Estoy en pleno proceso por alcanzar un objetivo personal. Y me hace especial ilusión compartirlo con ustedes. Y es que hace dos semanas acudí a una doctora-dietista con el propósito de conseguir de una vez por todas alcanzar mi peso ideal. Comprendí entonces que podría ser una buena ocasión para reflexionar con los lectores de You,Coach! las características que deben cumplir los objetivos:
· Se expresa en una frase corta: Pesar 85 kilos.
· Redactado en positivo: lo está. En negativo sería, por ejemplo,”no engordar”. Está comprobado que el cerebro no codifica el “no”. Si le pido a mi interlocutor: “No pienses en tu jefe/a”, nos vendrá a la mente él/ella. El “no” no genera acción ni nos dirige hacia ningún lado (por ejemplo, en vacaciones decir “no quiero ir a Suiza”, no nos da información concreta de adónde queremos ir).
· Autónomo: debe depender al menos en un 80 por ciento de mí. Mi objetivo lo cumple. En mi experiencia como coach puedo afirmar sin ningún tipo de duda que una de las “mejores” maneras para garantizarse el sufrimiento es empeñarnos en conseguir objetivos que no nos corresponden (por ejemplo, “quiero que mi pareja sea detallista”). Imposible alcanzar la felicidad así. Solamente podemos atribuirnos objetivos que dependen de nosotros.
· Ecológico: No debe dañar ningún otro subsistema de mi vida. En el caso del peso una persona no debe decidir alegremente alcanzar un objetivo que haga peligrar su salud. En mi caso, me aseguré bien de que este peso (85 kilos, que implicaba perder 7) fuera ecológico. Lo pacté con mi dietista, estuve bajo su supervisión.
· Fechado en el tiempo: Es una de los factores que nos dificulta alcanzar el objetivo. Es prioritario establecer un horizonte temporal para planificarlos en su logro. En mi caso, establecí un periodo realista: Enero 2010.
· Específico: “crecer como persona” es un objetivo totalmente intangible. Hay que “aterrizarlos”, hacerlos concretos para poder ir a por ellos. “Aprender técnicas de control emocional” o “desarrollar comportamientos asertivos con mi equipo de trabajo” son ejemplos de objetivos más concretos.
Con los requisitos cubiertos comencé mi camino hacia el objetivo: Partía de 92,5 kilos de peso. Hoy, dos semanas después de comenzar un sistema de alimentación sano (que no dieta) estoy en 88,5: he perdido cuatro kilos y me separan tres kilos y medio de mi objetivo. Las ganancias han sido muchas, más allá de la satisfacción por el hecho de estar alcanzando un objetivo: he abierto mi paladar a comidas que quedaban desplazadas por la comodidad de un croissant de jamón y queso, una coca cola, una tortilla de papas, etc…, sentirme más ligero, no tener que “meter barriga” inconscientemente cuando me miro al espejo, cuidado de la salud al tener una rica variada y equilibrada con “verde”, proteínas e hidratos de carbono, etc…
He roto una creencia limitante: pensé que iba a ser especialmente duro y lo cierto es que no he pasado hambre. He mantenido un ritmo de cinco comidas, eso sí, ordenadas y organizadas en el tiempo, nada de picar entre horas…
En este camino que estoy entre el “antes” y el “ahora” me he automotivado con algo que puede ser insignificante para el/la lector/lectora, pero que les prometo que me ha servido. Durante mucho tiempo al ir al trabajo he pasado por una tienda en la que se venden entre otros artículos camisas…, y entre ellas hay una de Superman. La camisa tiene un peligro: está algo ceñida y marca a la perfección la barriga del que se atreva a ponerla. Los helados, las palmeras de chocolate y los bocadillos a deshoras me han alejado de la camisa. Han sido mi particular criptonita. ¡Pero no! Ya esta bien de mirar la camisa de reojo, ya es hora de mirarla cara a cara (y pagarle el precio al tendero, por supuesto). Dentro de poco, muy poco me la podré poner sin sentir que puedo salir en los telediarios como el primer hombre embarazado de Canarias.
