Un acto de "valentía". DAVID HERNÁNDEZ, economista, psicólogo, coach, director de formación de International Coaching School y director de You Coach!
david@iesec-human.com
Decidí la temática de este artículo hace algunas noches. Pese a tener varias ideas en mente una brillaba muchísimo más que las demás. Comencé a hablar conmigo mismo. Puede ser una buena idea, ¡me gusta!, ¿Qué tal compartir con tres mil personas mi deseo de desafiar una creencia que tengo? ¡Estupendo!, un caso práctico, ¡genial!. Vale, ya está decidido, en el artículo hablarás sobre alguna creencia que quieras desafiar. Vale, ¿pero qué creencia exactamente?... Me vino a la cabeza una pero mi voz mundana enseguida saltó con sus alarmas: ¡Ni se te ocurra hablar sobre eso!. En un primer momento la voz mundana y yo forcejeamos. ¿Por qué no puedo hablar de esa creencia? Soy una persona libre y como tal tengo que comportarme libremente. No puedo aceptar limitaciones baratas y mucho menos autolimitaciones. Mi voz mundana gritó alocada: ¿Cómo vas a hablar de eso en la revista? ¿qué pensarán de ti? ¿ y tú eres el director? ¡Qué vergüenza! Al final entendí que la voz mundana estaba al servicio de la creencia limitante, así que decidí jugármela. Formulé la creencia : Una revista “seria” y rigurosa que se precie ( y You, Coach! pretende serlo…), no puede hablar de los reality shows y ¡mucho menos de Belén Esteban!.
Esta creencia la entendí limitante por dos razones: en primer lugar me crea cierto rechazo emocional, me recuerda a las personas “eruditas”, de poses de intelectual que en absoluto van conmigo (para quienes no lo sepan les informo de que estudié en un colegio público, a mucha honra sí, pero muy muy muy público). No, yo no quiero aparentar de “erudito”, yo quiero ser como el Rey, “campechano”. No quiero ser como esas personas que dicen: “Yo no veo ese tipo de programas” y después se saben de memoria la vida de los famosos.
En primer lugar el protocolo marca que para cambiar la creencia hay que hacer un chequeo ecológico: ¿Este cambio de creencias puede dañar algún otro aspecto de mi vida o a alguien de mi entorno? Bueno, lo único es que podamos perder si acaso cien lectores porque consideren que la revista deja de ser seria, pero es que si realmente los perdemos se trataba de personas eruditas, ¿no? Tampoco son el perfil ideal para la revista ¿no?.
Vale pues si has descubierto cambiar la creencia es ecológico , ¿a qué esperas?
Es perfectamente compatible hablar de reality shows o “programas basura” en una revista como la nuestra. La línea editorial de esta revista rechaza las verdades absolutas por principio, nada es malo o bueno por sí mismo, la verdad es subjetiva no objetiva y está en los ojos del que mira.
Claro que se puede hablar de Belén Esteban, sobre todo para ilustrar el ejemplo del daño que nos hace vivir eternamente en el pasado. Podríamos decir que Belén es el antiejemplo de lo que propone Eckhart Tolle (El poder del Ahora) o Mihaly Csikszentmihalyi (Fluir). Este último autor revela el concepto de “flujo”, como aquella situación en la que estamos totalmente entregados al disfrute de nuestra experiencia presente, mientras que Tolle nos habla sobre la capacidad para centrarnos en el momento presente, en el aquí y en el ahora. Sin embargo, Belén claramente desafía estas ideas y vive centrada en el “allí” (la finca Ambiciones) y el “entonces” (hace nueve años). También es un claro ejemplo de cómo las relaciones presentes (ha sufrido recientemente ptura sentimental) pueden verse afectadas por tener su cabeza permanentemente en recuerdos del pasado.
