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Omar Fuentes


Omar Fuentes es co-fundador del modelo conocido como Neuro-Ingeniería del Comportamiento Humano®. Está certificado como Master Trainer of NLP with specialty in DHE por The Society of NLP™ y Richard Bandler. Durante más de 15 años se ha dedicado a la enseñanza y ha impartido seminarios y conferencias en diversos países de Latinoamérica. Escribió el libro "Lenguaje y Mente, Vol. I" y ha sido traductor al castellano de algunos libros de Richard Bandler. Además, es músico, trader de divisas y padre de familia.

Omar, ¿cómo podríamos definir las creencias? ¿Cómo las adquirimos?

Sucede una cosa curiosa cuando definimos el concepto “creencia” porque irreductiblemente develamos nuestras propias creencias al respecto. Al mismo tiempo, es un concepto cuya complejidad merece mucho más que lo que puedo decir en este espacio… sin embargo, ¡lo voy a intentar!

Para abrir un poco el apetito, diré que una creencia es una idea que no podemos percibir como realidad tangible, sino solamente podemos percibir su efecto en la misma.

Dicho de otro modo: no es posible evaluar con precisión a una creencia en términos de su veracidad; a lo que aspiramos es a evaluarla en términos de su utilidad o uso.

Con solamente esto en mente, propondré un ejemplo sencillo que se me ocurre a partir de tres hechos:

Hecho 1: Lionel Messi, jugador argentino de fútbol, ha ganado el Balón de Oro otorgado por la FIFA los últimos dos años.

Ante este hecho, verificable en la realidad, una persona A emite la siguiente idea:

“¡Lo ves! Messi es el mejor jugador del mundo… ¡Qué va! ¡De la historia!”

Hecho 2: Lionel Messi, jugador argentino de fútbol, ha marcado 1 gol en 8 partidos que ha jugado con su selección nacional en dos Copas del Mundo.

Ante este otro hecho, también verificable en la realidad, una persona B emite la siguiente idea:

“¡Lo ves! Messi nunca será el mejor jugador del mundo y mucho menos de la historia… ¡Que aprenda algo de Maradona!”

Hasta aquí podemos preguntar: ¿cuál de estos dos personajes tiene razón? ¿Cuál de las dos opiniones es verdadera? ¿Cuál de las dos representa una mejor evaluación de los hechos verificables relatados?

La respuesta que a mí me parece más factible es: ¡No es posible saberlo con certeza! ¡Son solamente ideas formadas a partir de hechos verificables!

Y aún hay más:

Hecho 3: En el siguiente partido, Messi anota 3 goles.

A partir de este hecho también verificable en la realidad, la persona A dice:

“¡Más claro ni el agua! ¡Tres goles! ¡Messi es sin duda el mejor jugador del mundo!”

La persona B añade:

“¿Solamente tres goles? Ante ese equipo de quinta, ¡Maradona habría clavado por lo menos 6 goles!”

Una creencia es, entonces, una construcción mental que inferimos a partir de la realidad que percibimos.

La palabra “mental” nos da una clave muy importante: esta inferencia está en nuestra cabeza, no en la realidad.

¿Podemos percibir que Messi es el mejor jugador del mundo, como opina la persona A? Estrictamente hablando, no. Lo que podemos percibir es la evidencia de esa creencia: ganó por segundo año consecutivo el Balón de Oro.

Por otro lado, ¿podemos percibir que Messi nunca será el mejor jugador del mundo? Estrictamente hablando, no. Lo que podemos percibir es la evidencia de esa creencia: ha anotado 1 gol en 8 partidos de Copa del Mundo.

Así, la segunda parte de esta definición podría ser ésta: utilizaremos dicha construcción mental para filtrar la nueva realidad.

Si la persona A ya construyó la creencia “Messi es el mejor jugador del mundo”, va a utilizar esa misma creencia para evaluar el hecho de que haya anotado 3 goles. En otras palabras, va a verificar su creencia en la realidad a partir del fragmento de la realidad que se presenta como una evidencia de lo que cree.

Si la persona B ya construyó la creencia “Messi nunca será el mejor jugador del mundo”, va a utilizar esa misma creencia para evaluar el hecho de que haya anotado 3 goles. En otras palabras, va a verificar su creencia en la realidad a partir del fragmento de la realidad que se presenta como una evidencia de lo que cree.

Entonces, ahora sí que suenen las trompetas porque con lo anterior es posible establecer una definición más formal y aún personal: para mí, una creencia es una abstracción de la realidad en la que asociamos un fragmento de nuestra experiencia con alguna clase de valor o criterio que utilizamos para filtrar o evaluar dicho pedazo de realidad. ¿Qué tal?

Las creencias cambian durante la vida de la persona de forma “espontánea”, sin nosotros proponérnoslo, ¿a qué es debido ese cambio “natural”?