No sé si la camisa me hará volar. Tal vez sí, tal vez no. Lo que es seguro es que no tendré el contrapeso de la barriga empujándome hacia el suelo. Y para mí eso ya es volar.
He ganado calidad de vida, autoestima y salud al decidir ir a la doctora-dietista. Merece la pena el esfuerzo. Animo a todas aquellas personas que tienen una deuda pendiente con su sistema de alimentación que tomen medidas en el asunto. La felicidad se encuentra en las pequeñas decisiones cotidianas.

¿Mentor, asesor, guía o coach?MIGUEL A. LEÓN. Director de formación de Creasistema, trainer y coach PNL.
miguel@creasistema.com
Diferenciar conceptos, definiciones, valores que atribuimos a las palabras, nos permite hacer distinciones de gran utilidad en nuestra comprensión profunda de éstas y sus aplicaciones.
El concepto mentor, implica que existe alguien que por su experiencia y conocimientos está en la posición de transmitirlos de alguna forma y ser utilizados por otros como guía para el descubrimiento y desarrollo de sus competencias conscientes e inconscientes.
Asesorar presupone que ya tengo, o tienen, las respuestas que necesito, o necesitan, para la adquisición de ciertas habilidades o la realización de ciertos objetivos.
Alguien que guía es porque conoce el camino de antemano y ello le capacita para conducirnos hacia nuestro destino.
Un Coach es alguien que no tiene las respuestas. Es alguien que las extrae del cliente, colega, alumno o cualquier interlocutor, con quién se encuentre inmerso en un proceso de aprendizaje o mejora de la actuación. Un Coach es alguien que utiliza sus habilidades para hacer emerger las de la otra persona. No transmite directamente una herramienta, capacidad o forma de hacer algo concreto. Es alguien que con su presencia y habilidad para inspirar y hacer preguntas eficaces, ayuda al otro a tomar conciencia de sus posibilidades, estimulando el compromiso para emprender la acción.
Un verdadero Coach es alguien que debido al pacto realizado con su propia congruencia, la transmite con su presencia y, apenas haciendo una leve pregunta, estimula poderosas respuestas propias en el otro. Respuestas autónomas que generan autoestima y movilizan a la acción, lo cual de vuelta incrementa la autoestima, en un bucle de refuerzo continuado que potencia la identidad, las habilidades y la actuación de la persona. En un juego desapegado, sin la compulsiva necesidad de tener que generar resultados para el cliente. Conscientes de nosotros mismos y plenamente presentes en una actitud casi búdica, nos facilita salir de los patrones habituales de hacer las cosas. Darnos cuenta de las pautas habituales con que hacemos lo que hacemos, mejora sustancialmente cualquier cosa que hagamos.
Jugar como si ya supiéramos hacerlo con maestría, combinado con el refrescante arte de la observación presente y la actitud desapegada del resultado, origina la excelencia. Maestría que presupone que ya tenemos dentro de nosotros la fuente de inspiración, las capacidades y el poder de realización de nuestro potencial. Sin excluir la técnica, el aprendizaje formal adquirido tras generalizaciones de años de práctica. Enseñanzas valiosas transmitidas que sirven de camino para el auto descubrimiento y la adquisición de estrategias propias y autoestima creciente.
Una vez que conozco las escalas musicales, me olvido de ellas y comienzo a tocar disfrutando de la música. Si Yo lo puedo hacer, es que puedo hacer aún más. Si soy capaz de, estando presente, darme cuenta de cómo estoy haciendo lo que hago y perfeccionar eso que estoy haciendo, es que puedo alcanzar maestría en lo que hago. Y si conozco la fuente del aprendizaje, que está en esa capacidad de observación y presencia, puedo hacer y conseguir cualquier cosa que desee. Intentando sin intentar, teniendo el objetivo presente pero con la soltura mental y física adecuada para no tensarme y forzar la actuación, saliéndome del flujo de mi potencial.