También podríamos hablar de “El diario” (anteriormente “El diario de Patricia”) para ilustrar casos “mágicos” de transformación personal. Sorprende la facilidad con la que se pronuncia la expresión “Yo cambio”. Creo que quienes pasan por el programa subestiman la dificultad que generalmente el cambio entraña. Ella lleva a su novio engañado al programa y en directo le dice tienes que dejar de ser celoso. Él, asustado por la amenaza va y pronuncia la frase del millón “Yo cambio”. Si fuera tan fácil los que nos dedicamos al coaching deberíamos dedicarnos a la venta de enciclopedias, a vender seguros o a preparar una oposición a funcionario del Estado. Nuestro trabajo no serviría para nada. ¿Padeces de celos enfermizos? ¿quieres aceptar que tu novia tenga amigos y eso no implica que te quiera menos? Pronuncia las dos palabras conmigo: “Yo cambio” y ya está ¡asunto resuelto! No cuestiones tus creencias ni reflexiones sobre tus comportamientos, no, ¡nada de eso hace falta según este programa! Solo di las dos palabras y tu problema se resuelve.
¿Me atreveré a hablar también de “Gran Hermano”?.¡Sí, por supuesto! ¡ De perdidos al río! Claro que se puede “aprovechar” algo del programa. Sobre todo porque ilustra conceptos de la teoría de grupos: de la necesidad y la tendencia a unirse a otras personas.
En todas las ediciones se crean básicamente dos grupos de personas y ello les lleva a hablar de “nosotros” en oposición a “ellos” y así se produce el rechazo a cualquier miembro del otro grupo por el mero hecho de serlo, se crea la falsa dicotomía de “malos” y “buenos”. Nosotros somos los “buenos”, ellos los “malos”, los que actúan para la cámara, los estrategas y los manipuladores. Aquí también encontramos una frase que se repite mucho, prácticamente todos la pronuncian “Yo soy una persona que va con por delante y digo las cosas a la cara”.
¡Ufff!, he podido hablar de este tema, he desafiado mi creencia y no ha pasado aparentemente nada. Me acostaré esta noche un poco más liberado. Bueno, sí, sí ha pasado algo… Puede que haya perdido a los cien lectores que comente antes, cien lectores eruditos y rígidos mentalmente que no entienden como una revista “seria” pueda tratar ciertos temas. Tal vez algún día me anime a “recuperarlos”: un día de me levanto armado de valor y les escribo sobre Shakespeare (o mejor dicho, Séspir, porque como recordarán soy de colegio público)
Viajar por la vida
CARMEN CHÁVEZ, colaboradora de You Coach!
carmenchavezy@yahoo.es
He disfrutado de unas vacaciones en Finlandia. Tuve la oportunidad de conversar con personas de diferentes nacionalidades residentes en Helsinki. Observé que la necesidad de seguridad, acarrea cumplir con el protocolo de vida socialmente aceptado, de la misma forma que en España, parece un conflicto estandarizado a los distintos niveles de renta y cultura.
Viajamos con equipaje de mano, una maleta individual fue la máxima pertenencia que nos acompañó por los diferentes lugares de nuestro recorrido. Es una sensación indescriptible experimentar la autonomía proporcionada por el humilde manejo del inglés, sumado al disfrute de la libertad de traslado en coche por lugares desconocidos sin destino fijo, ni carga material. He pensado en la posibilidad de vivir con esa sensación de continuo viaje por la vida.
Diez días de vida nómada han sido suficientes para provocar mejoras en nuestra vida. Ahora sentimos el peso de la posesión de las cosas… una vivienda demasiado grande; exceso de ropa, calzado y complementos; libros, cd de música, películas… nos estorban las imágenes del pasado, abultan las experiencias de vida que ya no están. Desatar el peso es ideal para sentir mayores cuotas de libertad. Ahora sabemos que para volar alto hay que soltar la totalidad del equipaje físico y emocional.

El sueño de Maya. MIGUEL A. LEÓN. Director de formación de Creasistema, trainer y coach PNL.
miguel@creasistema.com

Cuando vemos y escuchamos diariamente en los medios las diferentes noticias acerca de la actualidad, podemos entender la máxima de la sabiduría oriental de que el mundo es una ilusión soñada por el ser humano.
