneficiado siempre eres tú. Ser productivo significa invertir en ti. Y siempre ganas.
Cambiar de planes. ROSARIO CUBAS LEÓN, Psicóloga.
rosariocubasleon@gmail.com
Tarde de lluvia. ¡Adiós a mis planes de salir!…… porque por estas islas uno cada vez está menos acostumbrado a que llueva y espanta un poco el hecho de poner un pie en la calle cuando no se sabe el alcance del aguacero ni si la alerta amarilla cambiará a un color más intenso. Por consiguiente, tarde hogareña, entre mantas en el sillón, un café, listado de cosas pendientes por hacer y, entre ellas, un artículo que escribir… el de You, Coach!
En esta ocasión, toca hablar de algo que no siempre gusta: cambiar de planes. Y con ello, una idea asociada: la flexibilidad y su opuesto, la rigidez del pensamiento.
Es una idea que, quien más, quien menos, ha vivido alguna vez: algo inesperado trunca la previsión que teníamos pensado realizar en una mañana o tarde cualquiera. Puede sucedernos en el trabajo, cuando recibimos una llamada urgente para atender a otro cliente; en los encuentros fijados con los amigos y que se cancelan en el último momento; en los trayectos en coche, con la avería inoportuna… Todos ellas son situaciones que alteran nuestro rumbo y nos desvían sin trayectoria fija. Ante esas circunstancias ponemos en marcha distintos mecanismos de adaptación con diferentes grados de acierto. La idea de dejarnos llevar por el hecho circunstancial sin ir más allá (un plan que se estropea), nos hace presos de un destino que no queríamos, y nos mantiene en el desánimo, la rabia,… o, simplemente, disminuye la capacidad de generar un plan alternativo acorde a las características de la situación (Así, no podemos dejar de lado a un cliente, de modo que cancelaremos lo que teníamos después o lo pospondremos para cuando terminemos de atenderle). Por el contrario, el ser capaces de ver un plan fallido como una situación nueva a partir de la cual generar opciones alternativas suele transmitirnos la apertura a una nueva realidad, confianza en las propias capacidades, y permite que aprovechemos el tiempo generado al habernos adaptado al presente que nos toca vivir, sin generar rechazo por tener que vivir algo que no queríamos.
Cada vez que nos sentimos mal porque las cosas no salen como tenemos previsto, nos atamos a una idea generada en el pasado, cuando soñamos que la solución o el resultado sería como queremos que sea. En cambio, cuando ideamos un resultado y éste no se da, sino otro distinto, pero aún así somos capaces de verlo como un nuevo punto de partida desde el cual volver a ensoñar otro resultado, nos estaremos adaptando a las circunstancias que vivimos, venciendo las dificultades que a todos se nos presentan con una soltura que sólo la flexibilidad del pensamiento permite. El error se produce cuando pensamos que lo que prevemos es lo que tiene que suceder y va a suceder, sin llegar a considerar que la mente humana, como la propia tecnología, comete errores de estimación, y lo que considera seguro muchas veces es probable y otras tantas sólo posible, pues hay factores ajenos a nosotros mismos que influyen en que lo que planificamos tenga lugar o no. Ante esta evidencia, lo dicho: estate dispuesto siempre a jugar a cambiar de planes, o más bien, a no atarte a ninguno, para poder elegir el mejor cuando la situación no favorece el desarrollo de alguno de ellos.
Mi cambio de plan porque llovía ha permitido que hiciera con tiempo el artículo para el número de diciembre de la revista. Además, ahora que ha dejado de llover, podré salir a realizar las actividades pendientes fuera de casa. Por último, me ha hecho recordar, que de cara a la compra de los regalos de Navidad o Reyes, lo mejor es ser flexible, pues cada día que pasa, supone disminuir la posibilidad de que los regalos que con tanto entusiasmo he pensado comprar se encuentren en las tiendas… y tendré que pensar en otros igual de perfectos para aquellos que tan bien se han portado en el 2009…
Cuidado con nuestras palabras. ERDWIN FERNANDO GARCÍA, Especialista en Alta Gerencia.
ingeniero777432@yahoo.com
Recuerdo en una ocasión, que estaba sentado con un amigo en la zona de comidas de un gran centro comercial. Ese día estaba sumamente lleno por lo que tuvimos que compartir la meza con una señora; no recuerdo la razón: pero empecé a hablar con mi amigo acerca de varios temas relacionados con la vida.