Alcanzar la excelencia como Coach, no sólo significa dominar una serie de recetas para el éxito. Maestría como Coach se adquiere cuando la unión de tecnología – para preguntar, dominio de competencias, habilidad de sintonía, etc… – e intuición y creatividad, se expresan en una suerte de flujo en la relación de coaching. De ahí que como Coaches de PNL podemos estar profundamente agradecidos por poseer esa simbiosis de técnica y espíritu que provee el conocimiento del funcionamiento de la mente humana de la PNL y la virtud de hacer fácil lo difícil del mejor Coaching.
Atravesar por el rico proceso de exploración de las habilidades para tratar con la interacción entre mente y comportamiento que nos proporcionan nuestros programas de Practitioner y Master Practitioner, nos sitúa en una situación privilegiada para luego, accediendo como broche de oro a nuestra formación en Coaching de PNL, realizar una eficaz incursión en el modelaje del mejor Coaching al alcance y fluir.
Convertirnos en Coaches de PNL no es solo tocar de memoria o con cierta excelencia técnica las teclas del cambio, es comenzar a dejar de lado las partituras, escalas y demás apoyos de la expresión musical, para comenzar a improvisar la Magia: El arte y la ciencia de la relación y actuación productiva. Ahí es donde reside la verdadera excelencia como Coach.
“Próximo comienzo Coach de PNL con el Practitioner de PNL el 30 y 31 de Enero 2010” (ver más)
¡ Feliz Navidad! MARIE PAULE RIVIÈRE, Coach
mp@acmecoaching.es
Hoy, a unas semanas vistas de la Navidad escribo para todos los que quisiéramos desearnos a nosotros mismos y a los demás unas “Felices Fiestas” pero que en nuestro interior creemos, por ese pellizco en el corazón, que no vamos a estar de humor.
Es una fecha para muchos de nosotros que tiene connotaciones especiales a nivel personal aparte del evento histórico que se pretende celebrar. A veces incluso estas connotaciones personales son lo único que le dan su sentido y nos hacen amar estas fechas u odiarlas.
Para mi las Navidades han sido a veces fechas llenas de ilusión, a veces amargas al igual que otras fechas que en nuestra sociedad nos hemos fijado como “entrañables”. Parece que las tenemos que vivir poniendo en ellas algo de nuestro ser que a veces sentimos y otras veces no sentimos. Esas “cosas” las ponemos o no según nuestro estado de ánimo, según como son las relaciones con los que las vamos a vivir y con nosotros mismos, según nuestro humor, nuestros medios, nuestra historia. Lo mismo puede pasar con las vacaciones de verano, pueden ser maravillosas o insoportables según lo que ocurra en ellas. Si lo que ocurre va a favor de lo que habíamos planeado o esperado, serán maravillosas. Si es al contrario serán indeseables. Un magnífico crucero lo podemos vivir como una experiencia amarga mientras que aquel pic-nic al borde de la carretera dejó en nosotros un recuerdo delicioso.
Pero visto desde “la calle” la Navidad es la Navidad, las vacaciones son las vacaciones, los cumpleaños los cumpleaños, las celebraciones son las celebraciones, en fin, cada acontecimiento que vivimos, marcado en el calendario o no, en sí, es lo que es, tiene un nombre y pide nuestra involucración. Lo vivamos como lo vivamos, va a llegar y luego pasar y volver a llegar y a pasar de nuevo. Desde pequeños nos han enseñado qué se supone debemos esperar de ellos, como debemos anhelarlos, celebrarlos. Nos han dado todos los elementos para que sean de la manera prevista por las costumbres de nuestra cultura.