“El Sueño de Maya,” como habitualmente denomina la ancestral espiritualidad hindú a ese estado de la mente en que nuestra conciencia se suele perder nos da idea de lo incomprensible, sin sentido e insufrible de los actos de muchas personas de los que los mismos políticos que conducen nuestro destino son incapaces de librarse.
Esa actitud reactiva continuada como si la “eternidad” nos fuera en ella, y ese continuo huir a “capa y espada” de una perdida sin identificar, a la búsqueda de un “vellocino de oro” cada vez más inalcanzable satisfactoriamente, hace de nuestra existencia una búsqueda impotente de una felicidad cada vez más escurridiza.
Atrapados en las redes y forma de actuar de ese ego ensoñador, perdemos la noción de nuestro Centro y Ser más profundo, convirtiéndonos en luchadores reactivos donde todos son enemigos a batir, y sujetos bajo sospecha de los que debo protegerme.
No percibimos cómo nuestros sistemas de creencias, la forma en que pensamos habitualmente, nos dominan totalmente sumergiéndonos en “la caja” del eterno sueño imposible de realizar, tras la obtención del máximo poder y dominio sobre el otro. Todo ello fundamentado en las presuposiciones de que la mala intención y la culpa de nuestros males, recae siempre sobre los demás, en un “lanzar balones fuera” sin cesar como si nos fuera la vida en ello. Vivimos en una eterna defensa y no nos fiamos ni de nosotros mismos dado que, si nos identificamos con la mediocridad de ese “yo” pequeño reactivo que creemos ser, cómo vamos a confiar en los aún menos de fiar pequeños “yoes”de los demás y sus estratagemas.
Cuando nos identificamos con Alguien más allá de ese limitado yo con minúscula que suele actuar, accedemos a la fuente de otro poder renovado. Todos nos hemos percibido en esos momentos de cordura, cuando nuestros sentimientos y actos parecen proceder de un espacio diferente al acostumbrado pareciendo reflejar, además de una actitud mucho más sabia y ecológica, unos efectos sistémicos más beneficiosos para todos, yo y los otros, el mundo y mi parcela personal.
Acceder al Centro y a ese Yo Mayor con mayores recursos y genuina energía que la habitual de acritud, es un don al que todos y cada uno de nosotros tiene derecho por el simple hecho de haber nacido como humano. Desde esos “listos” especuladores, ambiciosos y ladrones, posibles secuestradores, pasando por políticos o simples conformistas, todos poseemos esa Esencia desde donde percibir, pensar y actuar, con una mayor transparencia y fiabilidad en este mundo, saliendo del ensueño común, en el que como seres humanos parece que estamos destinados a caer una y otra vez, olvidando nuestra naturaleza más divina.
Un olvido que estamos pagando con grandes cifras y con el que podremos destruir a través de un calentamiento global y local cada vez más dañino, el único mundo y cuerpo que en estos momentos tenemos.
Aprovechar esta oportunidad vital que nuestra naturaleza como seres humanos nos ofrece, como vía para la expresión de nuestro verdadero Yo y Potencial, supone un cambio de pensamiento y paradigma necesario, trascendental para solucionar los conflictos que como personas, parejas, padres, directivos, empresarios y políticos nos afectan en relación a nuestra vida personal, amorosa, con nuestros hijos, colaboradores, empleados y ciudadanos.
Lo que el Coaching de Programación Neuro-Lingúística propugna como vía de desarrollo personal, profesional y organizativo, es utilizar nuestra habilidad para estar sumamente presentes y expandir nuestra conciencia para darnos cuenta de que somos mucho más de lo que creemos ser, ir más allá de los conflictos producidos por nuestra concepción dual de la existencia yendo más allá de los opuestos, y acceder al centro donde no existe conflicto o dualidad que nos exima de la paz y cordura que en ese espacio siempre podemos encontrar.
