A nadie se le escapa que desde hace un tiempo a esta parte (quizá demasiado) nuestro mundo parece que se tambalea.
O esa es la impresión que nos da. Porque, en realidad, aunque tenemos la sensación de estar metidos en una habitación sin puertas de salida, lo que realmente podemos comprobar es que esa habitación sin puertas tiene infinidad de agujeros por los que mirar al exterior y poder empezar a abrir agujeros más grandes para salir.
Este status de tristeza que nos embarga ha provocado en nosotros una involución comunicativa que puede resultar perniciosa. Nos estamos acostumbrando d...