Pero en el camino ocurren cosas en nuestra vida que vienen a romper la marcha prevista y nos desambientan de lo que es para nosotros la Navidad o cualquier otro momento entrañable. Era entrañable porque todo nos cuadraba, porque teníamos todos los elementos previstos año tras año. Cuando los cambios (los que no hemos elegido) vienen a descuadrar nuestra vivencia ¿qué hacemos? Sencillamente solemos sentir que lo hemos perdido todo porque este “todo” lo identificamos con lo que hasta ahora habíamos tenido, puede ser personas amadas y/o la “magia de aquellas Navidades”. Nos enfadamos y como lo hemos perdido todo ya no queremos nada.
Es como si un huracán se hubiera abatido sobre nuestra casa y hubiera destrozado la mitad de nuestro hogar y, en vez de ponernos a reconstruir la mitad destruida nos pusiéramos a destruir la mitad que queda.
En estas Navidades nos queda por lo menos los elementos que constituyen la mitad de las Navidades o la cuarta parte o el uno por ciento o “casi nada” pero vale la pena reconstruir el “hogar”, nuestro hogar humano. Es una necesidad innata. No el “dulce hogar” de ensueño que tiene más de publicitario que de real sino el hogar de nuestro interior y de nuestras relaciones con los nuestros, con los que viven debajo del techo de nuestra casa para empezar.
Hoy me faltan muchos elementos que las tormentas de la vida se llevaron. Un día el huracán se lo llevó “casi todo”. Estaba damnificada, pero viva.
Busqué materiales para reconstruir mi Navidad, los había alrededor, esparcidos, los había dentro de mí, los miré con ojos nuevos, con mirada deseosa de verlos y descubrirlos, con ganas de hacerlos encajar en mi Navidad, en mi plan de vida. Si había sobrevivido al huracán no era para que ahora yo misma me destruyera.
No quiero condenar a muerte mis alegrías, mi humor, mi relación con los demás por añorar las cosas, las personas o los planes que “la vida me ha quitado”. Quiero abrir mis ojos sobre lo que me da ahora, hoy, a unas pocos semanas de Navidad. Quiero seguir consciente de lo que he perdido, jamás lo olvidaré, pero quiero también hacer la cuenta de lo que me queda, sobre todo de todo lo que me queda por dar y de todo lo que puedo añadir en el futuro. Más me vale planear como invertir ahora lo que me queda para hacerlo crecer de nuevo que seguir descalificando mi vida por lo que he perdido.
Entonces, cómo quisiera vivir estas Navidades?
¿Me agacho, recojo lo que queda y reconstruyo cueste lo que cueste?
¿Sigo de pie maldiciendo al huracán?
¿Sigo doblada en dos, sin fuerzas, con la estocada recién sangrando para siempre?
Hace algún tiempo comprendí que tengo capacidad para dar el sentido que yo decida dar no solo a la Navidad sino al resto de mi vida.
La Navidad con sus recuerdos de inocente infancia o alegre juventud envueltos en chocolate y turrón ya no tiene poder sobre mí.
Yo soy quién decido ahora como quiero vivir la Navidad.
Hoy, a unas semanas vistas de la Navidad, no se cómo la celebraré todavía pero sé que será diferente de cualquier año anterior. Seré fiel a mis amados y los amaré pero no dejaré que la nostalgía y la tristeza que invaden mi corazón sean los amos porque he decidido cómo quiero vivir esta Navidad: ¡feliz!
Si tú también quieres, ¡Feliz Navidad!
La sal de la vida. ROSARIO CUBAS LEÓN, Psicóloga.
rosariocubasleon@gmail.com
El contenido de este artículo me surgió cocinando…pero no les voy a proporcionar una receta elaborada,… ni fácil tampoco. Si acaso, una orientación para la vida.