A través del modelado,o captar la esencia de lo que funciona, de ese proceso pragmático que es la PNL, ahora podemos simplificar y hacer nuestro el aparentemente inalcanzable poder de esos sabios orientales que solo nos mostraban lo que todos, por el simple hecho de ser humanos, podemos expresar.
La presuposición de la PNL de que “si alguien puede hacerlo, ¿por qué nosotros no?, nos proporciona, además de la convicción de que es posible, el camino para lograrlo.
A través de una secuencia de ejercicios y presuposiciones, “La Magia del Zen de PNL” nos habilita con unos puntos de apoyo para acercarnos cada vez más a esas latitudes internas, donde el limitado deambular del pensamiento habitual se desintegra, con la pura Observación de ese Yo que percibe y actúa más allá de la polaridad.
Durante un fin de semana, este curso significará en las vidas de sus participantes, un punto de inflexión del que saltar a otros ámbitos perceptivos más intuitivos, desde donde adoptar una actitud más liberadora y eficiente en pos de su destino vital y la expresión de su pleno potencial como personas, profesionales y miembros partícipes de organizaciones que desean despertar y marcar una diferencia en la conciencia colectiva de las gentes.
El último rey de Escocia. ALEJANDRO MORONTA, Certificado como Ingeniero de Calidad y auditor Líder de ISO 2001
alexmoronta@yahoo.com
Idi Amín Dadá fue dictador de Uganda desde 1971 hasta 1979. En el año 2006 se estrenó la película “El Último Rey de Escocia”, que trata sobre la vida de Idi Amín y que está basada en una novela de ficción del mismo nombre. Durante la cinta ocurre el siguiente diálogo entre Idi Amín (Forrest Whitaker) y Nicholas Garrigan (James McAvoy):
Idi Amín: Quiero que me digas lo que debo hacer.
Nicholas Garrigan: ¿Quieres que YO te diga lo que TÚ debes hacer?
Idi Amín: Sí, tú eres mi asesor. Tú eres la única persona en quien yo puedo confiar. Para empezar, tú debiste decirme que no expulsara a los asiáticos.
Nicholas Garrigan: ¡YO LO HICE!
Idi Amín: ¡Pero tú no me persuadiste, Nicholas, tú no me persuadiste!
De aquí se desprenden 3 cosas:
1-A quién hay que decirle todo lo que va a hacer
2-La falta de confianza en los demás
3-Quien no asume la responsabilidad de sus actos. Además de que le advirtieron, ¡a Idi Amín había que persuadirlo!
¿En qué se relaciona esto con el Coaching? Partiendo del primer punto, muchas personas no asumen la conducción de su vida y quieren que los demás sean quienes les aconsejen o asesoren en las decisiones que deben tomar. Es más cómodo así. Sin embargo, no hay plenitud, pues no se hace lo que uno desea, sino lo que lo que otro piensa que se debe hacer. El coaching ayuda a que las personas encuentren su norte, que asuman la dirección hacia dónde quieren ir y moverles a la acción para lograr su propósito.
No confiar en los demás refleja una serie de aspectos de las relaciones con los demás que merecen atención. Así, cabe mencionar, entre otras cosas, baja autoestima, atrofia emocional, incapacidad de interactuar y profundizar sentimientos con los demás. Aunque la película relata una historia de las redes del poder, esto se aplica a todo tipo de relaciones. Los seres humanos somos seres gregarios, sociales y la confianza es algo de dos vías, tanto confiamos como confían los demás en cada uno de nosotros. Si alguien no confía en los demás, ¿qué tanto los demás pueden confiar en esa persona?
Las personas que se asemejan al personaje principal de la película no solamente quieren que se les digan lo que hay que hacer, sino que también hay que persuadirlas. Llevado al extremo en la ficción de la vida de Idi Amín, esta posición refleja desconocimiento sumo del propósito de la existencia, es ser manejado, dirigido y manipulado por los demás. Es no asumir responsabilidades. ¿Cuáles son los deseos verdaderos de una persona que obre así? ¿Quién tiene el control? ¿Cómo puede alguien canalizar sus aspiraciones y deseos si los demás hasta tienen que usar el convencimiento para que haga lo que entienden que le conviene? De la pregunta anterior, ¿y si lo persuaden de algo que le conviene a un manipulador, y no a quien hay que decirle las cosas? ¿Cómo logra alguien realizarse de ese modo?
