
En la vida diaria nos encontramos cada persona, con diferentes experiencias negativas que dejan un sabor amargo en nuestra boca. Algo con que no podemos o creemos no poder seguir aceptando porque choca con nuestras creencias, nuestros valores, nuestras costumbres.
Los valores así como las costumbres vienen desde muy antes que entraramos en uso de razón; del entorno que hemos vivido, los padres y profesores que hayamos tenido, pero así mismo cada uno lo asimila de diferente forma.
No podemos negar que los hechos existen allá afuera, sí existen, pero depende mucho de cómo usted los modela, de cómo usted los recepciona en su mente….. y eso hace su mundo infeliz ó equilibrado.
Hay un viejo refrán que dice “la vida será siempre de acuerdo al color del cristal de los lentes con que la mires”, lo que en otras palabras quiere decir: Tratar de ver los acontecimientos desde una óptica diferente.
Es normal que la persona reaccione lamentándose de los hechos y que empiece a sumergirse en pensamientos autodestructivos, pero eso no hace más que aumentar la desesperación y llevarla hacia una depresión. Convirtíendose en un círculo vicioso ya que la depresión se alimenta de pensamientos obsesivos, preocupaciones y pensamientos negativos. La otra actitud frecuente ante una experiencia dolorosa, es devolver el ataque con una explosión de ira, lo que tampoco ofrece una solución equilibrada para ninguna de las dos partes.
Se dice que el llanto, los ejercicios físicos, las distracciones ayudan a liberarse de las cargas emocionales temporalmente más no dan solución al nucleo de los hechos ocurridos.
Lo importante sería recapacitar, reconsiderar los hechos desde un punto de vista diferente, desde una perspectiva ó un ángulo positivo para si mismo ó un ángulo neutral. Cuando la persona es capaz de llegar a este punto del dominio de sus sentimientos adquiere las siguientes características: capacidad de motivarse a si mismo, perseverar a pesar de las posibles frustraciones, controlar sus impulsos, regular sus propios estados de ánimo, evitar que la angustia interfiera en sus facultades racionales.
Las personas que gobiernan adecuadamente sus sentimientos y del mismo modo saben interpretar y relacionarse efectivamente con los sentimientos de los demás, disfrutan de la vida, no solo en las relaciones íntimas con su pareja sino también en su desempeño laboral, el entorno de sus amistades y lo que les rodea.
Las personas que logran desarrollar estas habilidades emocionales son más eficaces, más satisfechas, capaces de dominar los hábitos mentales y ser más productivos. Por el contrario los que no pueden controlar su vida emocional, se pierden en constantes luchas internas que terminan arruinando su capacidad de trabajo y les impide pensar con claridad.
Cambiemos el color del cristal de nuestros lentes y veamos la vida del color que nos guste, siempre que no atente contra los derechos de vida y respeto a otros seres humanos.
Y recuerda que cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír.
Marianella Cabrejos es la autora del libro “Iris, secretos de una vida olvidada”