Hace tiempo, -ni puedo ni quiero pensar cuándo-, la sal con que preparaba los platos era mayor. Paulatinamente el nivel de sal que empleaba fue disminuyendo. Sinceramente no puedo decir que la comida me pareciera cada vez más sosa. En efecto, el descenso en el nivel de sal fue tan progresivo que ni mis papilas gustativas ni mi cerebro parecieron detectarlo. Sólo cuando delante de mí se presenta un plato con un nivel algo superior en sal, es que percibo el cambio que he sido capaz de experimentar en mi hábito culinario.
Y todo esto lo cuento por una conversación que, luego de hacer esta reflexión, mantuve con una conocida de la zona donde vivo. La persona en cuestión me comentaba que en unos meses su contrato terminaría, pues se encontraba en un puesto como sustituta y el dueño de la plaza que ella ocupaba se incorporaba tras años de estar desplazado. Y apuntaba al respecto sus preocupaciones y dificultades anticipadas acerca de regresar a su isla de procedencia, toda vez que lleva años que se marchó de ella por motivos de trabajo. Me comentaba que el regreso se le hacía duro, pues suponía pasar de vivir sola, haciendo su vida sin dar cuenta a nadie, a volver a convivir con su padre, con quien aunque la relación es muy buena, supone un regreso al pasado y dejar un poco de lado la independencia que se había forjado.
Hasta aquí su exposición, llena de temores y rechazo a una realidad que no quiere ver venir. Fue en este punto, en que le expliqué cómo uno puede emplear la sal en la comida, en mayor o menor cantidad. Y que si queremos introducir un cambio en el gusto de los alimentos que preparamos, mejor hacerlo progresivamente… para que nuestro paladar apenas lo note. Ella estaba de acuerdo conmigo con que algo similar le había sucedido con el azúcar, señalando algunas bebidas que había dejado de endulzar por eso de “cuidarse”. Posteriormente retomé su visión de futuro y de regreso a su antiguo hogar por el inminente término de su contrato, para hacerle ver cómo posiblemente ella hace años, cuando aceptó el destino en la isla en la que está trabajando desde entonces, pensaba que no se adaptaría. Pasaba de las comodidades y la amplitud del centro de Santa Cruz de Tenerife, a vivir en la pequeña capital de La Gomera. Para ella, fue como dejar de tomar azúcar de repente. Fue poco a poco, tal y como se fue haciendo a la vida en el nuevo lugar, como si hubiera ido retirando poco a poco el azúcar. Ironías de la vida, ahora tendría que hacer el proceso inverso: regresar a sus orígenes. Quizá no tenía más que llevar a cabo lo mismo que en el pasado: ir modificando la cantidad de azúcar progresivamente, y no de golpe, como ella misma pensaba que sería cuando visualizaba su futuro lleno de problemas.
En muchas ocasiones nos enfrentamos a una vida con resistencias porque creemos que tendremos que dar saltos grandes, cambios radicales. El anclarnos en lo difícil del momento sólo prolonga el malestar e impide la adaptación. Resulta más efectivo en la mayor parte de los casos asegurarnos de emprender cambios en progresión constante. Así los vamos asimilando mejor. En relación a esto, un factor clave será siempre nuestra paciencia: conforme más pacientes y relajados nos mostremos ante lo que nos queda por venir, cuanta menos ansiedad por conseguir la meta o el resultado, más próximos se nos mostrará. Y por otro lado, el recordar que nada tiene que ser para siempre. Así como la sal de mis platos ha variado, ninguna decisión tiene que durar más que el tiempo que queramos. Puede costar realizar los cambios, pero siempre que nos lo propongamos, podremos llevarlos a cabo.
Cuando la realición no marcha bien. ZOIMER QUINTERO, Coach personal.
zoimerquintero@gmail.com
Querido lector, en la edición pasada hablamos del amor y el enamoramiento, hoy hablaremos sobre las relaciones y sus altibajos. Comienzo aclarando que me referiré como pareja a la relación de dos seres que han decidido ir juntos por el camino de la vida para siempre a través del matrimonio o el concubinato, independientemente del sexo, color, raza o credo que tengan.