El timón de la vida lo posee cada cual. Sus decisiones y sus actitudes son las que marcarán su destino. Se toma consciencia de lo que se quiere, se identifican las opciones y recursos y se toman las acciones que se entiendan son apropiadas. Las riendas se tienen en las manos.

El camino del tiro con arco. JAVIER MALAGÓN. Profesor asociado de la Universidad Complutense de Madrid. Consultor en Comunicación, Mediación y Coaching. Coordinador de redes sociales de colaboración. Diplomado universitario en el Hecho Religioso por la Universidad de Alcalá, especialista en budismo Zen.
fjmlagon@gmail.com
Paulo Coelho ha publicado recientemente El camino del arco, obra que se puede descargar gratuitamente en varios idiomas y formatos digitales desde su página web (www.paulocoelho.com). El autor se sirve de la metáfora del tiro con arco para profundizar en ideas como el esfuerzo, la constancia y la capacidad de asumir riesgos, entre otras. El lector encontrará en este documento resonancias de la espiritualidad Zen y, en particular, de una de sus manifestaciones, el Kyudô (en japonés, “vía del arco” o “arte de la arquería”). De hecho, en el capítulo de agradecimientos, Coelho remite a un clásico en este tema, El zen en el arte del tiro con arco, de Eugen Harrigel (Ed. Pensamiento). Para obtener una perspectiva cultural más amplia, me permito sugerir, además, la lectura de dos textos publicados en un mismo librito por el editor José Luis Olañeta, en 2007, El arte del tiro con arco, de Joseph Epes Brown y El simbolismo del tiro con arco, de Ananda K. Coomaraswamy. Además, recomiendo una sencilla búsqueda de la palabra Kyudo en Youtube, para así acceder a una amplia colección de vídeos que muestran en qué consiste este dô, o camino compenetrado por el espíritu del Zen.
Los profesionales del Coaching podemos encontrar muchas ideas sugerentes en estas referencias. La imagen de una flecha clavada en el centro de una diana es una metáfora visual muy utilizada en nuestra cultura para significar el logro de un objetivo. Menos común es que esa idea esté representada por una imagen más amplia que abarque también al arquero y todo el proceso de su disparo. Si la hubiere, culturalmente estamos condicionados para interpretar que el objetivo que éste se propone es clavar la flecha en el centro de la diana, o lo más cerca posible. Para la mentalidad occidental el tiro con arco es un deporte y por ello se entiende que el hecho de disparar está, principalmente, en función del hecho de acertar, para lo cual es necesario el hecho de entrenarse y practicar, normalmente en un contexto de competición.
Sin embargo, el Kyudô ofrece una perspectiva diferente al tiro con arco. El Kyudô no es un deporte, es una vía físico-espiritual (en japonés, dô, procedente del chino, tao) para alcanzar un estado de conciencia sin dualidad. Desde luego, como otras artes marciales, en su origen tiene una función muy práctica: clavar las flechas de la forma más certera posible en el cuerpo del enemigo, pero a través de un estado interior que no sólo favorece la puntería, sino también la serenidad y el desarrollo espiritual del arquero. EL Budismo Zen, introducido por los monjes Eisai y Dôgen en el contexto medieval japonés (s. XII-XIV, periodo Kamakura), ofreció a los samurais un marco filosófico y unas prácticas meditativas y rituales en las que situar, dar sentido y mejorar el entrenamiento militar y el ejercicio de la guerra, como vías de perfección espiritual en el camino de la Iluminación. Actualmente, el Kyudô, depurado de utilidades bélicas, es una práctica meditativa en la que se cultiva la concentración y la experiencia de unidad con la realidad esencial, a la que la filosofía budista se refiere como Vacío o Vacuidad (en sánscrito sunyata, en chino k´ung, en japonés ku).