Parece espontáneo ese proceso, en tanto que poco o nada sabemos de lo que tuvo que pasar para que ocurriera dicho cambio. Sin embargo, sí tiene que ocurrir algo no tan espontáneo para que el truco funcione y hasta parezca “natural”.
Dicho con muy pocas palabras, si asumimos que las creencias conforman un sistema, para que suceda un cambio en ese nivel se requiere de un desequilibrio suficiente para que ese sistema no pueda regresar a su estado habitual y tenga que reordenarse en un nuevo nivel.

Yo pienso que, aplicado a los sistemas humanos, ese nuevo equilibrio se llama “aprendizaje”.

La clave está en identificar justamente las condiciones específicas que generan semejante desequilibrio. Esto varía de persona a persona y suele estar muy bien delimitado contextualmente.

¿Existe alguna tipología o alguna clasificación de las creencias?

Hay muchas, de hecho, y estoy seguro que yo conozco solamente unas cuantas. Hay quienes las clasifican de acuerdo a su estructura lingüística, los que lo hacen a partir de su origen, los que las discriminan en función de su presumible grado de importancia…

Independientemente de la calidad o cantidad de estas taxonomías, me parece que son útiles específicamente para un contexto de enseñanza, pues fragmentan el conocimiento y lo hacen más accesible, pero no necesariamente lo son para elaborar un análisis del comportamiento humano.

¿De qué forma una creencia nos determina el comportamiento?

Desde mi punto de vista, las creencias constituyen un elemento fundamental de la estructura interna del comportamiento humano. Dicho con otras palabras, las creencias –junto a otras variables igualmente significativas– dan cabida a nuestras conductas; de hecho, muchas veces ésta es la razón por la que un cambio conductual no alcanza a establecerse completamente en una persona: no necesariamente es que la persona no sea hábil para llevar a cabo esa nueva conducta –que, por supuesto, también puede pasar– sino que simplemente no tiene las creencias que soporten la correcta y consistente ejecución de dicha conducta.

¿Cómo podemos distinguir qué es una creencia y qué es la realidad?

Responder este tipo de preguntas es arriesgado porque siempre está el peligro de caer en una discusión más bien filosófica. Por eso prefiero apegarme a lo que hasta aquí he expresado; de hecho, la respuesta a la primera pregunta que me hiciste trae implícita una solución: una creencia es necesariamente una abstracción de la realidad. Ésa es la pista más grande.

Y aún hacer esta distinción puede ser una tarea complicadísima para muchas personas y bajo ciertos contextos.
Es por eso que una parte muy importante de los seminarios que imparto cuyo tema es éste corresponde a la identificación de creencias. Hay varias claves que las diferencian y las que a mí me parecen más útiles y por mucho mis favoritas son las lingüísticas.

¿Cómo podemos identificar una creencia que se ha convertido en limitante?

Como dije hace un rato, yo prefiero evaluar a las creencias en términos de su utilidad. Por eso, creo que la forma más accesible para identificar las que no están siendo útiles es mediante los efectos que éstas tienen en el comportamiento. 

Una creencia, limitante o no, siempre tiene una traducción en la conducta.

Entonces, la primera ventana para detectar creencias poco útiles es precisamente la conducta: como había implicado en otra de mis respuestas, cuando una persona no puede desarrollar una nueva estrategia conductual o mantenerla en el tiempo consistentemente, cuando tiene dificultades para aprender y ejecutar un nuevo comportamiento, es probable que no tenga las creencias necesarias o suficientes para darle cabida a ello y, en su lugar, cuente con creencias que están estorbando este desarrollo. Ésa suele ser la primera clave.

En el mes de marzo, del 16 al 18 impartirás en Barcelona UN SEMINARIO ORGANIZADO POR Talent Institut LLAMADO “Cómo cambiar creencias y mantener el cambio”, ¿qué les aportará a los asistentes este curso?

Primero, quiero mostrarles que un cambio de creencias es necesariamente un proceso que tiene proporciones sistémicas; no es como cambiar una tuerca, como lo haríamos por ejemplo con un automóvil; esto ya comienza a ser una diferencia fundamental con muchos planteamientos que pretenden ofrecer herramientas para ello.

En segundo lugar, voy a enseñarles un modelo para explicar cómo constituimos estos sistemas de creencias y las estructuras de la plausibilidad... hago hincapié en la palabra "modelo" porque no es más que eso; su utilidad, por supuesto, radica en que esta explicación ya comienza a darnos un vistazo hacia el modo en el que es posible cambiar creencias.

Con esto, les voy a explicar cuál es la apretujada relación entre el lenguaje que utilizamos y nuestros procesos mentales, sobre todo en lo vinculado al modo en el que utilizamos nuestros sistemas de creencias. A partir de aquí, ahora sí, voy a poderles mostrar una buena cantidad de herramientas lingüísticas y argumentativas para identificar y utilizar las creencias de los demás, para promover un cambio y para calcular los resultados posibles.


Los hombres inteligentes quieren aprender, los demás enseñar.
Chejov
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