Cuando iniciamos una relación todo parece de cuento de hadas, nos enamoramos y creemos que seremos felices para siempre, solo que olvidamos que hasta los cuentos de hadas tienen momentos malos, situaciones desagradables, fracasos, errores, etc…. Y también hay ogros, brujas, malvados y villanos, los cuales en la realidad a veces existen disfrazados amigos, hermanos o cuñados, familiares, compañeros de trabajos y hasta nosotros mismos que, a veces, asumimos esos roles.
La realidad comienza y con ella los tropiezos, el matrimonio no es fácil, pero quien dijo que tenia que serlo, si las mejores cosas de la vida se consiguen con las constancia y el esfuerzo, no con el camino fácil. Pienso que a cada pareja que se va a casar debería advertírsele, si es que quieren escuchar claro está, que deben poner lo mejor de ambos, aceptarse y tener mucha tolerancia, a veces lo dice el sacerdote pero ni todos se casan por la iglesia ni todos escuchan lo que están diciendo en ese momento por lo emocionados que están.
Hay parejas que ante las primeras de cambio se separan, se pelean, se divorcian o se odian. Si el matrimonio no es una relación solida que perdona casi todo, entonces ¿cuál lo es? Sólo nos quedan nuestros padres como los únicos seres en el mundo que nos amaran y perdonaran por encima de todas nuestras faltas y errores.
No sé ustedes, pero yo espero más del mundo y de la humanidad, espero que las parejas comprendan que pueden e incluso deben en algún momento tener diferencias de opiniones, espero que se perdonen cuando se equivoquen y comentan errores porque en el matrimonio se aprende juntos de las experiencias. Espero que se apoyen mutuamente cuando más lo necesiten, cuando pierdan el empleo, cuando muera un ser querido, cuando un error les cueste bien caro, cuando padezca una enfermedad, cuando pierda las esperanzas, cuando quiebre el negocio, cuando fracasen o cuando nada parezca tener sentido.
Nadie desea que sucedan estas cosas, pero todos esperamos que si algo así sucede, tengamos a nuestro lado alguien en quien apoyarnos.
No imagino que el mundo fuese un lugar feliz y agradable si todas las parejas se separaran antes cosas como:
- Es que no me entiende,
- No me satisface
- No crece conmigo
- Es como vivir sola (o)
- Para estar mal acompañada(o) mejor sola (o)
- Es un trasto
- No me da lo que yo necesito como mujer o como hombre.
- No podemos comunicarnos.
- No me comprende
- Es que no es como yo pensaba que era
- No quiere cambiar
- Quiere que cambie y yo soy así, con mis virtudes y defectos.
Señores y señoras, por favor, alguien que le diga a esas parejas que hay que luchar, que no son los únicos, que todos tienen problemas en algún momento y de esos problemas se aprende y en la mayoría de los casos las parejas se fortalecen, hay que estar dispuestos a aprender, a ceder, a mejorar, a madurar, a crecer, a pedir, a hablar, a perdonar sinceramente, a comunicarnos y a buscar ayuda profesional cuando sea necesario.
Cuando una empresa está en problemas se intenta de todo antes de cerrar o declararse en quiebra, así mismo, nuestra principal empresa es nuestra familia y hay que dedicarle el tiempo y las energías necesarias para que se mantenga unida y feliz.
Hay que darse cuenta que el mundo no gira en torno nuestro y que ese ego engrandecido que dice “él o ella no es suficiente para mi” en realidad lo que dice es que tu estás haciendo lo suficiente por ti, no culpes a tu pareja de la infelicidad y de los sueños perdidos, madura, toma las riendas de tu vida, amate a ti mismo (a), baja ese ego y se feliz y deja que tu pareja que se ha comido contigo las verdes también se coma las maduras y tengas a alguien con quien compartir esa felicidad.
