
Recibir la noticia de la supresión de tu puesto de trabajo no suele ser una situación agradable. Puedes imaginarte la escena: El responsable de personal se acerca a mí con un dossier en la mano cuyo significado conozco y me invita a que le acompañe. Es un patrón que ya he visto en el pasado. Bloqueo el ordenador por inercia, aunque intuyo que a mi regreso mi cuenta de usuario ya estará restringida.
Es media mañana. "Mala elección del momento", me digo, ante miradas disimuladas que siguen mis pasos. Todo pasa rápido al principio. Entro en una sala. Pequeña, cerrada, gris. Me espera sentado el gerente. Nos miramos; se congela la escena.
Me siento. Mi corazón late fuerte, deprisa. Escucho. Quiero oír la decisión y acabar cuanto antes. Pero no. Me va a tocar soportar un discurso cargado de lo que para mí en este momento son justificaciones irrelevantes. En otra etapa de mi vida probablemente el estrés de la situación me hubiera hecho reaccionar...
Espera, ahora puedo elegir hacer otra cosa. Afortunadamente en las últimas semanas he estado trabajando intensamente en la gestión de mis estados internos. Ahora sé que llevando mi consciencia a lo que siento soy capaz de calibrar mi estado y buscar un estado más beneficioso para mí en esta situación.
Hago unas respiraciones profundas. Observo mi cuerpo. Escucho las palabras que me llegan de fuera. Pero sobretodo me escucho a mí. "Busca reproducir ese estado de bienestar que tú ya has sentido antes y que ahora te va a permitir ser la mejor versión de ti mismo en este momento preciso". Mi ritmo cardíaco se va calmando. La tensión se va diluyendo. Mi postura se acomoda a la silla. Empiezo a fluir en la escena.

«Busco un estado más beneficioso para mí en esta situación.»
Sigo escuchando, paciente. Mi mente se ha relajado y ahora está abierta. Entiendo que la dirección de la compañía ha tomado una decisión absolutamente respetable. Entiendo que el gerente está comunicando una noticia complicada en la mejor manera que sabe. Le doy el espacio que necesita para hacerlo. Ya no tengo prisa. Sonrío en mi corazón.
Respondo serenamente. He decidido que voy a dar el mejor cierre a esta etapa de mi carrera profesional. Sonrío en mi mente.
Agradezco la oportunidad de haber formado parte del proyecto. Me ofrezco a colaborar en el traspaso de conocimiento. El agradecimiento ahora es mutuo. El ofrecimiento de ayuda también lo es. Se ha suavizado la tensión emocional en la sala. Sonrío en mi cara.
Me dejan ir, les dejo ir. Sé que me voy libre. Voy a celebrarlo.