Intentemos visualizar una estampa típica del Kyudô: El arquero, vestido con su kimono blanco y negro saluda inclinándose reverencialmente, con movimientos lentos separa sus piernas, coge la flecha, la sitúa en el arco, lo eleva por encima de su cabeza y al descender lo abre, situando el proyectil a la altura de su rostro, mantiene la posición unos segundos y dispara, el arco gira sobre su mano, junta las piernas y vuelve a saludar antes de retirarse o reiniciar el proceso. La puntería de los arqueros japoneses era proverbial, pero en esta escena no parece demasiado importante si la flecha ha acertado o no en el centro de la diana. Se da por supuesto que si la técnica es buena, la práctica es constante, la concentración es la adecuada y, sobre todo, si se consigue dominar la mente, la puntería irá mejorando progresivamente ¿El objetivo es sólo dar en el centro de la diana? Más bien existe un objetivo superior, espiritual: alcanzar el estado iluminado, la experiencia profunda de la realidad esencial más allá de toda apariencia, superando toda dualidad. En función de este propósito se practica el tiro con arco, como se podría practicar el arreglo floral (ikebana o caddo), la ceremonia del té (chadô), el camino de la espada (kendô), la defensa personal (judô) o cualquier otra vía inspirada en el Zen. Después, podríamos decir que cada movimiento, cada gesto es un objetivo en sí mismo, puesta la actitud en experimentar a fondo el instante, pero sin apegarse a él, de forma fluida, radicalmente transitoria e impermanente. Llega un momento en que Todo es Uno y Uno es Todo, entonces deja de tener sentido hablar de objetivos, de movimientos, de instantes…
El Coaching es una práctica profesional según la cual un especialista ayuda a otras personas a alcanzar determinados objetivos que éstas se han propuesto. Quizás podríamos aprender del Kyudô a situar el objetivo más importante por encima de algo tan banal –por difícil que sea- como acertar en el centro de la diana. Lo que nuestros clientes se juegan es algo mucho mejor y más valioso, como es la conciencia que tienen de sí mismos en relación con el mundo que les rodea y la posibilidad de lograr un estado de paz y armonía en un entorno cambiante, repleto de riesgos e incertidumbres, un estado que no excluye ni elimina la posibilidad de una vida proactiva, compasiva y transformadora, más bien al contrario, porque podemos ayudarles a situar su propósito más allá de toda vanidad ilusoria, de todo apego a un mundo de apariencias. También podríamos aprender que el objetivo no está sólo al final de un proceso, sino que a cada etapa, a cada instante y a cada movimiento le podemos atribuir su propio objetivo, que todo está relacionado y unas cosas dependen de otras, razón por la cual todo lo que hagamos tiene importancia. Además, podemos aprender el valor del ensayo y del error, del entrenamiento, de la práctica constante y del perfeccionamiento progresivo –que no del perfeccionismo, que es el nada recomendable apego a la perfección como único o principal objetivo- en el uso de las técnicas necesarias para cada proyecto. Pero, por encima de todo esto, podemos aprender del Kyudô a trabajar con la mente en calma, con humildad, serenidad y paz interior, experimentando la unidad esencial de la Realidad.
Sembrar para cosechar:Sobre las vacaciones y el regreso al trabajo. ROSARIO CUBAS LEÓN, Psicóloga.
