Hoy ha sido un día normal. Un día normal en todos los sentidos y no por ello le doy menos valor, al contrario. La noche anterior nada me alteró el sueño, ningún vecino vociferó, no se produjo ningún terremoto y los perros del vecindario mantuvieron un respetuoso silencio. Tuve un sueño verdaderamente reparador. Por la mañana, me desperté descansado y llegué a tiempo a la oficina. Encontré asiento en el tranvía nada más subirme. En el trabajo ningún sobresalto me hizo perder la calma, y pude hacer el almuerzo a la hora de siempre. Por la tarde, más de lo mismo: tranquilidad abso...