Podemos definir la adaptación como el proceso por el cual un grupo o un individuo modifican sus patrones de comportamiento para ajustarse a las normas imperantes en el medio social en el que se mueve. Al adaptarse, un sujeto abandona hábitos o prácticas que formaban parte de su comportamiento, pero que están negativamente evaluadas en el ámbito al que desea integrarse, y eventualmente adquiere otros en consonancia con las expectativas que se tienen de su nuevo rol. La adaptación, en este sentido, es una forma de socialización secundaria, ya que opera tomando como base las habilidades sociales con las que el sujeto ya cuenta.
Como todos ya sabemos, el Coaching es una disciplina que nos sume en un proceso de cambio, sin embargo, habitualmente me encuentro con gente que acude a mí precisamente porque se ve sumida en un proceso de cambio que le ha sobrevenido repentinamente y necesita aprender a gestionarlo. Casos típicos podrían ser el fallecimiento de un familiar, una separación inesperada o un traslado de ciudad o de país por razones laborales. En este caso, no estamos preparados para afrontar un cambio que nos llega “de la noche a la mañana”. Aquí se exige la adopción rápida de nuevos cánones de comportamiento.
Algunas corrientes sociológicas, comprometidas con la noción de sociedad o postmaterialismo con la escala de postmaterialismo, sostienen que la capacidad de adaptación rápida es uno de los caracteres centrales del nuevo modelo social (Inglehart 1977), yo personalmente soy partidaria de estas corrientes, y un ejemplo claro de ello está en el mundo empresarial. Una empresa innovadora no es más que aquella que se adapta a los cambios rápidamente e incluso va por delante de ellos, eso es lo que otorga un gran éxito a una compañía, precisamente esa capacidad.
Un concepto que también considero que sería interesante comentar es el de Groupthink o Síndrome de Pensamiento Grupal. En situaciones de alta presión para la conformidad, el ajuste de las acciones individuales a lo que se estima anticipadamente que será el consenso del grupo lleva a la adopción de decisiones que individualmente cada miembro hubiera considerado inapropiadas. Afecta especialmente a las organizaciones de gran escala, sobre todo cuando no disponen de una estructura burocrática que defina metódicamente las responsabilidades; la reciente evolución de los modelos de gestión empresarial se ha mostrado particularmente sensible a él. En ocasiones es este tipo de pensamiento el que nos ofrece mayor resistencia al cambio en situaciones tan repentinas donde no sabemos cómo reaccionaría nuestro grupo.