Entre todo recuerdo que dije que cuando un ser humano se va de esta existencia, lo único que queda son sus acciones, las cosas buenas que esa persona haya hecho por sí misma, por su familia, por la sociedad, en realidad los valores que el represento con todas las cosas que hizo. Mientras comentaba estas palabras, la señora que estaba al lado de nosotros, se paró de su asiento, algo conmovida, me miro fijamente a los ojos y me dijo: “gracias porque esas palabras son precisamente las que necesitaba oír para resolver un conflicto en mi vida, ahora sé que hacer y siento paz gracias a usted”.
Definitivamente una palabra dicha en el momento justo puede salvar una vida, puede redimir, puede dar paz, puede traer felicidad, puede resolver conflictos, puede liberar y dar luz a la vida de alguien que lo necesite. Me pregunto qué pasa entonces cuando hablamos de manera negativa y maldiciendo. ¡Ojo! Jesús en los evangelios nos habla de que no es lo que entra al hombre lo que lo contamina sino lo que sale de él. Cuidado con nuestros pensamientos, palabras, escritos porque en cualquier lugar podemos estar matando o salvando una vida.
En el coaching se sabe que no dan consejos de ninguna clase, es decir, no se le dice al cliente lo que debe que hacer; sin embargo cuando los retamos, les hacemos algún tipo de re-encuadre, o les comentamos algo a través de una historia hay que tener cuidado muchas veces del modo en que se dicen, si es realmente pertinente y las palabras que se utilicen, ya que la idea es motivar y logar un cambio positivo en las personas.
El uso de la creatividad en proceso de coaching. ANNA FREIJOMIL, Coach.
www.annafreijomil.com
info@annafreijomil.com
“Cada maestrillo tiene su librillo”, cita una famosa frase, lo cual quiere decir, que cada uno tiene su bagaje personal (entre muchas otras cosas) que le hace diferente al resto. Hay muchos profesores, escritores, coachs…pero ninguno es idéntico a otro. Nadie es mejor que nadie, todos somos valiosos por ser quien somos, únicos. Digo esto porque quiero destacar el uso de la creatividad, aplicando puntualmente el arte-terapia en un proceso de coaching, ya que me está dando muy buenos resultados y deseo compartirlo con vosotros.
El coaching se basa en una serie de metodologías, técnicas y saber hacer. Como por ejemplo la P.N.L. (programación neurolingüística), el análisis transaccional, la gestalt, psicología emocional, observación del lenguaje no verbal, entre otras.
La creatividad aporta al proceso del coaching información muy valiosa sobre la raíz de los problemas del coachee (cliente) y como le hacen sentir. Las propuestas creativas ayudan a liberar bloqueos mentales y el estrés, a mejorar nuestro estado anímico y recuperar el equilibrio. Para ello no es necesario que el cliente tenga conocimientos artísticos, sólo predisposición ante las propuesta.
Como sabéis nuestro cerebro está conformado por dos hemisferios; el diálogo, el razonamiento lógico, el pragmatismo y el control lo ejercemos a través de nuestro hemisferio izquierdo de nuestro cerebro el cual procesa la información oída, la escrita y el lenguaje corporal (Sperry, 1974). Y este suele ser el que habitualmente tenemos más desarrollado.
A través de propuestas creativas podemos desarrollar las capacidades de nuestro hemisferio derecho que procesa la información no verbal, las imágenes, las melodías, las entonaciones así como las informaciones espaciales (Sperry, 1974). De esta manera podemos rescatar de nuestro inconsciente nuestras ilusiones, nuestros miedos… para su posterior elaboración mediante ejercicios creativos, visualizaciones, y ejercicios de Roleplaying (individual o grupal) y favorecer la transformación de nuestras dudas en claridad mental.
Estableciendo un puente entre los dos hemisferios, del inconsciente al consciente, del izquierdo al derecho, rescatamos mucha información en beneficio de nuestra parte consciente para así poder ser más asertivos en nuestra toma de decisiones, así como poder entender mejor porque estamos como estamos y visualizar el camino para llegar a donde queremos llegar, tanto si es a nivel personal como profesional. Porque ya lo dijo Denis Waitley (autor de más de un best-seller, orador, poeta y letrista):
“El éxito no es cuestión de azar. Es lo que sigue a un crecimiento programado y adecuado en cada momento a las circunstancias que vamos atravesando.”