rosariocubasleon@gmail.com
No seré yo la primera que señale la dificultad con que muchos de nosotros nos incorporamos a nuestros puestos de trabajo una vez concluyen las tan ansiadas vacaciones. Atrás quedan los días de sol y playa, de monte o ciudad sin prisas, los encuentros con amigos, las salidas nocturnas o la dedicación más afanosa a hobbies que casi teníamos olvidados. Y por lo general, es cuando más a gusto estamos que, un nuevo cambio, el retorno a la vida de siempre, tiene lugar. Y con ello, lo que muchos experimentan casi de forma automática, y que se ha llegado a denominar “depresión postvacacional”: un cúmulo de síntomas que incluye un sentimiento de tristeza, falta de sueño y ansiedad, y que se produce ante la incorporación a una situación que no nos produce satisfacción. El organismo, que se había adaptado a un estado de comodidad, de horarios flexibles y llevaderos durante el periodo estival, ha de retornar al entorno habitualmente generador de estrés cuando terminan los días de descanso. Este cambio al estado inicial previo a las vacaciones causa rechazo y produce malestar, porque con él reaparecen las obligaciones. Surge por tanto la necesidad de adaptarnos de nuevo a otro cambio, el del regreso a la vida normal y corriente del resto del año: colegio, trabajo, hijos, atascos, objetivos laborales, llegar a fin de mes… El estado de calma relativa y de tregua a los problemas experimentado durante el verano finaliza, y da paso a los problemas, la realidad de las prisas y el estrés de siempre. Y en este caso también, a la insatisfacción o infelicidad por no poder seguir viviendo despreocupadamente.
Como siempre, hay excepciones que tienen nombre y apellido para este síndrome no patológico, y es que según parece, aquellos que desempeñan un trabajo que les realiza y satisface, tienen menos dificultad para incorporarse a su puesto o rutinas diarias. Pero, claro, hay otros que no cuentan con la misma fortuna.
Desde mi punto de vista, las personas solemos invertir mucha energía y pensamientos positivos e ilusionantes cuando preparamos o planificamos nuestras vacaciones. En cambio, nos olvidamos de que se trata de un breve espacio de tiempo si lo comparamos con el que dedicamos a trabajar a lo largo del año, y que como reducido que es, pasa relativamente rápido.Sí, las vacaciones terminan.
Por supuesto, el disfrute en este periodo de relajación y la desocupación de las actividades profesionales o cotidianas habituales, o la desconexión del ambiente de trabajo hacen que, incluso, la percepción de tiempo transcurrido en las vacaciones se acorte, y parezca de este modo, que se fueron en un abrir y cerrar de ojos.Por eso, considero que más práctico que adoptar una postura de negación de la realidad y de sufrir sumisamente porque la vida es injusta con nosotros y nos obliga a regresar al trabajo para poder sobrevivir, es dirigir nuestros esfuerzos en prepararnos ante la idea de volver a la normalidad de meses anteriores, para que el shock no sea inmediato al vernos en un entorno que no deseamos. Si realmente nuestra vida laboral no es como queremos, utilicemos nuestros pensamientos para buscar soluciones, más que para incrementar o crear de el recomenzar a trabajar o volver a la vida normal, otro problema que se sume a los que podamos tener. Pongamos ilusión, que nuestro esfuerzo no sea el continuo desear liberarnos de la pesada carga del trabajo, pese a que produzca cansancio, no se nos valore, sea una fuente importante de estrés en nuestra vida, etc. Incluyamos ideas de mejora, de cambio para un futuro próximo.
¿De qué nos sirve esperar a las próximas vacaciones para disfrutar de la vida si las próximas tardarán en llegar? ¿No resulta más beneficioso concentrarnos en hacer que la vuelta al trabajo sea más llevadera y en incorporar elementos de agrado en todos los momentos de nuestra vida? Nos preparamos e ilusionamos cuando planificamos las vacaciones, y quizá las disfrutamos porque justamente las ideamos con el deseo de que serán gratificantes (además de porque incluyen actividades que potencialmente lo serán). Quizá fallamos al olvidarnos de que tenemos que hacer lo mismo cuando se aproxima el final de este breve periodo sin estrés negativo. Sería conveniente anticiparnos en positivo al retorno a la vida real, programarnos para que no nos coja desprevenidos, sepamos cómo ayudarnos para que nos cueste poco, y este cambio sea menos molesto para cada uno de nosotros. En conclusión, si nos ha de doler, al menos que sea con la esperanza de que será lo menos posible, y todo, porque hemos puesto de nuestra parte para que así sea.