
El célebre juego, el Tetris, parece una metáfora perfecta para cierta actitud o cierto estilo de vida: la Vida Tetris.
Para quien no conozca el juego (¿¿cómo puede ser eso??), dicho juego consiste en tratar de ir apilando o mejor dicho “encajando”, piezas, que van cayendo aleatoriamente desde “arriba”, desde la parte alta de la pantalla. El jugador debe tener la pericia suficiente para girar esas piezas en el aire de modo que coincidan con los huecos que previamente han dejado otras piezas al caer al espacio que delimita la zona baja de la pantalla. Este es básicamente el cometido del juego. La “gracia” está en que cada vez es más difícil encajar todo. Los “trozos” cada vez caen más rápido, cada vez son mayores y los huecos libres en el suelo cada vez más complicados de cubrir.
Hasta ahí todo normal. Dependiendo de la mayor o menor destreza del participante puedes pasar más o menos etapas hasta que al final (¡siempre llega un final!), te salgas del juego con el célebre mensaje: GAME OVER.
Nada peligroso pasaría si se utilizase como un simple e inocente juego. El problema radica cuando adoptas un guión en tu vida que se asemeja al juego Tetris, es decir, cuando juegas al Tetris en la vida real.
La vida Tetris implica básicamente una forma de entender la vida, complicado y fuera de nuestro control.
Desde esta filosofía de vida, estamos aquí para “encajar” lo que nos venga desde “arriba” (llámese “cielo”, “destino” o “providencia”). El rol que nos toca desempeñar desde este punto de vista es “esperarlas a verlas venir”… (¡porque vendrá algo seguro..!). Y ojalá tengamos la suerte para poder torear el marrón que se nos avecina. Poco más podemos hacer desde esta concepción del mundo.
La vida Tetris implica levantarse cada día y pensar “¡a ver qué me sucede hoy!”, “a ver cómo llego al final del día”, “¡a ver que sorpresas me esperan hoy!”. Nada, absolutamente nada se debe a mi acción sobre el mundo. El mundo es el que actúa sobre mí y yo como veleta al viento me muevo en una u otra dirección, según convenga. Esta filosofía implica los siguientes aspectos
¿Es realmente “vida” la vida Tetris? ¿Merece ser vivida? Evidentemente, merecerá ser vivida si no tenemos otro paradigma mental, otra noción de juego más útil. La falta de opciones es la peor opción.
Meditemos si realmente controlamos la vida o es la vida la que nos controla a nosotros. ¿Hago las cosas porque forman parte de mi proyecto vital o simplemente me dejo llevar por la marea? ¿Acaso no ganaré en calidad de vida si reflexiono durante un momento la clase de vida que quiero y lo que tengo que hacer para alcanzarla? ¿Y si soy proactivo en vez de reactivo? La mejor forma de perpetuar un juego es seguir jugándolo. No esperes al cartel de GAME OVER. Sé proactivo y apaga la maquinita… La vida merece ser algo más que encajar marrones, que caen desde el cielo. Tal vez desconozcamos que tenemos más margen de acción. Y puede existir la vida Anti-Tetris: que las cosas las organice por mí mismo, con mi entusiasmo y mi ilusión, aquí “debajo”, y viviendo así, es posible sentirse como en el cielo.