Así que mi querido lector me despido deseándote una hermosa, satisfactoria, feliz y sana relación de pareja.
Pd: Evidentemente, quedan excluidos de estos párrafos aquellos casos excepcionales de maltrato y violencia domestica así como las parejas con verdaderos motivos mayores para no seguir juntos.
¿Te sientes bien en tu piel? ANNA FREIJOMIL, Coach.
www.annafreijomil.com
info@annafreijomil.com
Los cambios externos son fruto de los cambios internos. Cuando internamente no te sientes bien contigo mismo, aunque lo intentes arreglar poniendo una sonrisa cuando por dentro en verdad estás triste, o bien cambiando de peinado, externamente se nota, no engañas a nadie, y mucho menos a ti mismo. Porque hay un dicho muy sabio, “El habito no hace al monje”. Llegado a este punto de no satisfacción con uno mismo ¿qué podemos hacer? Reflexionar porque nos sentimos así, revisar que tipo de pensamientos y sentimientos tenemos sobre nosotros mismos y sobre nuestra vida que nos disgustan y reaccionar para transformarlos en positivo. ¿Cómo? Empezando por nuestra actitud. En este sentido un proceso de Coaching te puede ayudar a observar y reconocer porque no te sientes bien contigo mismo, porque no te acabas de gustar o creer en ti, porque tienes miedos o inseguridades al relacionarte con los demás, y que puedes hacer para ser quien quieres ser.
A veces los cambios externos vienen motivados por otras circunstancias, tales como un cambio de trabajo (donde a lo mejor has de llevar traje o ir muy arreglada),puede ser motivado también por una separación de pareja (aquí la persona en un intento de deshacerse de lo que le unía al pasado, normalmente inicia una transformación en cuanto a la ropa, el color de pelo o la redecoración de su casa). Pero nada de esto cambia en profundidad el hecho de cómo te sientes por dentro, hace falta empezar de dentro hacia fuera, y no al revés. Porque si actuamos desde la rabia o el dolor, podemos tomar una decisión equivocada, por eso, antes de hacer cualquier cambio en nuestra vida, debemos serenarnos y preguntarnos que lo motiva.
Recientemente he pasado por uno de estos cambios profundos que quiero compartir con los lectores. He sido madre recientemente y ¡¡este es un gran cambio!! Hacía tiempo que me sentía diferente en mi propia piel, me sentía más atrevida, madura y con más seguridad a nivel personal y profesional. Me di cuenta, un día mirando mi armario, que la ropa que tenia dentro, no reflejaba como me sentía con mi nuevo yo. Necesitaba hacer algo y pronto, así que busqué asesoramiento profesional y contraté los servicios de una personal shopper, Mercé Miguel. Ella comprendió a la primera a que se debía mi deseo de renovar mi estilismo y respetando mi forma de ser y vivir, me aconsejó e iniciamos el proceso de transformación externa. Fuimos de compras (¡a lo pretty woman!) y a la peluquería, el resultado fue positivo, por fin sentía una coherencia entre mi yo interno y mi yo externo. Ahora sí que estaba convencida y de esta manera, los demás también notaron que me siento cómoda en mi piel. Mis clientes aplauden el cambio, no porque antes no me presentara correctamente, si no porque soy yo misma pero mejorada. En este sentido, os invito a que os preguntéis como os sentís en vuestra propia piel, si creéis que existe una coherencia entre como os sentís y como os perciben, así como si creéis que os haría falta revisar vuestro armario de pensamientos y sentimientos y ver si es mejor renovar algunos por otros mejores, que os hagan brillar con la luz propia que tenemos cada uno de nosotros. Esa luz que enamora y que se ve en los ojos de los que andan por la vida felices, valientes, con una buena autoestima y seguros de sí mismos.